4 DE JULIO: 250 AÑOS DEL PROYECTO ESTADOUNIDENSE

PETER LAMELAS Y JAVIER GERARDO MILEI

POR ALBERTO CORTÉS

El 4 de Julio de 1776 se declaró la independencia de los Estados Unidos de América.
Eran 13 colonias británicas de América del Norte, bordeando la costa atlántica. Menos del 16% de la superficie actual del país.

Los colonos iniciales habían llegado desde el siglo XVII de Gran Bretaña. Disidentes religiosos huyendo de persecuciones. Se sumaron luego inmigrantes de países europeos, y esclavos secuestrados de África.

Las tensiones entre metrópoli y colonia fueron aumentando durante el siglo XVIII. En parte por decisiones inconsultas de Londres, afectando económicamente a los colonos; pero también por la oposición de la corona a la expansión hacia el oeste, territorio de Francia, aliada a la mayoría de naciones de pueblos originarios.

Ya en las primeras colonias, los “peregrinos” habían tenido que derrotar a los que habitaban anteriormente esos territorios. Aspiraban además a apropiarse de las tierras allende los Montes Apalaches.

El propio George Washington se formó como cuadro militar en las guerras contra Francia y los indígenas.

En 1803, Benjamin Franklin (prácticamente el único entre los “padres fundadores” opuesto a la esclavitud – aunque en su juventud había sido dueño de esclavos -) viajó a Francia para intentar comprar a Napoleón el puerto de Nueva Orleans (clave por ser la entrada del Mississipi). Sorprendentemente, el emperador, que acababa de perder la colonia de Saint Domengue (Haití), en manos de la única rebelión de esclavos triunfante en la Historia de la Humanidad; les ofreció venderle no sólo esa ciudad sino toda la Luisiana que la enmarcaba, pensando que no le servía sin Haití. Compra que casi duplicó el tamaño de los EEUU. Por supuesto que ni éstos ni los franceses pidieron opinión a los pueblos originarios que allí vivían. En las décadas siguientes sufrirían masacres y genocidios, como el “Sendero de Lágrimas” (1830-1838), en el cual varios pueblos, unos 60.000 individuos, fueron obligados a marchar 1700 km a Oklahoma (de donde también fueron expulsados décadas después). Muchos miles murieron de hambre, frío y enfermedades en el trayecto. Las tierras así “liberadas” fueron luego destinadas al cultivo de algodón mediante el trabajo esclavo y la minería del oro.

En 1835, colonos norteamericanos que se habían ido instalando en México, se rebelaron contra el gobierno mexicano, secesionando el territorio y creando la “República de Texas”. 10 años después se integraron a los EEUU como el Estado homónimo. Una de las causas de tensión entre los colonos anglosajones y el Estado mexicano era las limitaciones que éste ponía a la práctica de la esclavitud (que había sido abolida en 1829 para el resto del México). Independizada Texas, la esclavitud se incorporó en su Constitución.
EEUU habían intentado comprar a México territorios septentrionales, oferta rechazada por éste. Entonces, en 1846, el presidente James Polk envió deliberadamente tropas estadounidenses a una zona fronteriza en disputa próxima a Texas, esperando que los mexicanos los atacaran. Producido este ataque, obtuvo del Congreso la declaración de guerra contra México, con el argumento de que “sangre estadounidense había sido derramada”. Mientras montaba esta provocación en el extremo este de la frontera común, envió al extremo oeste (California, mexicana hasta entonces), a John Fremont y Kit Carson, con la excusa de relevamientos geográficos, pero con instrucciones secretas de promover el levantamiento de los colonos anglosajones contra México.

Durante la guerra 1846-1848, el Batallón San Patricio, formado por inmigrantes irlandeses católicos dentro del ejército norteamericano, hartos del maltrato de los oficiales protestantes anglosajones y, tal vez movidos por su procedencia de un país también sojuzgado por un imperio anglosajón, se pasaron al lado mexicano. Fueron torturados y ahorcados por el ejército yanqui, mientras la propia ciudad de México caía tras la heroica defensa final de los llamados “Niños Héroes”, cadetes adolescentes que defendieron hasta el final el Castillo de Chapultepec, por donde entraron los invasores.

México fue obligado a “vender” a EEUU más de la mitad de su territorio, incluidos estados riquísimos, como Texas y California.

Este robo formaba parte además de un debate interno en los EEUU donde, desde el origen mismo del país, el sur tenía una economía basada en la esclavitud y en el norte – aunque usufructuaba de una economía complementaria con la de los esclavistas – tal institución no estaba permitida. Ambos bandos intentaban sumar nuevos estados con su misma impronta. El absurdo sistema electoral indirecto, que varias veces hizo presidente a quien había obtenido menos votos, se creó para equilibrar políticamente a ambas regiones.

Intentando justificar el latrocinio, el periodista John O’Sullivan escribió (1845): “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno”, dando nombre a la doctrina del “Destino Manifiesto”, que junto al “excepcionalismo estadounidense”, que sostiene que Estados Unidos es cualitativamente diferente y superior a otras naciones, y que las reglas históricas aplicables a otros países no necesariamente se aplican a su caso, son ideas centrales de las elites – y de parte del pueblo – norteamericanos.

Cualquier similitud con el “espacio vital” de Hitler (“Gran Alemania”), o la “Tierra Prometida” (“Gran Israel”) de los sionistas, no es pura coincidencia.

En la primera mitad del siglo XIX, al tiempo que – mediante una economía proteccionista – se creaban las bases para un capitalismo autónomo, construyendo simultáneamente grandes obras de infraestructura como el Canal de Erie, que conectó los grandes lagos con el Atlántico; crecían los movimientos abolicionistas que propugnaban el fin de la esclavitud.

