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El Domingo 2 de Noviembre La Materia Impertinente abre un espacio para reflexionar sobre los Resultados Electorales y la Actualidad Nacional.

En una nueva edición de la Columna de Análisis Político, nos visitan José Giavedoni y Lucía Vinuesa indagamos en profundidad sobre diversos puntos de análisis que confluyen en el resultado de las elecciones legislativas nacionales del Domingo 26 de Octubre. Abordamos temas como la merma en la participación, la injerencia del Gobierno de los EE.UU., las causas del apoyo al Gobierno, la situación de la oposición y del Peronismo en particular, el nuevo escenario parlamentario.

En la Columna de Puerto Libro recibimos a Arlen Buchara quien presenta «Perfil de una ciudad al límite», su reciente libro editado por Futurock. Conversamos sobre la escritura documental y el cruce entre el periodismo y la literatura.

Como siempre, el repaso de los destacados de la Agenda Cultural de la semana y la mejor selección musical para acompañar el  mediodía del Domingo.

A 25 AÑOS DE LA DOLARIZACION. ¿EL PUEBLO VIVE MEJOR?

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Conversamos con Franklin Geovanny Escobar Goyes acerca de las Crisis Laboral, Socioeconómica y de Seguridad del hermano País Sudamericano tras casi una década de Gobiernos Neoliberales.

También hablaremos de la “Masacre de Río de Janeiro”, de las Elecciones en Argentina y del concepto de “Pobre de Derecha” y de los temas más importantes de la Patria Grande.

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MÁS ALLÁ DE LA MASACRE POLICIAL EN RÍO: LA FARSA POLÍTICA Y GEOPOLÍTICA

POR RAMIRO CAGGIANO BLANCO

RIO DE JANEIRO

La última y desastrosa Operación Policial del Martes 28, que dejó un saldo de 132 personas muertas, se erige como un Monumento al Fracaso. Sin embargo, un análisis detallado revela que su desenlace no fue solo producto del azar o la mala suerte, sino la consecuencia previsible de una cadena de irresponsabilidades, improvisación y una agenda política que trasciende la mera seguridad pública.

Fruto de una política de “Derechos a las Armas” de la población, llevada adelante por Jair Bolsonaro, los Grupos Criminales, entre ellos el “Comando Vermelho”, accedieron a armas, inclusive militares, a precios mucho más accesibles en comparación con el contrabando con el que lo hacían antes. En ese contexto, el Gobernador Cláudio Castro, aliado incondicional del ex Presidente Bolsonaro, decide realizar la tercera operación en su mandato (las anteriores fueron en mayo de 2021 y 2023) contra el crimen organizado en la ciudad de Rio de Janeiro, de forma aislada e improvisada, bautizada como “Operación Contención”.

Como explica Jacqueline Muniz, antropóloga y profesora de Seguridad Pública de la Universidad Federal Fluminense, se utilizaron masivamente Policías generalistas, o sea, Agentes de Seccionales dedicados a tareas burocráticas, sin la cualificación necesaria para operaciones de alto riesgo. Por ejemplo, uno de los 4 policías fallecidos tenía apenas 44 días de experiencia.

Se desplegaron 2.500 efectivos en puntos específicos, una movilización que dejó desprotegidos a cerca de cinco millones de residentes en otras áreas de la metrópoli. Esta concentración, lejos de ser una estrategia, acortó el tiempo de sustentación de la operación, maximizó sus riesgos y abrió flancos para ataques de represalia y crímenes oportunistas en el resto de la ciudad, aumentando la vulnerabilidad colectiva.

El segundo pilar es la elusión de responsabilidades. El Gobernador Cláudio Castro optó por el populismo mediático, pero cuando el saldo fue trágico, rápidamente intentó desligarse de la culpa. Acusó falsamente al Gobierno Federal de negarle apoyo logístico y de las fuerzas armadas, afirmación que el Ministro de Justicia, Ricardo Lewandowski, desmintió categóricamente aclarando que ni siquiera había sido notificado. También mintió al señalar que las limitaciones del Supremo Tribunal Federal a las operaciones policiales en favelas “le pusieron esposas» a la policía, cuando lo que la Corte exige es precisamente profesionalismo y el cumplimiento de los protocolos de uso de la fuerza.

EL TELÓN DE FONDO: UNA GUERRA HÍBRIDA

Pero la operación va más allá de lo policial. Analistas como Rey Aragón señalan que se trata de una «Psicosis Fabricada», una operación psicológica planificada con objetivos políticos internos y geopolíticos.

En el plano interno, en un contexto de inminente prisión de Jair Bolsonaro, se recrea el caos para reforzar la narrativa de un Presidente Lula débil y aliado al narcotráfico, tal como se propagó mendazmente durante la campaña electoral. Además de deslegitimar a Lula, se afianza el eje discursivo del populismo de derecha que  repite ad-nauseam la necesidad de “la mano dura”, el “combate al terrorismo” y, por el contrario, que en gobiernos de centro-izquierda reina la criminalidad.

