
COMPARTIMOS CON NUESTROS LECTORES EL RECORRIDO REALIZADO POR ESTE DIRIGENTE GREMIAL EN LA HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO
Desde 1988, un espacio de pluralidad e intercambio

COMPARTIMOS CON NUESTROS LECTORES EL RECORRIDO REALIZADO POR ESTE DIRIGENTE GREMIAL EN LA HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO

Artículo 1°. – Convocase al electorado de la Nación Argentina a CONSULTA POPULAR VINCULANTE de conformidad con lo prescripto por el Artículo N° 40 de la Constitución Nación, y la ley 25.432.
Artículo 2°. – La pregunta a consideración del electorado será la siguiente: ¿Está de acuerdo que el Congreso de la Nación apruebe el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para pagar la deuda contraída por el gobierno de Macri entre los años 2018-2019?
Artículo 3.- La Consulta Popular convocada deberá realizarse de manera improrrogable dentro de los 120 días de la fecha, no pudiendo ser efectuada antes de los 60 días.
Articulo 4.- El P.E.N. deberá disponer las medidas que sean necesarias a los efectos de la consulta popular, dando instrucciones a los organismos correspondientes para su instrumentación.
Artículo 5.- El P.E.N. deberá informar al electorado sobre el contenido del tema sometido a la consulta popular, dando amplia publicidad a los objetivos de la misma.
Artículo 6.- Comuníquese al Poder Ejecutivo
CONSULTA POPULAR VINCULANTE SOBRE DEUDA EXTERNA | Soberanxs
ESTE MIERCOLES 4 DE MAYO DESDE LAS 19:00 HORAS TE ESPERAMOS EN EL COMPLEJO CULTURAL «ATLAS» DE LA CIUDAD DE ROSARIO
PARA PODER HACER REALIDAD UNA ARGENTINA JUSTA, LIBRE Y SOBERANA
EN MARCHA PARA LA CONSTRUCCION DE UNA ESPERANZA FEDERAL


TESTIMONIO DE JEAN-PIERRE BOUSQUET CORRESPONSAL DE FRANCE-PRESS EN LA REPUBLICA ARGENTINA DURANTE LOS AÑOS 1975 A 1980

Meses atrás, en febrero, ante la inminencia de esta Feria, Silvina Friera publicó en Página/12 un artículo donde desarrollaba la problemática de la falta de papel que afecta muchos países. A la escasez de papel, producto de la pandemia y el aumento en los costos de energía en el mundo, se le suman en nuestro país los problemas habituales: la industria del papel es oligopólica, el papel se cotiza en dólares, y aun cotizando en dólares, tiene inflación y ningún tipo de regulamiento desde el Estado. En consecuencia, para las editoriales pequeñas y medianas se torna muy difícil planificar la edición e impresión de libros.

La falta de papel se debe a la menor producción de las dos empresas productoras de papel para hacer libros. Una es Ledesma, propiedad de la familia Blaquier/Arrieta, una de las más ricas del país, apellidos vinculados con la última dictadura en crímenes de lesa humanidad, además de relacionados con la Sociedad Rural, escenario en el que hoy estamos. La otra empresa es Celulosa Argentina. Su directivo es el terrateniente y miembro de la Unión Industrial José Urtubey, conectado con la causa Panamá Papers.

Los oligopolios han producido menos por problemas internos y por la pandemia. Y cabe destacarlo: han destinado su producción a papel para embalar o para cajas, y no tanto al papel de uso editorial. Para hacer un libro de unas 160 páginas, con una tirada de 2.000 ejemplares, se necesitan entre papel interior y papel de tapa más de 150.000 pesos de inversión.

