EL MUNDIAL Y LOS REGÍMENES ANTIPOPULARES

EL DEPORTE COMO HERRAMIENTA DE ENAJENACIÓN

POR NÉSTOR ANTONIO SULEIMAN [*]

En Junio comienza el Campeonato Mundial de Fútbol y al parecer la Situación Internacional, los conflictos latentes parecen entrar en las temáticas futboleras.

Estados Unidos uno de los países anfitriones de la Copa Mundialista podría poner restricciones al ingreso de determinados equipos de fútbol, habida cuenta que algunas nacionalidades tienen vedado el ingreso al País del Norte del Continente Americano.

Una alternativa sería cambiar el cronograma de encuentros en  los estadios de futbol, evitando que algunas delegaciones que representan a países en conflicto con EE.UU. jueguen en Los Ángeles. Sin embargo la FIFA se niega a cambiar las sedes de los encuentros deportivos. Hace unos días la membresía ejecutiva de esa federación aseguró que «tiene previsto que todos los equipos participantes compitan según el calendario de partidos anunciado el 6 de diciembre de 2025”, basándose en el reglamento que obliga a los países anfitriones a expedir los visados necesarios «sin tener en cuenta consideraciones o motivos políticos».

Infantino, máximo responsable de la FIFA, aseguró que  Irán participará en la Copa Mundial del 2026, ratificando que la República Islámica jugará en Estados Unidos.

Por su lado Irán presentó algunas condiciones a los representantes del comité organizador de la copa mundial de futbol, entre ellas visas para toda la delegación, incluidos jugadores que hicieron el servicio militar en la Guardia Revolucionaria. Además, exigen  que los integrantes de su delegación  no sean interrogados por migración al llegar a EE.UU. También solicitaron el respeto a sus símbolos nacionales (bandera e himno), todo tipo de seguridad para su plantel y que las ruedas de prensa solo sean técnicas, abocadas a la cuestión deportiva, prescindiendo de cualquier iniciativa periodística que introduzca la cuestión política. 

El gobierno iraní pidió reprogramar  los partidos del fixture, aquellos que por sorteo deben  jugarse en EE.UU., cambiarlos hacia otros estadios en Mèxico, mientras que la presidenta Claudia Sheinbaum afirmò que «en principio, no ve ningún inconveniente«, la FIFA rechazó esta petición.

Mientras se debate este tema vinculado al escenario de los partidos, lo que realmente trasciende es que cada 4 años el fútbol logra lo que ninguna normativa consigue: vaciar la calle y llenar los bares, juntar en los hogares a toda la familia en torno a la pantalla. Al parecer por un mes la política se apaga y la conversación pública se reduce a 90 minutos. Los regímenes antipopulares lo saben y usan el Mundial como sedante social.

El mecanismo parece simple. El régimen pone dinero, infraestructura y se asocia al evento. A cambio recibe legitimidad barata. Para afuera: fotos con jugadores, estadios llenos, el mensaje de “somos un país normal”, “somos derechos y humanos”. Para adentro: nacionalismo deportivo que tapa grietas sociales. Durante 30 días “somos todos uno”, y la identidad se reduce al desarrollo del equipo en el campo de juego, y en oportunidades aflora retorcidamente el “chauvinismo”.

Entra en escena  la alienación. No se trata solo de una distracción, el espectáculo comienza a reemplazar  transitoriamente  la percepción de las condiciones reales. El sujeto deja de verse como ciudadano y pasa a sentirse hincha, y por momentos “el futuro de la patria está en juego”. Mientras haya buenas jugadas y goles, la inflación pasa a segundo plano, la desocupación queda en el olvido y  la represión o la falta de libertades ya no pesan en la conciencia ciudadana. Como muestra a estas experiencias y vivencias ofrecemos el Mundial ’78, jornadas donde no faltaron los intentos de la dictadura por explotar ese campeonato, con la intención de mejorar la imagen en el plano internacional, al tiempo que en lo interno se pretendía generar un ambiente donde el espectáculo deportivo como mascara, tenía que cubrir las retorcidas acciones del estado terrorista.

El Régimen Castrense podía ganar tiempo, el futbol podía convertirse en una buena herramienta de campaña propagandística, pero a pesar de toda esa maquinaria donde el deporte pierde cualquier tipo de autonomía, el formato de “pan y circo” le pudo dar solo una vida efímera y transitoria a la cúpula militar represora, y en esas situaciones coyunturales la autoridad moral de las instituciones internacionales (en este caso FIFA) comenzaba a desfallecer, y en algunos casos la neutralidad o la inacción participaron como cómplices.   

 Es cierto que el fútbol doméstica, y puede actuar como un efecto anestésico direccionando un espectador que por momentos permanece pasivo. Sin embargo cuando la gente tiene en cuenta que el partido finaliza y la cuestionada realidad vuelve a emerger, es importante el recorrido entre la euforia y emociones descargadas en los 90 minutos y las crisis económicas, políticas y sociales, un cuadro de situación que puede terminar en una ruptura, ergo el futbol puede significar un tránsito desde la emoción colectiva, donde la bronca de la derrota o la victoria eufórica  puede canalizarse en acciones contra  el gobierno de turno portador de inoperancia, y con perfiles antipopulares o dictatoriales.

Para muchos regímenes el futbol puede representar un arma de doble filo. Se aprovecha propagandísticamente algunos éxitos o copas ganadas internacionalmente, pero tienen en claro que las tribunas llenas, los estadios colmados de aficionados pueden convertirse en un espacio que encienda algún tipo de insurrección popular.

[*] NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA N° 31 – JUNIO DE 2026

Deja un comentario