A nivel internacional, la operación busca insertar a Brasil en el relato de Países «Narco-Estados», como México, Colombia y Venezuela, para justificar injerencias. La narrativa no comprobada, promovida por ‘Influencers’ Bolsonaristas, de la relación entre el ‘Comando Vermelho’ y los Carteles Colombianos en la Amazonia colombo-brasileira para llevar la droga a EE.UU. y Europa, entrega a Brasil en bandeja a la retórica belicista de Donald Trump y su cruzada anticárteles. El tuit de Eduardo Bolsonaro «invitando» a la Marina de EE.UU. a intervenir en Río no es una anécdota, sino la punta de lanza de esta estrategia. Recordemos que Eduardo, el hijo del ex Presidente, según sus propias palabras es quien articuló con el Secretario de Estado, Marco Rubio, los Aranceles Aduaneros del 50% contra Brasil por la prisión del padre.   

Finalmente, el objetivo final es asegurar el dominio de Estados Unidos sobre Sudamérica —desestabilizando Gobiernos de Izquierda como el de Lula— y asestar un golpe a China, expulsándola de lo que considera su «Patio Trasero».

Todo ello dentro de un doble objetivo de Estados Unidos. Por un lado, consolidar su dominio en Sudamérica mediante una maniobra de pinza: desde el norte, a través de la intimidación militar, y desde el sur, por medios políticos, seduciendo al nuevo Presidente de Bolivia, Paz, “rescatando” de la crisis al Gobierno aliado de Milei ante la crisis económica y, en Brasil, desestabilizando al Gobierno de Lula y favoreciendo al Candidato de Derecha en las Elecciones Presidenciales de 2026.

Por otro lado, asestar un duro golpe a China, su Archienemigo Geopolítico, y expulsarla de su zona de influencia. Por eso la sangre derramada en las favelas de Río es, en esta lógica, un peón en un tablero mucho más grande y siniestro.

TRANSICIÓN HEGEMÓNICA Y FRAGILIDAD SISTÉMICA

POR ALEJANDRO MARCÓ DEL PONT

La advertencia lanzada en la Reunión Anual del Grupo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional poseía una cualidad casi existencial, una crudeza inusual para el lenguaje normalmente amortiguado de la tecnocracia global.
Kristalina Georgieva, al mando del F.M.I., no ofrecía eufemismos. Su mensaje, dirigido a los Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales reunidos, era una profecía: “Abróchense los cinturones: la incertidumbre es la nueva normalidad y ha llegado para quedarse”.

Esta declaración, más que un simple reconocimiento de la coyuntura marcada por los aranceles, la deuda y las vulnerabilidades financieras, funciona como el epitafio de una era. Lo que se está desmoronando no es solo un ciclo económico o un periodo de bonanza, sino el propio orden económico internacional que prevaleció por décadas, construido sobre los pilares del capital financiero desregulado y la fe dogmática en la infalibilidad de los mercados.

La preocupación que recorre los pasillos de Washington no es meramente técnica; es filosófica. Es el reconocimiento naciente de que los supuestos económicos fundacionales de Occidente —la creencia cuasi-religiosa de que los mercados libres equivalen inevitablemente al mejor de los resultados posibles— están siendo derrotados no en una batalla campal, sino de manera estructural, paciente y metódica, por un rival institucional que opera bajo una lógica radicalmente diferente.

Esta derrota ideológica ocurre mientras la periferia vulnerable de ese mismo orden, el Sur Global, que durante décadas fue el laboratorio de sus experimentos, se hunde más profundamente en una crisis de deuda que no es cíclica, sino constitutiva, la expresión última de una arquitectura diseñada para la transferencia sistemática de riqueza.

Las cifras, frías y abrumadoras, del Fondo Monetario Internacional —esa Deuda Global que supera el 235% del Producto Interno Bruto planetario— deben leerse no como un simple número, sino como un mapa de la vulnerabilidad desigual que define nuestro tiempo. Para la economía ortodoxa es un riesgo uniforme; para la mirada heterodoxa es la radiografía de un sistema de dominación. La verdadera fragilidad sistémica no yace en la deuda agregada, sino en su distribución geopolítica: la deuda de los países en desarrollo, a menudo denominada en la moneda fuerte —el dólar estadounidense— y gobernada por las condicionalidades asfixiantes impuestas por instituciones como el propio F.M.I.

Esta deuda se ha convertido en el mecanismo de dependencia por excelencia, en un sofisticado artefacto para la extracción sistemática de excedentes. Funciona como una bomba de succión que, mediante la obligación de priorizar el servicio de la deuda, fuerza a las naciones del Sur a implementar políticas de austeridad que estrangulan el gasto social, contraen la inversión pública y las reconectan a la dependencia de las materias primas como única vía de generación de divisas. Este circuito perverso garantiza que la nueva riqueza creada y los recursos de esas naciones no se reinvierta localmente en industrias, escuelas o hospitales, sino que emprenda un viaje unidireccional hacia los centros financieros del Norte global en la forma de pagos de intereses, perpetuando un ciclo de subdesarrollo que no es un accidente, sino la consecuencia lógica del diseño.

Esta lógica se entrelaza en lo que solo podemos denominar como «La Gran Reconfiguración»: una triple crisis simultánea que engloba la declinación relativa de Occidente, el ascenso metódico de China y la persistente trampa de la Deuda del Sur Global.