Un editor independiente proponía como solución la intervención del Estado. Por ejemplo, la creación de una papelera del Estado. Pero, por supuesto, como no ocurrió en el escándalo Vicentin, es improbable que suceda su intervención. Sería un hallazgo, en la crisis que atravesamos, crear una papelera con participación del Estado, que nuclee a los cartoneros y a las cooperativas.
Al leer esta noticia me pregunté qué tenía esto que ver conmigo, con la hoja en que empezaba a escribir este texto una noche en el bosque. En los últimos treinta años, desde que me afinqué en Villa Gesell, esta “tierra elegida” como la llamábamos con mi amigo Juan Forn, escribo con una birome negra en un cuaderno de hojas lisas. Me gusta el fluir de esta escritura en silencio, una grafía que se vincula con el dibujo, y el dibujo, a su vez, me devuelve a mí mismo. Así me pregunto quién soy, y si esta ignorancia no es la que induce a la búsqueda de un sentido que a menudo se me rehúye. La escritura, conjeturo, debe saber más de mí que yo. Tal vez esta sea la razón por la que en los últimos años me dediqué a la lectura y escritura de notas sobre poesía.
En tanto, con la birome negra en un cuaderno, escribí en la ciudad, en micros, en trenes, en el mar y también en el bosque. Y fue en el bosque donde mi escritura se volvió más reconcentrada y, a un tiempo, abierta, tratando de conectar en un modo zen el uno con el todo. El monje taoísta vietnamita Thich Nhat Hanh dice que la hoja donde escribo contiene el árbol del que proviene, desde la semilla, pasando por la lluvia, el sol, las estaciones, una historia concerniente a la naturaleza ante la que no puedo hacerme el distraído. Intentaré evitar irme por las ramas.
Hace un instante comentaba el silencioso acto de la escritura con el destino final que uno puede, con suerte, atribuirle: la publicación. A qué precio, vale preguntarse. En un posteo de un editor independiente leí que imprimir un libro de 290 páginas cuesta tres cuartos de un millón de pesos, aproximadamente más de 700.000 pesos. Además, vaya detalle, no son pocos los autores que pagan una parte de la edición con tal de ver publicada su obra.
Debe haber sido en noviembre. Cuando fui convocado a la inauguración de esta Feria experimenté sentimientos contradictorios. Me acordé de la biblioteca de mi padre perseguido político en la casa de un Mataderos de calles de tierra, hedor de frigoríficos y curtiembres. En esos años fue la toma del Lisandro de la Torre y la insurgencia barrial ante los carriers y los tanques. La biblioteca estaba en el fondo de casa, en un galpón lindante con el gallinero, era vasta y en sus estantes, tablones hasta el techo de cinc, cargadísimos, convivían, entre otros, Bakunin y Zola, Barbusse y Dostoievski, Maupassant y Marx, Arlt y Martínez Estrada.
Me vi más tarde, a los quince, cuando empecé a trabajar de cadete en una agencia de publicidad. Me detenía en las librerías de la avenida Corrientes y en los puestos de usados de Tribunales. Cuando el dinero no me alcanzaba robaba los libros. A los quince iba formando mi propio programa de lecturas: Sartre, Hemingway, Camus, Pavese, Vitorini, Duras, Pasolini, Guinzburg, Faulkner, Woolf, McCullers, O’Connor, Hamsun. Descubría a Gelman, Bustos, Bignozzi, Bailey, Porchia, Thenon, Urondo y Pizarnik. Leía El Escarabajo de Oro y La Rosa Blindada. Era el tiempo de, entre otros, Castillo, Guido, Dal Masetto, Hecker, Rivera, Orpheé, Puig, Lynch, Briante, Gallardo y Piglia. Siempre pensé que el premio mayor para una escritora o un escritor debe ser que una piba, un pibe, detecten mañana tu libro en una bandeja de usados, ese entusiasmo al encontrar y encontrarse. Todavía lo sostengo. Desde esta construcción de mi escritura hablo esta noche.
La Feria siempre me generó tensión. Y no sólo porque uno se se topa con un injuriante pabellón Martínez de Hoz, que homenajea al esclavista y saqueador de tierras indígenas, antepasado del tristemente célebre economista de la última dictadura. Decir Feria implica decir comercio. Esta es una Feria de la industria, y no de la cultura aunque la misma se adjudique este rol. En todo caso, es representativa de una manera de entender la cultura como comercio en la que el autor, que es el actor principal del libro, como creador, cobra apenas el 10% del precio de tapa de un ejemplar. En esta Feria se han escuchado y se siguen escuchando discursos bien intencionados acerca de la función del libro, de su trascendencia, su empleo como objeto tanto de placer como de herramienta educativa. En fin, discursos que pronto habrán de ser olvidados.
Cuando fui convocado planteé dos cosas: leer los discursos de quienes me antecedieron y el pago de honorarios. Sólo pude leer, gracias a la inquietud de Ezequiel Martínez, los últimos cuatro o cinco discursos. La organización de la Feria, presumo, no conserva los anteriores, lo que puede interpretarse como desidia hacia lo que esas voces reclamaron en cada oportunidad. Con respecto a mis honorarios, a Ezequiel, además de honesto periodista cultural, hijo de un gran escritor, no puso reparo. Es más, coincidió en que se trataba, sin vueltas, de trabajo intelectual. Y como tal debía ser remunerado, aunque hasta ahora, como tradición, este trabajo hubiera sido, gratuito. No creo que mencionar el dinero en una celebración comercial sea de mal gusto. ¿Acaso hay un afuera de la cultura de la plusvalía?