Así, la “conquista del oeste” estaba signada por las intenciones de esclavistas y abolicionistas se sumar estados con uno u otro signo. Polk era nítidamente esclavista, y no es raro que el único congresista que se animó a cuestionar sus métodos fuese Abraham Lincoln.

Este ganó las elecciones presidenciales de 1860, y aunque no se planteaba abolir la esclavitud en los estados donde ya existía, muchos estados esclavistas se escindieron, comenzando la Guerra de Secesión, el conflicto que mayor cantidad de muertos costó al país, de los muchos en los que intervino (aproximadamente el doble de caídos que, en la 2ª Guerra Mundial, y cerca de 8 veces los de la 1ª). La guerra no era por la abolición (4 estados esclavistas integraban el bando norteño), sino por la reunificación del país. Pero la dinámica del conflicto llevó a la abolición formal en 1863 y 65. Siguió existiendo bajo otras formas, y la discriminación contra los negros (y otras etnias), se mantiene hasta la actualidad, aunque sucesivas oleadas de luchas por los derechos civiles han ido haciendo retroceder a sus formas más obvias.

Tras la Guerra Civil comenzó un proceso de acelerada formación de grandes monopolios, cuyos efectos persisten hasta hoy. También prosiguió el de despojo de las tierras de los pueblos originarios, que había sido pausado por la Guerra.

En 1786, el principal redactor de la declaración de independencia, Thomas Jefferson, había escrito que a los EEUU les convenía que el resto de América siguiera en manos españolas y no se independizara demasiado rápido, para que su país se fortaleciera lo suficiente para remplazar esa dominación.

En 1823 el presidente Monroe formalizó esa pretensión bajo la frase “América para los americanos” (que significa, en la jerga estadounidense, para los “norteamericanos”). Cuba era la parte de Hispanoamérica que más directamente aspiraban anexionarse, como lo dijeron abiertamente Jefferson y John Quincy Adams (Secretario de Monroe y luego presidente). (2 años después, una potencia extracontinental, Francia, enviaría una flota para amenazar y obligar a Haití a contraer una deuda impagable, que le pesa hasta hoy. Por supuesto que el gobierno esclavista de los EEUU no movió ni un dedo para proteger a ese país americano, el cual ellos mismos invadirían después en 1915, y ocuparían por 19 años).

José Martí, había advertido clarísimamente contra esas pretensiones, pero cayó en combate en 1895, primer año de la guerra de independencia cubana. En el último – 1898- misteriosamente el buque estadounidense Maine explotó (desde adentro), en el puerto de la Habana, y EEUU aprovechó para declarar la guerra a una ya debilitada España y apropiarse, entre otros, de Puerto Rico, Filipinas y, como protectorado, Cuba.
EEUU había prometido la independencia a los filipinos, pero una noche el presidente McKinley tuvo una visión celestial, que le indicó que no debían otorgarla. Comenzó una guerra en la que las tropas estadounidenses cometieron actos que nada tienen que envidiar a los posteriores de los nazis, y las islas se mantuvieron como colonia hasta 1946.

En las últimas décadas del siglo XIX, el reino independiente de Hawai, había comenzado a recibir inversiones y a hacer acuerdos comerciales con EEUU. En 1887 y 1893 terratenientes y empresarios estadounidenses condicionaron primero y derrocaron después a la monarquía local, y en 1898 se anexaron las islas a los EEUU. En 1867 éstos compraron Alaska al Zar de Rusia, que temía que, de otra forma, los EEUU terminarían apropiándola por la fuerza.

EEUU entraron a la Primera y Segunda Guerra Mundial, supuestamente por provocaciones extranjeras y con Fuerzas Armadas bastante débiles. Pero, especialmente en la Segunda, reconvirtieron rápidamente grandes sectores de su industria hacia el armamentismo, dando origen al “complejo industrial-militar”, denunciado por el ex presidente, Gral. Eisenhower en su discurso de despedida, y que subsiste hasta hoy, siendo parte esencial de las elites que manejan el país. Requiere de permanentes guerras – propias o ajenas – que ensayen, destruyan y exijan renovar armamento. Así como la venta casi libre de armas que provocan un promedio de más de un tiroteo masivo por día, tanto como el grueso de la provisión de armas a las pandillas y carteles de países como México y Haití.

Disuelta en 1991, la Unión Soviética, EEUU (5% de la población mundial) pasó a ser el Estado que dominaba, de hecho, prácticamente todo el planeta; superando ampliamente los sueños de Hitler, Gengis Khan y cualquier otro déspota de la Historia.

El rápido avance industrial, económico y tecnológico de China; el resurgimiento nacionalista, económico y militar de Rusia; y la emergencia de una serie de potencias regionales (India, Turkiye, Irán, Brasil, etc) no subordinadas a Washington, están poniendo fin a esa hegemonía. Se mantiene, aún, como mayor aparato militar, pero la guerra de Irán mostró su insuficiencia para proyectar decisivamente poder. El sistema propagandístico – el mayor de la Historia, muy superior al de Hitler y Goebbels – que engloba a la mayoría de los medios de comunicación mundiales, supuestamente “independientes”; es su otro mayor activo. Pero su capacidad de dominación mundial, está claramente desapareciendo, aunque en el declive se aferra con uñas y dientes a América Latina.

Todo esto es lo que fue a festejar Milei en la Embajada de EEUU, rompiendo todas las normas y protocolos que indican que los presidentes nunca pisan embajadas de otros países.

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