La pregunta central, la que conecta el pasado traumático de América Latina con su futuro incierto, es si la región está condenada a repetir su historia o si, por primera vez, las fracturas en el orden unipolar le otorgan un margen. La analogía con la «Década Perdida» de los años ochenta es inevitable y reveladora, pero en sus diferencias cruciales se esconde la clave de un destino que aún puede ser alterado.

El mecanismo del endeudamiento es estructuralmente similar: en aquel entonces, la deuda fue contraída con la banca comercial occidental y el FMI, actuando como el brazo financiero del Consenso de Washington; hoy, el espectro de acreedores es más diverso —mercados de bonos anónimos, el Estado chino, instituciones multilaterales—, pero el efecto asfixiante sobre la soberanía económica es idéntico.

Junto a esta continuidad, se observa una renovación e intensificación del modelo extractivista. Si en los ochenta se consolidó la especialización primario-exportadora como la única vía para generar divisas y pagar la deuda, hoy asistimos al «extractivismo del siglo XXI»: la minería a cielo abierto a escala faraónica, la agroindustria de monocultivo y la profundización de la enfermedad holandesa, ese mal económico que aprecia artificialmente la moneda local y termina por aniquilar cualquier intento de industria nacional, creando economías caricaturescas que exportan commodities e importan hasta los bienes más básicos.

El disciplinamiento también ha mutado. Antes, el F.M.I. imponía el «Consenso de Washington» con la brutalidad de un manual único: austeridad, privatizaciones, desregulación. Hoy, aunque el discurso oficial se ha vuelto más flexible, los mercados financieros globales ejercen la vigilancia. Disciplinan a los Gobiernos mediante la fuga instantánea de capitales y el aumento sancionador de los spreads de los bonos (riesgo país) si estos osan alejarse del camino «Responsable», es decir, del camino que prioriza el Pago al Acreedor por sobre el Desarrollo Nacional.

Es en este panorama desolador donde irrumpe China, no como un salvador, sino como un factor de ruptura geopolítica que altera todas las ecuaciones previas. Los préstamos chinos, ofrecidos sin las condicionalidades de política económica ortodoxa que caracterizan al F.M.I., brindan a los países del Sur Global un margen de maniobra que simplemente no existía en los ochenta. Además, la transición energética global, garantiza una demanda estructural y sostenida de los recursos que yacen bajo el suelo de América Latina: cobre, litio, la soja. China se erige como el demandante marginal clave, el comprador de última instancia que puede proporcionar un colchón de divisas, un colchón que la región no tuvo en los ochenta cuando los precios de las materias primas se desplomaron.

Sin embargo, el riesgo real no es repetir la Década Perdida en su forma pura, sino caer en una versión más compleja y quizás más perdurable: una «Década Perdida con características chinas». El peligro reside en que se consolide una mera sustitución de dependencias. Se puede pasar de la subordinación financiera a Washington a una dependencia comercial y tecnológica hacia Beijing, cambiando al acreedor, pero no la estructura dependiente de fondo. La región podría quedar atrapada en una nueva división internacional del trabajo, igualmente desventajosa, donde exporta materias primas a China e importa manufacturas chinas, sofocando de una vez por todas cualquier esperanza de reindustrialización.

Esto crea una dinámica perversa de «dependencia bifurcada«: se mantiene la subordinación financiera a los mercados de capital occidentales (y al dólar) mientras se profundiza la dependencia comercial con China.

Por ello, la presencia china introduce, por primera vez en décadas, una variable de agencia estratégica. El solo hecho de que exista un actor alternativo al consenso occidental rompe el monopolio del pensamiento único y crea un espacio de negociación que antes era inexistente. El destino de América Latina, por tanto, no está escrito en los acuerdos del F.M.I. ni en los planes quinquenales chinos. Dependerá, de manera crucial, de la capacidad de sus políticos —y de la presión de sus sociedades— para aprender de los errores catastróficos del pasado.

La perspectiva fría dicta que el cambio de rumbo solo se materializará si los gobiernos de América Latina adoptan una estrategia consciente y planificada de desarrollo autónomo que trascienda de una vez por todas la mera exportación de commodities hacia cualquier comprador, ya sea occidental o chino. Para que la temida Década Perdida 2.0 no se concrete, la región debe, como mínimo, emprender tres movimientos estratégicos de gran calado.

Primero, debe industrializar el vínculo con China: esto implica una transición deliberada de exportar mineral de litio en bruto a exportar baterías de litio, o de exportar cobre a exportar cables de fibra óptica y componentes electrónicos. Este salto no ocurrirá por la mano invisible del mercado, sino que requiere la Planificación Estatal y la voluntad política que el propio modelo chino ejemplifica.

Segundo, es imperativo gestionar la Deuda con Inteligencia Geopolítica: usar el financiamiento chino —y de cualquier otra fuente— no para tapar agujeros fiscales o financiar déficits de consumo, sino para Proyectos de Infraestructura e Industrias Estratégicas que aumenten la capacidad productiva interna y, en última instancia, generen las Divisas necesarias para pagar la deuda de manera sostenible.