Quiero aclararlo, en los años que llevo publicando debí demandar a varias editoriales, incluyendo alguna progresista, para recuperar los derechos de publicación de un libro una vez vencido el período del contrato y otros incumplimientos de cláusulas acordadas. En esas demandas me asistió el amigo Oscar Finkelberg, un especialista en derechos de autor. Tomás Eloy Martínez supo agradecerle a Finkelberg en una dedicatoria haberle probado que los derechos de autor son también derechos humanos.
Nuestra relación con los editores es siempre despareja. Nos sentamos en desventaja a ofrecer nuestra sangre, no otra cosa es la tinta. El editor es propietario de un banco de sangre compuesto por un arsenal de títulos publicados siempre en condiciones desfavorables para quienes terminan donando prácticamente su obra.
De manera que, desde que recibí el ofrecimiento de intervenir acá, no pude menos que, todo un trabajo, todos los días dedicarme a pensar de qué iba a hablar, qué decir. En principio, me dije, debía y debo agradecer a quienes me propusieron como forma de reconocimiento a mi producción. Pero elegí, elijo, ahondar en la tensión. Es decir, elijo la sinceridad. Más tarde, a través de algunos amigos, algunos editores, y no daré nombres, supe de quienes se opusieron al pago. Su argumento consistía en que pronunciar este discurso significaba un prestigio. Me imaginé en el supermercado tratando de convencer al chino de que iba a pagar la compra con prestigio. Entre quienes cuestionaban el pago de honorarios no faltó quien planteara que, de pagar, la cifra dependería de la extensión del discurso. Me pregunté a cuánto podría reducirse la suma si yo decidía resolver el discurso, en modo patafísico, con un aforismo. Además, convinieron esos editores, si se me pagaba, se establecía un antecedente que perjudicaba los intereses de la Feria. ¿Qué los sorprendía? Es que quienes me precedieron en este lugar, comprometidos con la defensa del libro, nunca habían cobrado. El uso que de estas figuras hizo la Feria en función de su propio prestigio ha sido mala fe ideológica y no se obviar. Por tanto, soy el primer escritor que cobra por este trabajo.
Como se apreciará, me limito a narrar hechos y describir. Procuro una narración realista que puede ilustrar los porqués de mi tensión en esta Feria y preguntarme cuánto en ella, más allá de las presentaciones de libros, mesas redondas y debates, es su real interés en la literatura, su significación. A esta Feria, queda claro, le importan más los libros que más se venden, que, como es sabido, suelen ser complacientes con la visión quietista del poder. Conviene quizá que lo aclare: la literatura que me interesa –trátese de ensayo, poesía, narrativa—, ilumina, perturba, incomoda y subvierte.
Otra situación que no se puede soslayar es que las sucesivas crisis económicas han afectado no sólo la industria editorial. No es una novedad que nuestro país ha superado el 40% estadístico de pobreza y que la línea de hambre es impiadosa. En su introducción a Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, John Steinbeck escribió: “Hay muchas personas que olvidan, cuando crecen, lo mucho que les costó aprender a leer. Quizá se trate del mayor esfuerzo emprendido por un ser humano, y debe afrontarlo cuando niño. Un adulto rara vez sale triunfante de esa empresa, la de reducir la experiencia a un orbe de símbolos. Los seres humanos han existido durante mil millares de años, y sólo han aprendido este prodigio en los últimos diez últimos millares de los mil millares”. Corresponde entonces preguntarse si un chico con hambre está en condiciones de realizar esa operación, asimilar conocimiento cuando no ha asimilado alimento.
Al mismo tiempo, si retornamos a la crisis del papel, no podemos dejar de lado el crimen impune de las políticas extractivas que sustenta el estado y contribuye al desastre de la naturaleza. No me desvío demasiado: hace un tiempo también leí en The Guardian que la estadística de millones de fugitivos de los desastres climáticos supera los millones de refugiados por desastres bélicos: aproximadamente dieciséis conflictos bélicos en la actualidad. En nuestro país los incendios forestales son tan graves como los efectos asesinos del gaseo pesticida. A propósito, les recomiendo el libro del fotorreportero Pablo Piovano. En esas imágenes espectrales de seres deformados podrán observar eso que los medios invisibilizan, una tragedia ninguneada y oculta que no es tan espectacular como las secas de cuencas acuíferas y los incendios. Tampoco, se me dirá, es pertinente traer acá la indigencia de los pueblos originarios y sus territorios que históricamente les pertenecen y les fueron expropiados a partir del genocidio roquista. Sin embargo, tanto el asesinato de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel como la represión sobre el pueblo mapuche están en línea directa con esta estrategia de expoliación y entrega de recursos.
La teoría literaria, sostiene el marxista irlandés Terry Eagleton, es, ni más ni menos, que teoría política. Leída desde esta perspectiva, desde sus orígenes, nuestra literatura está signada por la violencia política: el indio, la mujer y el inmigrante son las víctimas y han sido y siguen siendo muchas veces escamoteadas. Toda nuestra literatura, incluso aquella que se define como de evasión, aunque se haga la otaria, también tiene que ver con la violencia política. Es que, me digo, si escribimos no podemos jugarla de inocentes. Si me remito a los versos de John Donne queda claro por quién doblan las campanas. Doblan por nosotros.