Tercero, y quizás lo más importante, fortalecer la integración regional de manera sustantiva: la única manera de romper con la lógica de la dependencia de un solo hegemón —ya haya sido históricamente Estados Unidos o pueda serlo China en el futuro— es construir Mercados Regionales fuertes, integrados y con políticas comunes. Solo una coordinación férrea entre países les dará la masa crítica y el poder de negociación necesarios para enfrentarse a los gigantes globales sin ser avasallados.

La llamada «calma» que algunos analistas del Atlantic Council perciben en el horizonte económico no es más que la quietud tensa que precede a un reordenamiento violento del Orden Económico Mundial. Occidente está genuinamente preocupado porque sus herramientas de poder tradicionales —el Dólar como Moneda de Reserva, el F.M.I. como Gendarme Financiero— se están erosionando frente a sus ojos. China, por su parte, no está improvisando; está ejecutando con frialdad un Plan Estatal a décadas vista para construir un orden alternativo, usando su control sobre tierras raras y su capacidad de financiación en el Sur Global como palancas geopolíticas fundamentales.

El riesgo de la «Trampa del Commodity» es, por tanto, más real que nunca. La relación con China, si no es gestionada con una estrategia soberana, puede ser profundamente asimétrica y terminar por reforzar el modelo extractivista del cual se busca escapar. China necesita recursos naturales y alimentos en volúmenes masivos para sostener su propio y ambicioso plan de desarrollo industrial avanzado. Si América Latina se conforma con ser el proveedor pasivo de materias primas para el nuevo centro industrial global, no hará sino perpetuar su rol subalterno en la División Internacional del Trabajo, actualizando el viejo esquema Centro-Periferia con un nuevo centro.

LA ARGENTINA DE MILEI

REPRESIÓN DE LA POLICIA FEDERAL ARGENTINA A LA PROTESTA DE LOS JUBILADOS EN LA CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES, REPÚBLICA ARGENTINA, SEPTIEMBRE DE 2024.

POR FABIÁN ARIEL GEMELOTTI

Las Elecciones del Domingo marcan muy bien a la Sociedad Argentina: apática, insolidaria y facha. Si hace años el Facho Nacional era una sombra de bares turbios o de esquinas con cerveza ahora en 2015 el Facho tiene expresión y representante político.

Uno subía al taxis hace años y el taxista te hablaba de mano dura y reformas laborales y odio al Estado. El taxista representaba al Facho Nacional: odio al «Negrito» y «Quememos las Villas Miseria con aviones con gasolina». El Facho era un personaje de la calle. Era un tipo con voz pero sin representantes políticos.

En 2025 el Facho tiene a su representante, al señor que se sube a un escenario a cantar «Kuka tira piedras». Estamos ante un fenómeno que no nace de la nada. Todo se fue corriendo y se ganó ese espacio en política que antes era el espacio fantasma de la calle.

En mi barrio estaba el Alemán, un rubio alto que en los noventa era un viejo que decía que peleó para Hitler. Era un personaje «simpático» que todos mirábamos con un folklore barrial. «Yo manejé una cámara de gas». Entre el asombro y la encredulidad uno veía a «el loco del barrio». El Alemán era tachado de loco y las cámaras de gas eran su fantasía.

El Domingo otro loco subió a escena, ya no el loco de barrio y su admiración a Hitler. Milei y su campera y su ritmo de rock. Si antes la Juventud reivindicaba tirar piedras y era rebelde y quería tomar la calle para combatir, ahora la Juventud festeja al que dice «Kuka tira piedras» porque el loco de la política nacional es el Héroe de una Juventud que aplaude la Represión a Jubilados y la Reforma Laboral.

LA APUESTA DEL GIGANTE ASIÁTICO EN UN MUNDO MULTIPOLAR: DESAFÍOS Y CONSECUENCIAS EN AMERICA LATINA (PARTE II)

MAO ZEDONG Y RICHARD NIXON -AÑO 1972-

POR MARÍA ÁNGELA MOSCATO

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA COMERCIAL ENTRE CHINA Y ESTADOS UNIDOS

Una gran preocupación de Estados Unidos es su déficit comercial, como así también, la alta presencia de los productos chinos en su economía. Trump pretende solucionar este problema a través de la aplicación de aranceles. Es decir, busca aplicar una política proteccionista de la economía norteamericana, inaugurando un nuevo proceso de globalización, donde primaba la liberalización y la financiarización de activos económicos. Si bien Estados Unidos enfrenta déficit comercial con 102 países, imponer aranceles podría significar la destrucción del edificio multilateral y compromisos internacionales contraídos a partir del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) y luego con la O.M.C. (Organización Mundial del Comercio). Por otro lado, por las características propias del modelo chino, condujeron a que haya una sobreoferta en sectores manufactureros claves, tales como acero, aluminio, cemento y vidrios. 

Como afirma la presentación del representante norteamericano en la O.M.C., en julio de 2018, con el título “El modelo económico chino de disrupción del comercio”, “China es hoy el líder mundial en exceso de capacidad. Por ejemplo, desde que China ingresó a la O.M.C. en 2001, su incremento en la capacidad de producción de acero ha llevado a que su producción haya aumentado desde 152 millones de T.M. (toneladas métricas) en 2011 a 808 millones de T.M. en 2016, por lejos la mayor producción del mundo y, por ello, hoy China representa el 50% de la producción global de acero. Las exportaciones chinas de acero también han crecido hasta ser las primeras en el mundo, saltando desde 66 millones de T.M. hace una década a 108 millones de T.M. en 2016” (Organización Mundial del Comercio, 2018: 7).

En cuanto a la problemática de la propiedad intelectual, el argumento estadounidense es que sus empresas en China están obligadas a establecer joint ventures con empresas locales, con lo cual se ven presionadas a compartir sus innovaciones y su know- how tecnológico. “De este modo, las empresas chinas se apropiarían de forma indebida de los méritos tecnológicos de sus pares norteamericanos, sin hacerse cargo de los respectivos derechos de propiedad intelectual” (Rosales, 2020:137 y 138). En particular, la mayor inquietud del gobierno actual de Trump es el de dificultar el avance chino en materia de ciencia y tecnología. China busca consolidar su liderazgo en varias áreas como tecnologías de información, robótica, aeroespacio, vehículos eléctricos, biotecnologías e inteligencia artificial. Es por eso, que Trump decidió imponer barreras a la inversión china en empresas norteamericanas de tecnología y además, también, bloquear las exportaciones norteamericanas de alta tecnología con destino a China. Para lo primero, el Departamento del Tesoro aplicaría una normativa que prohíbe la compra de empresas tecnológicas e impone un techo de 25% a la propiedad de inversionistas chinos en empresas norteamericanas de “tecnologías industrialmente significativas”, y ese techo puede variar, en función de consideraciones especiales. 

Ante el alza de aranceles de Estados Unidos sobre productos chinos, China impuso sobre las exportaciones de ese país aranceles proporcionales a los impuestos por la potencia occidental. En paralelo, China rebajó los aranceles a la soja proveniente de países vecinos como Corea del Sur, India, Bangladesh, Laos y Sri Lanka. Levantó las prohibiciones sobre importaciones de carne de cerdo de Francia y Reino Unido, restricción que se arrastraba desde los años noventa, debido al mal de la “vaca loca”. También rebajó aranceles en productos químicos, agropecuarios, ropa, metales no ferrosos, gas licuado, y redujo la lista negativa para el ingreso a la inversión extranjera directa. Estados Unidos tiene un enorme déficit comercial con China, que aumentó durante 2024. Este desbalance es una importante fuente de conflicto político y económico entre ambos gobiernos. En abril, Trump anunció aranceles adicionales a muchos productos de origen chino del 145%. Rápidamente, Beijing respondió con aranceles de 125% a productos estadounidenses. El 12 de mayo de este año, los países llegaron a un acuerdo de 90 días para reducir algunos de los aranceles de tres dígitos que se habían impuesto mutuamente desde la investidura de Trump en enero. Tras las conversaciones del mes pasado, ambas partes acordaron una tregua. El 12 de mayo de este año acordaron que Estados Unidos reducirá los aranceles adicionales que impuso a las importaciones chinas del 145% al ​​30% durante 90 días, mientras que los aranceles chinos a las importaciones estadounidenses caerán del 125% al ​​10% (BBC, 2025).

AMERICA LATINA Y SUS VENAS ABIERTAS: HISTORIA DE UNA RELACION DE SOMETIMIENTO

La relación entre nuestra región y Estados Unidos ha sido tensa a lo largo de toda la historia. Si bien los gobiernos neoliberales de América Latina se encargaron de instalar que las relaciones con la potencia del norte eran “positivas”, lo cierto es que estas consistieron en un constante sometimiento. Luego de la segunda guerra mundial, Estados Unidos llevaba adelante medidas proteccionistas a nivel económico y buscó condicionar a Europa y América Latina a través del plan Marshall para evitar el avance de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A pesar de eso, el escenario político de nuestra región se polarizó. Es por eso, que Estados Unidos, ya desde esa época buscó terminar con los gobiernos nacionales y populares. Tal es el caso de la unión democrática, donde toda la oposición se alineo detrás de los postulados de Spruille Braden para derrocar a Perón. Desde ese entonces, Estados Unidos (y en algunos casos también Inglaterra), tuvo participación activa en los derrocamientos de presidentes constitucionales. Al instaurar dictaduras en el cono sur durante la década del 70, a través del Plan Cóndor, se aseguraba su poder en la región, a través del plan de aniquilamiento del “enemigo comunista” y mediante la toma de empréstito ante el FMI para condicionar a las siguientes generaciones a que estancaran su crecimiento. Dicha acción, llevó a una crisis durante los procesos de recuperación de la democracia.