Otra pregunta me queda picando: ¿es una paradoja o responde a una lógica del sistema que esta Feria se realice en la Rural, que se le pague un alquiler sideral a la institución que fue instigadora de los golpes militares que asesinaron escritores y destruyeron libros? En lo personal, creo que esta situación simbólica refiere una violencia política encubierta.
Cuando pregunté, antes de venir, por qué la Feria se realiza aquí y no en otro espacio, Ariel Granica, hijo del editor exilado en el ’76, tuvo el gesto solidario y comprensivo de explicarme que no hay otro lugar de magnitud capaz de albergar tantos expositores y facilitar el ingreso de una multitud. De producirse un cambio de geografía, me dijo, dependería de la colaboración del Estado en facilitar un predio afín. Le cité el ejemplo de la Feria de Guadalajara. Y Granica me informó que dicha Feria, a diferencia de esta, dispone no sólo del respaldo sino también del apoyo económico del Estado mexicano.
Si la Feria le paga una fortuna a la Rural, esto justifica la cuantiosa cifra del alquiler de los predios de los expositores. De modo que quien visita esta Feria, debe contemplar que al costo de la entrada debe sumarle el precio del libro. Alguna vez esta Feria tuvo como lema propiciar la relación del autor con el lector. La sombra del dinero enturbia, como vemos, la naturaleza de esa conexión.
Quiero, en este relato, plantear otra pregunta: si este es el cuadro de situación de la Feria, que no es nuevo, en medio de esta crisis económica que depreda nuestro país, ¿quiénes son los lectores que llegan al libro sino los de una clase media pauperizada, siempre y cuando no gasten demasiado en la gaseosa y los panchos?
Acá se habla de los riesgos de la industria, se repite retórica la necesidad del acceso a los libros, se habla y se habla. Parafraseando a Greta Thumberg, blablablá. Pero cómo hablar de lectores, me pregunto, si se elude desde los estamentos gubernamentales la enseñanza y el aliento de la lectura, que no se arregla ingenuamente repartiendo fascículos literarios en las canchas ni con una candorosa primera dama leyendo cuentos a los chicos de vacaciones en Mar del Plata. No me voy a detener acá en los exabruptos fascistas de la ministra de Educación porteña, tampoco en el menosprecio del ministro de Cultura porteño por los premios municipales a la labor de creadores en literatura, teatro, música y artes visuales, subsidios a menudo en riesgo. Pero no puedo pasar por alto a un reciente ministro de Educación nacional que, al encarar una enésima reforma educativa, declaraba no hace tanto que estábamos ante un “proceso de reorganización” pedagógico. “Los límites de mi lenguaje son los de mi mundo”, escribió Wittgenstein, pensamiento que ese ministro seguramente ignorará. Subrayo los términos del ministro: “proceso de reorganización”. Tzvetan Tdorov afirma que un país que ha padecido campos de concentración tiene el corazón comido por gusanos. Me pregunto entonces cuál es la calidad educativa en nuestro país que ha sufrido ya suficientes reformas educativas para que, encima, un ministro, pueda expresarse en estos términos. No creo necesario extenderme abarcando la situación siempre precaria de los docentes en el país donde fue asesinado el maestro Fuentealba y en los últimos años otros maestros murieron por la explosión de las garrafas en escuelas convertidas en comederos.
La literatura que me gusta no baja línea. Y lo que escribo en esta hoja tampoco baja línea. Simplemente soy descriptivo, estas son las cosas que se juegan para quienes elegimos este oficio. Inexorable, la tensión me impulsa hacia un nervioso desorden enumerativo. Asumo el riesgo de ser malentendido y juzgado como aguafiestas. Pero, a pesar del frenesí y la euforia de la organización y su expectativa en la facturación, nuestro presente no tiene mucho de festivo. Quienes me han leído saben que, acá, ahora, persisto en sostener una contrariada coherencia. Estoy convencido, estos datos y anécdotas tienen que ver con la escritura. No la determinan, pero inciden más de lo que me gustaría cuando viene el momento de publicar.
A pesar de todo, no soy pesimista. Son varias las generaciones que, en el presente, desde la diversidad y la disidencia, están generando escrituras cuestionadoras. La crisis que afecta a la industria es tanto una realidad como la de quienes, a pesar de las dificultades colectivas y personales de toda índole, persisten en la escritura y creen que, si bien la escritura no puede transformar el mundo, puede hacerlo un poco mejor.
La vida es breve, uno escribe contra la fugacidad. Escribir es el intento muchas veces frustrado de capturar instantes de belleza, registrarlos para que sobrevivan a pesar de la finitud. Se escribe en soledad, pero no ajeno a las contradicciones de lo social. Hace falta una gran tolerancia al fracaso para este oficio. “Escribo porque sufro”, dice John Berger. Y lo dice “con la esperanza entre los dientes”. Y esta es una verdad que no se transa.
MIENTRAS ESCRIBIA ESTE TEXTO, PARA ALIVIAR LA TENSION, CON LA CONSCIENCIA DE QUE ESTE DISCURSO PRONTO SERA OLVIDO, SALI A LA NOCHE, AL BOSQUE. ME ACERQUE A UN ARBOL AÑOSO, LO TOQUE, RESPIRE LA OSCURIDAD.
AL VOLVER A LA MESA, A LA BIROME NEGRA Y A LA HOJA, ALGO HABIA PASADO, UNA ESPECIE DE GRATITUD.
Y SEGUI ESCRIBIENDO. NO CAMBIARIA ESTE OFICIO POR NADA.