Esa relación desigual también se vería plasmada en el Consenso de Washington, con ajuste fiscal, privatización de empresas y retiro del Estado en materia social. Ya no se hablaba de “desarrollo”, sino de “crecimiento”. Sin embargo, ese crecimiento no era tal, ya que a principios del 2000 se dieron grandes crisis económicas del sistema neoliberal, que, además, cuestionaron la legitimidad de la democracia y la política. En el caso de Argentina, se escuchaba la siguiente frase: “que se vayan todos, que no quede ni uno sólo”. Sumado a esto, en las últimas administraciones de Estados Unidos (Obama y Trump), América Latina ha sido ignorada y a la vez, humillada. Esto se debe a que Estados Unidos simplemente se limita a ejercer sobre nuestra región una política de sometimiento y bloqueo, principalmente para aquellos gobiernos que buscan impulsar el desarrollo regional y comerciar con otros países. Dicha extorsión es realizada a través de los bloqueos comerciales y sanciones económicas, resultado de la decisión de organismos internacionales que actúan en su favor. Sin embargo, Estados Unidos se encuentra acorralado dentro del Consejo de Seguridad, ya que China y Rusia son miembros permanentes del mismo, y tienen derecho a veto. Por todos estos motivos, América Latina mira hacia oriente con optimismo, ya que las inversiones no fueron simples promesas, y además, otorgan mayores facilidades incluso crediticias (swap chino). En el caso de nuestro país, las inversiones chinas se enfocan principalmente en la minería, con especial énfasis en la explotación del litio, en represas hidroeléctricas e infraestructura. Además, el país asiático se ha interesado por la exploración y explotación de recursos naturales, oro y plata. Entre los proyectos más destacados podemos citar las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic y la construcción de una planta de fertilizantes en Tierra del Fuego. 

En este contexto, “un grupo cada vez más significativo de países en desarrollo está formado por economías de rápido crecimiento, que aprovechan la ventaja de sus menores costos laborales y exportan hacia los países ricos; los países en desarrollo continúan industrializándose porque todavía transfieren mano de obra desde la agricultura y el subempleo a la industria manufacturera. Sin embargo, no todos los países con ingresos medios han tenido éxito en esta transferencia y en la convergencia, porque no todos son lo suficientemente fuertes para hacer frente a la ideología hegemónica del norte” (Bresser Pereira, 2010:58). Mientras algunos países del sudeste asiático lo han logrado, muchos países de América Latina no han podido y crecen a tasas muy bajas sin poder llegar al crecimiento por falta de cohesión social. Según Ferrer (2004), esto se debe a que en los países de la periferia se han impuesto criterios de racionalidad funcionales a los intereses dominantes e incompatibles con el desarrollo de las economías rezagadas, como, por ejemplo, la toma de deuda externa; lo que reafirma nuestra dependencia de los países del “centro”. Ese beneplácito se ve principalmente en las élites de los países latinoamericanos quienes instalan la idea de que esas propuestas son las idóneas debido a su “neutralidad”. Ese pensamiento extranjerizante no es más que el resultado de programas educativos, ofrecidos por los países centrales a los países de la periferia con el objetivo de colonizar su subjetividad. En estas economías con bajo crecimiento, la falta de cohesión social y el desinterés de las elites gobernantes dificultan el empleo estratégico de sus estados para crecer. El crecimiento dependerá de la cohesión nacional de cada país y de la autonomía de sus elites gobernantes con relación a los países ricos.

UNA RESPUESTA LATINOAMERICANA A LOS PROBLEMAS ESTRUCTURALES: UNA ALTERNATIVA DESDE EL DESARROLLO

El Estructuralismo Económico divide al Mundo entre Países de la Periferia y del Centro. Estos últimos, necesitan de las exportaciones de nuestra región, que se encuentran dentro de la periferia. Cuando los Países del centro crecen, demandan más productos de la periferia, y viceversa. Esto se debe a que, para producir una determinada cantidad de bienes en el país, es necesario importar otros, y para pagar esas importaciones, necesitamos los dólares que se ganaron exportando. La principal diferencia, radica en los tipos de productos y bienes que exporta cada país. Esto significa que la periferia exporta productos que tienen baja elasticidad- ingreso y el centro exporta productos de elevada elasticidad- ingreso. En nuestra región existe un gran problema que es el déficit comercial, el cual repercute en problemas en la balanza de pagos. De esta manera, las economías no tienen otra salida que apoyar la actividad industrial e implementar el modelo de industrialización por sustitución de importaciones.

El desarrollo de la tecnología, una mayor capacidad y complejidad productiva se encuentran en los países del centro. Es por eso, que estos exportan productos industriales o servicios sofisticados que los países de la periferia demandan cuando su ingreso aumenta. En cambio, la periferia exporta productos más simples y básicos, de modo que cuando aumenta el ingreso en estos países, lo hace proporcionalmente menor que en los países del centro. Es decir, que, si la periferia quisiera crecer al ritmo de los países del centro, necesitaría dólares y divisas. Debido a que las exportaciones no crecen a la misma velocidad, los países de la periferia debemos resignar puestos de trabajos, crecimiento económico y de nuestros ingresos. En este sentido, Prebisch (1949) introduce el concepto de “deterioro en los términos de intercambio”. La suma del deterioro en los términos de intercambio y la baja elasticidad de ingresos en nuestras importaciones nos colocó dentro de una restricción externa.

Existen varias diferencias entre el centro y la periferia, la primera a destacar es que los países de centro, comenzaron antes su proceso de desarrollo, es decir durante la primera y segunda revolución industrial, cosa que no sucedió en Argentina y en varios países de la región, debido a que habían adoptado un modelo agroexportador. “En esa división internacional, no tenía lugar la industrialización de los nuevos países, sin embargo, los hechos la están imponiendo. Dos guerras en el curso de una generación, y una profunda crisis económica entre ellas, han demostrado sus posibilidades a los países de la América Latina, enseñándoles positivamente el camino de la actividad industrial” (Prebisch, 1949:65).

Otro autor fundamental es Celso Furtado, quien aplica la teoría del estructuralismo latinoamericano en Brasil, que, durante siglos, tuvo sucesivos períodos de crecimiento y contracción, pasando por los ciclos de la caña de azúcar, la minería y el café; donde se produjeron y reprodujeron dualidades económicas y sociales, además de la baja diversidad productiva. Además, afirmó que el proceso de industrialización en nuestra América Latina está determinado por restricciones histórico- estructurales. Para él, “las diferencias correspondían a condiciones de crecimiento inadecuadas en la periferia, que imponen restricciones al proceso de industrialización y al progreso técnico y que requieren estrategias de crecimiento coordinadas por el Estado, porque en esas condiciones las fuerzas de mercado por sí solas no bastan para hacer viable el crecimiento” (Bielchowsky, 2006: 8). El enfoque histórico-estructuralista está basado en la idea de la relación centro periferia; a través del cual, se debe analizar la inserción internacional y los condicionantes estructurales internos, del crecimiento y del progreso técnico, y de las relaciones entre éstos, el empleo y la distribución del ingreso, entre otras cosas. También debemos ubicar estas variables dentro de cada etapa histórica. En segundo lugar, la sistematización se ve facilitada por el hecho de que las ideas son históricamente determinadas y puede ordenárselas en torno a «mensajes» transformadores. Esa concepción histórico- estructuralista, sirve para analizar la estructura bajo la cual nuestra región se ha insertado a nivel mundial, desde el plano económico y luego de la división internacional del trabajo, como “periferia”, productora de bienes y servicios con una demanda internacional poco dinámica. A su vez, la periferia también se definió como importadora de bienes y servicios con una demanda interna en rápida expansión y asimiladora de patrones de consumo y tecnologías adecuadas para el centro, pero con frecuencia inadecuadas para la disponibilidad de recursos y el nivel de ingreso de la periferia. 

Tavares, fue más allá del estructuralismo y pensó que “la industrialización de los países de nuestra región no fue capaz de alterar sustancialmente los patrones de distribución del ingreso, altamente concentrados, heredados de la economía primario exportadora, no creando un mercado socialmente integrado y orientándolo crecientemente hacia la satisfacción de la demanda diversificada de los grupos de ingresos más altos” (Tavares y Serra, 1971:576). Esto se debió a que, la industrialización por sustitución de importaciones encontró límites y se ha producido a lo largo de la historia un “stop and go” que generó desequilibrios macroeconómicos en toda América Latina.

Por otro lado, Tavares introduce el concepto de “estrangulamiento externo”. Este podía ser absoluto o relativo. Por estrangulamiento absoluto, se entienden las contracciones y complicaciones del comercio internacional, que repercuten en los países de la periferia a través de la capacidad estancada o en baja de importar. En el estrangulamiento relativo, se ve que la capacidad de importar crece, pero lentamente, a un ritmo inferior a la del producto. Sin embargo, este estrangulamiento se ha dado en etapas a lo largo de la historia. Una primera etapa abarca desde los años 30 hasta fines de la Segunda Guerra Mundial donde hay restricciones y estrangulamiento absoluto. Es por eso, que los países llevaron adelante un proceso de industrialización por sustitución de importaciones, logrando una baja de las importaciones, como, por ejemplo, en México, Brasil y Argentina, donde se avanzó en la sustitución de productos intermedios y bienes de capital. A lo mencionado anteriormente, se le suma que en la periferia existe una alta concentración de la propiedad de recursos naturales y de capital en el sector exportador. Como consecuencia de esto se da una distribución de la renta extremadamente desigual. Se consolida así un esquema dual de división del trabajo y una acentuada desigualdad en la distribución, lo que está a la base de una tremenda disparidad entre la estructura de producción y composición de la demanda interna, cuyo ajuste se da por medio del comercio exterior. 

Además, encontramos autores que se basaron en el estructuralismo, pero a la vez, introdujeron algunas variables. Tal es el caso de Fajnzylber (1999), quien afirma que un proceso de industrialización aporta al progreso técnico, y a la vez, genera capacitación, empleo; y, por lo tanto, una sociedad más pujante y con equidad, la cual garantiza el crecimiento económico. Para este autor, “una de las características del proceso de industrialización de América Latina hasta ahora ha sido precisamente la asimetría entre un elevado componente de imitación (fase previa del aprendizaje) y un componente marginal de innovación económico-social” (Fajnzylber,1992:22). La participación de los países en el mercado internacional, hoy en día se vincula a la capacidad que tengan estos de agregar valor a su dotación natural de recursos, a través del progreso técnico. También considera que en América Latina existe una base generosa de recursos naturales. Estos suelen originarse por una elevada concentración de la propiedad, ya sea del sector público o privado. En ese proceso, se conforma un liderazgo que es quien se beneficia y usufructúa las rentas de esos recursos. Esto genera sociedades completamente desiguales y estamentarias. Por eso tan difícil lograr la equidad en esas sociedades. 