FUENTE: elcohetealaluna.com

AUSPICIA E INVITA:


EN EL MARCO DE UN NUEVO DIA INTERNACIONAL DE LXS TRABAJADORXS, NOS VOLVEMOS A ENCONTRAR EN LAS CALLES LUCHANDO EN UNIDAD POR NUESTRAS REIVINDICACIONES
El contexto económico y social crítico que vivimos nos afecta al conjunto de quienes vivimos de nuestro trabajo. La brutal inflación, que devalúa de manera constante los salarios e ingresos de los sectores populares, es expresión de la puja distributiva y de la estrategia con la que los sectores concentrados de la economía pretenden conservar y ampliar sus ganancias a costa de nuestras condiciones de vida.
En esta fecha histórica seguimos dando la pelea por salarios dignos, por una justa distribución de la riqueza, por una reforma tributaria progresiva que distribuya ingresos hacia los sectores populares, y contra la estafa y las políticas neocoloniales del Fondo Monetario Internacional (F.M.I.).
HOY COMO AYER, ¡LA DEUDA ES CON EL PUEBLO!
ORGANIZAN Y CONVOCAN AL ACTO:
COAD
AMSAFE Rosario
Asociación de Trabajadores del Estado (A.T.E.) – Rosario
C.T.A. Autónoma – Rosario
Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario (S.O.E.A.R.)
Sindicato de Jaboneros – Rosario
Sindicato de Profesionales Universitarios de la Sanidad (Si.Pr.U.S.) – Rosario
Frente de Organizaciones en Lucha (F.O.L.)
Corriente Clasista y Combativa (C.C.C.)
Barrios de Pie

ACTUAR JUNTOS PARA CONSTRUIR UNA CULTURA DE SEGURIDAD Y SALUD POSITIVA
El Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, que se celebra anualmente el 28 de abril, promueve la prevención de los accidentes y las enfermedades profesionales en todo el mundo. El Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo 2022 se centra en potenciar el diálogo social hacia una cultura de la seguridad y la salud.
IMPULSAR LA JUSTICIA SOCIAL, PROMOVER EL TRABAJO DECENTE

ORGANIZACION INTERNACIONAL DEL TRABAJO -O.I.T.-



AUSPICIA E INVITA:


ESCRIBE ALBERTO CORTES
En la declaración de Independencia de los EE.UU., de 1776, se dice: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
Después de haber fundado una nación, supuestamente bajo estos principios, ese país mantuvo la esclavitud por otros 97 años. Aunque no la había en el Norte, su industrialización se hacía con las divisas obtenidas de la exportación del fruto del trabajo de los esclavos del Sur. Por eso no es extraño que allí se sancionaran leyes para garantizar la devolución de los esclavos fugitivos al sur y se castigara severamente a los que los ayudaran.
Tras la abolición formal de la esclavitud en 1863/65 se sucedieron muchos otros mecanismos para mantenerla bajo otros formatos. Por ejemplo, los trabajos forzados en plantaciones privadas de colonias de presos, la mayoría negros.
Muchos historiadores destacan el papel central de la esclavitud en la acumulación originaria del capital en los EE.UU. Noam Chomsky le agrega el saqueo de las tierras de los pueblos originarios. Habría que sumar además el Robo de más de la Mitad de la superficie de la República de México, sin el cual muchos de los hoy más ricos estados norteamericanos, como California, serían mexicanos.
La más difundida de las causales de la independencia norteamericana fue la imposición de impuestos por el Parlamento Británico sin representación de los colonos. Pero hubo varias más. Otras de las más importantes fueron las llamadas “Leyes Intolerables” que incluían límites a la expansión de las colonias que luego constituirían los EE.UU. en detrimento de las tierras ocupadas por pueblos originarios y por católicos francófonos. Con la independencia en mano se lanzaron al robo de las tierras de los indígenas y su genocidio.
La invocación a la libertad, la democracia y, ya en el siglo XX, a los DD.HH. ha sido central y constante en el discurso de todas las elites y los gobiernos estadounidenses. Sin embargo, asombra la flagrante contradicción de esos enunciados con sus prácticas.
El redactor de aquella Declaración de Independencia, Thomas Jefferson, había escrito en 1786 que era deseable que Hispanoamérica siguiera siendo colonia española hasta que los EE.UU. tuvieran la fuerza suficiente para apoderarse de ella. José Martí por su parte, la noche anterior a su muerte, dejó en su carta a Manuel Mercado: “..impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.
La -forzada con un ardid- intervención de EE.UU. en la Guerra de Liberación de Cuba les permitió no sólo convertir a ésta en su semicolonia por muchos años, sino también apoderarse de otros importantes territorios como Puerto Rico y varias islas en el Pacífico, incluyendo las Filipinas.
En este último caso, el Presidente McKinley había asegurado a los filipinos que su único interés era ayudarlos a conseguir su independencia de España. Pero derrotada ésta, McKinley invocó la inspiración divina que tuvo una noche, para transformar esas islas en colonia norteamericana. La oposición de los patriotas filipinos derivó en una guerra en la que la quema de aldeas, las torturas y las violaciones por parte de los soldados estadounidenses fueron abundantes. El general Jacob H. Smith llegó a ordenar, «no tomar prisioneros y matar a todos los mayores de diez años». Algunos historiadores cifran el número de civiles hombres, mujeres y niños asesinados en un sexto de la población. Otros dan cifras menores, pero que se acercan al cuarto de millón. Hollywood ciertamente no hará ninguna película para ilustrarnos sobre esto.
Terminando la Segunda Guerra Mundial, siendo EE.UU. la potencia sobre cuyo territorio continental no había caído ni una bomba y uno de los países beligerantes con menos bajas, frente a la destrucción de los europeos, y además con una industria fortalecida gracias a la guerra; Roosevelt vio la oportunidad de avanzar sobre las colonias de éstos. Así propició la descolonización de Asia y África, para que las ex colonias pudieran ser penetradas por las empresas yanquis. Tenía, obviamente, que dar el ejemplo, y por eso deciden dar la independencia a Filipinas en 1946.
Tanto en las zonas de México usurpadas por los EE.UU., como en Nicaragua conquistada a mediados del siglo XIX por un filibustero estadounidense, esos cambios significaron reimplantar la esclavitud en territorios que la habían abolido mucho antes.
Respecto a América Latina, el actual presidente ha dicho que no somos su patio trasero, sino su patio delantero: ¿Habrá alguna vez un presidente estadounidense que considere que no somos ni patio trasero ni delantero, o sea parte de su propiedad; sino sus vecinos, con iguales derechos?
El 1° de Mayo de cada año los trabajadores de casi todo el mundo –excepto los EE.UU.– conmemoran el día internacional del Trabajo. ¿Origen de la conmemoración? Un crimen de estado: La ejecución de cinco trabajadores estadounidenses por un hecho ocurrido en esa fecha en 1886 en Chicago, en la lucha por la Jornada Laboral de ocho horas y en la cual una bomba mató a un policía. Ésta abrió fuego matando a numerosos obreros y en los días siguientes muchos fueron detenidos y torturados. Posteriormente se reconoció oficialmente la inocencia de los ejecutados… Cuando ya estaban muertos. Lo mismo ocurrió con Sacco y Vanzetti, ejecutados en la silla eléctrica en 1927. También el Estado norteamericano pidió perdón con décadas de demora a los descendientes de los 120.000 norteamericanos de ascendencia japonesa o inmigrantes japoneses enviados a campos de concentración sólo por su etnia, después de Pearl Harbor. Ese estado pide perdón… Pero bien tarde. En el caso de las persecuciones salvajes del macartismo, en la década de 1950 a todo lo que fuera lejanamente sospechoso de comunismo, ni siquiera existió el arrepentimiento tardío, de varias décadas de los casos anteriores.
En América Latina, a lo largo del siglo XX, los EE.UU. sostuvieron numerosas dictaduras, varias de las cuales habían surgido de fuerzas militares creadas por ellos mismos tras invadir los respectivos países. Las de Somoza en Nicaragua, Trujillo en Dominicana, Duvallier en Haití y Batista en Cuba son sólo las más famosas. Crearon además y mantuvieron durante décadas la “Escuela de las Américas”, rebautizada como “Escuela de Dictadores”. Allí, y en otras instancias, asesores norteamericanos experimentados en Vietnam enseñaron técnicas de tortura a sus colegas latinoamericanos.
Actualmente, en Guantánamo –territorio ilegalmente ocupado por los EEUU en Cuba– la potencia invasora mantiene detenidas desde hace 20 años a varias decenas de personas –y llegaron a ser unas 800 en algún momento- sin siquiera acusarlos de algo concreto, llevarlos a juicio o darles derecho a defensa. Ha habido numerosas denuncias sobre las condiciones de detención y también suicidios. Cualquier otro gobierno que hiciera algo así, sería sin dudas calificado como una feroz dictadura. Pero tratándose de los EE.UU., que domina la mayor parte de la prensa mundial y las principales empresas sostén de redes sociales en gran parte del planeta, en un esquema de propaganda y ocultamiento de la verdad que sin duda serían la envidia de Joseph Goebbels, el Ministro de Comunicación de Adolf Hitler; ese tipo de rótulos se eluden y se limita a considerarse una anomalía incómoda.
EE.UU. es el país con la mayor cantidad de gente en la cárcel del planeta. Tanto en términos absolutos como en relación a su población. Una de cada cuatro personas encarceladas del mundo está en una prisión norteamericana, a pesar de tener este país sólo el 5% de la población mundial. Y ha sido peor en otros momentos. Un tercio de los presos son negros, a pesar de que esta etnia es sólo el 12 % de la población total. También son el 24% de los muertos por la policía. Con respecto a los presos, podrá alegarse que todos lo están por delitos comunes. Todas las dictaduras del orbe han alegado históricamente eso para la mayoría de sus presos políticos.
Oscar López Rivera pasó más de 34 años en cárceles norteamericanas por luchar por la independencia de Puerto Rico. Cinco cubanos que se infiltraron en grupos de la Florida obteniendo información que fue entregada a las autoridades estadounidenses para prevenir atentados terroristas, pasaron entre 13 y 16 años en cárceles estadounidenses, saliendo por indulto de Obama la mayoría, etc.
En estos momentos un tribunal de Gran Bretaña, el principal aliado de los EE.UU. en el mundo, acaba de aceptar la extradición de Julian Assange a ese país, donde afronta cargos que podrían significarle hasta 175 años de cárcel ¿Su delito? Haber expuesto a la Opinión Pública Internacional numerosos crímenes de guerra de las tropas estadounidenses en Irak y Afganistán. De concretarse la extradición se habrá cometido el mayor atentado a la Libertad de Prensa del siglo XXI.
Estados Unidos –como tampoco Rusia, China y algunos países más– no han firmado el Tratado de Roma que establece la Corte Penal Internacional (C.P.I.), para perseguir el genocidio, los crímenes de guerra y los delitos de lesa humanidad. En el caso de los EE.UU., más aún: Cuando este país introduce tropas en otro con el consentimiento de este último –gentileza que muchas veces no se cumple-, hace firmar al país anfitrión acuerdos que dan impunidad ante los tribunales locales a los soldados estadounidenses, por los delitos comunes que allí pudieran cometer, que quedan sometidos sólo al arbitrio de lo que sus propias fuerzas armadas quieran investigar o juzgar. El reciente asesinato con un misil estadounidense de una familia de diez afganos –siete de ellos niños-, justo antes de retirarse de Afganistán, condujo a una investigación interna en que el ejército estadounidense concluyó que los lanzadores del misil habían actuado de acuerdo a las normas.
Afganistán sí es firmante del Tratado de Roma, y entonces, en 2017 cuando la C.P.I. anunció que iba a investigar si militares de Estados Unidos cometieron crímenes durante la guerra de Afganistán, el gobierno norteamericano de Trump aplicó sanciones –otra violación del derecho internacional– contra esos fiscales. Justo es reconocer que Biden las levantó hace un año.
En cambio, Venezuela, cuando fue acusada ante la C.P.I. por violaciones a los derechos humanos, firmó, en 2021, un acuerdo con la C.P.I. para asegurar la correcta investigación y juzgamiento de ese tipo de hechos. Los Países Bajos, sede del C.P.I. y aliados de los EE.UU. en la O.T.A.N., han intentado interferir la implementación de ese acuerdo. Además, numerosos miembros de fuerzas policiales y de seguridad venezolanas han sido juzgados y condenados en ese país por causas de esa naturaleza en los últimos años.
SEGUN LA PRENSA HEGEMONICA, VENEZUELA ES UNA DICTADURA Y LOS EE.UU. UNA DEMOCRACIA. COMPAREMOS EN LA PRACTICA:
Suele calificarse a los EE.UU. de Democracia porque sus autoridades son elegidas por el Pueblo.
En primer término, asumiendo que así sea, sólo los ciudadanos estadounidenses –ni siquiera los portorriqueños– participan en esa elección. Los presidentes y demás funcionarios así electos, sin embargo; se consideran autorizados para tomar decisiones –en permanente violación del derecho internacional- sobre otros países, amenazando o sancionando incluso a sus gobiernos y ciudadanos si no siguen las directivas del gobierno norteamericano, leyes extraterritoriales incluidas.
Pero además: ¿El pueblo estadounidense elige realmente a sus autoridades? Bueno,… más o menos:
En numerosas elecciones se han difundido ampliamente los fondos de campaña recaudados por los candidatos, aún por encima de las intenciones de voto, dejando en claro que el poder del dinero –y por lo tanto de las grandes empresas– es lo más determinante en las elecciones en ese país, aunque teóricamente haya normas para limitarlo. Los candidatos no pueden aceptar dinero de fuentes extranjeras (Pero el presupuesto nacional incluye partidas a través de la NED para financiar O.N.Gs, grupos políticos y parapolíticos en muchísimos países extranjeros).
Sólo dos partidos monopolizan la atención de los medios de comunicación –casi todos en manos de poderosas corporaciones– invisibilizando al resto y anulando completamente las chances de lo que no sea Demócrata o Republicano.
Al interior de estos dos partidos, una bien aceitada maquinaria de poder asegura que no vaya a llegar a ningún puesto determinante ningún candidato que se aparte de los intereses de las Grandes Empresas que son el Verdadero Poder en ese país, por detrás de la cáscara pseudo-democrática. Cuando hay riesgo de que ello ocurra, no vacilan en violar sus propias normas.
En la Convención Demócrata de 1944, cuando se decidió la fórmula para la elección presidencial de ese año, la ampliamente favorita era Franklin Roosevelt-Henry Wallace, o sea la reelección. La cúpula demócrata manipuló durante varios días hasta que logró torcer ese sentir casi unánime de las bases demócratas por Roosevelt-Harry Truman.
Podría preguntarse: ¿Qué trascendencia tuvo y tiene hoy una interna demócrata de tantos años atrás? No fue nimio ni para los EE.UU. ni para el mundo ese acto Antidemocrático: Roosevelt falleció meses después y asumió el vice. Henry Wallace era un progresista y un pacifista. Harry Truman, la única persona en la historia de la Humanidad que tomó la decisión de arrojar bombas atómicas sobre otros seres humanos. Además fue el que comenzó la Guerra Fría.
En 2016, nuevamente, la cúpula demócrata intervino –dolosamente– para asegurar que la postulante de ese partido fuera Hillary Clinton –la principal responsable, junto a Obama y otros, de la destrucción de Libia y del intento de repetirlo en Siria-; y no Bernie Sanders, el único precandidato que veía en el cambio climático y no en otras naciones o pueblos al principal enemigo de los EE.UU.
Hillary Clinton terminó sacando casi tres millones más de votos que su oponente, pero por esas cosas del “DEMOCRATICO” sistema estadounidense, el presidente resultó Trump.
A los que sin pensarlo mucho y sin dudar califican a los EE.UU. de “DEMOCRACIA”, habría que evocarles las palabras que Miguel Angel Ferrari, en el recordado programa Hipótesis, leyó, de un Gran Defensor del Capitalismo Norteamericano, el Mafioso Al Capone:

“SI EN LOS ESTADOS UNIDOS ALGUNA VEZ HAY FACISMO, SE LLAMARA DEMOCRACIA”