En cuanto a las ventajas de este proceso, Fajnzylber (1999) sostiene que el crecimiento permite incorporar nuevas generaciones de equipos y productos, contribuye por esa vía a elevar la productividad y, por consiguiente, a reforzar la competitividad internacional. Además, es necesario ampliar inicialmente el mercado interno masificando el consumo de bienes simples que se van sofisticando cuando aumenta la productividad. Esto constituye la base fundamental del aprendizaje industrial tecnológico, para luego insertarse en el mercado internacional. Este círculo virtuoso entre crecimiento y competitividad, en el cual con frecuencia suelen omitirse los requisitos de equidad, austeridad y aprendizaje tecnológico, constituye uno de los ejes centrales de las experiencias exitosas de industrialización. Una de las cuestiones fundamentales para que se dé el desarrollo industrial, es la disponibilidad del empresariado nacional. Este determinará que el sistema industrial sea realmente competitivo. Otra cuestión es, agregar valor intelectual a los recursos naturales o a la mano de obra no calificada disponible. “El crecimiento rápido, como Corea del Sur y Taiwán, realmente invirtieron más que los de crecimiento lento, en general, en las capacidades sociales. A fin de dotar a los gerentes y trabajadores de las grandes empresas de la capacidad indispensable para incorporar y mejorar la tecnología, estos países hicieron cuantiosas inversiones en la enseñanza técnica” (Amsden y Hikino, 1995:15).

Nuestra región sufre del “síndrome de casillero vacío”. Esto requiere ciertos requisitos para superar los equilibrios macroeconómicos. Se necesita una transformación productiva para elevar la productividad de la mano de obrar, sustentar la competitividad internacional apoyada en la incorporación de progreso técnico, fortalecer la base empresarial, elevar el nivel de calificación de la mano de obra, sector empresarial y laboral basados en acuerdos que den permanencia a las políticas económicas. Las relaciones entre gobierno y sector empresarial pueden denominarse como de complicidad táctica acompañada de desconfianza recíproca y poca transparencia, por la asimetría y la confrontación. “Se trata de alcanzar una colaboración y coordinación estratégicas entre sector privado y público con el objetivo de descubrir los cuellos de botella más significativos. Burócratas y empresarios necesitan participar conjuntamente del proceso de descubrimiento de oportunidades e instrumentos adecuados. El marco institucional preciso para alcanzar este objetivo depende de las particularidades de cada país” (Rodrick, 2005:20).

CONCLUSIONES

Cuando pensamos en el advenimiento de la globalización, inevitablemente lo relacionamos con la expansión a nivel mundial de las multinacionales. Luego de romperse el patrón monetario de Bretton Woods, se desligó el dólar del patrón oro, produciéndose una flexibilización del mismo. Además, en las décadas del 80 y 90 surgen nuevas formas financieras que permitieron generar mayor caudal de ganancias y en menos tiempo. Este proceso condujo a que las grandes empresas transnacionales buscaran aumentar sus rentas de forma rápida y significativa. Durante los Estados de bienestar el capital estuvo destinado a mejorar las condiciones de vida y consumo de los trabajadores, mientras que la aparición del neoliberalismo introdujo la especulación financiera a través de la movilización de capitales a distintas partes del mundo, según su conveniencia. Es decir, que se da a la par un proceso de deslocalización de la producción hacia países emergentes que otorgaran ventajas para la inversión, como así también, una legislación laboral flexible y pocas exigencias en materia ambiental. La globalización neoliberal vino a cuestionar el rol del Estado como articulador social y garante de derechos fundamentales, tales como la vida, seguridad social, salud y derechos laborales. Es decir, que las multinacionales se van a poner en pie de igualdad de condiciones con los Estados. 

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se ha instalado como la única potencia dominante, buscando disputarle el poder mundial a Rusia, creando un mundo unipolar. Es decir, que la potencia occidental logró consolidarse a través del desarrollo científico, tecnológico y militar, pero también, desde el plano ideológico. Esto se dio a través de la instalación de conceptos como el “fin de la historia” o “fin de las ideologías”, “good governance”, “achicar el Estado para agrandar la Nación”, entre otros. Es decir, que se forjó un proceso de alteración de la subjetividad de las personas, principalmente en las élites de América Latina que justificaron la instalación de planes económicos diseñados en el norte porque eran “neutrales”, pero a la vez, eficaces y eficientes para rediseñar el pesado aparto estatal. Por otro lado, esa presión se sostuvo a través de los organismos multilaterales como la ONU, FMI y el Banco Mundial. Dichos organismos fueron diseñados por los países vencedores de ambas Guerras Mundiales (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, entre otros), que impusieron las nuevas condiciones del derecho internacional. Esos países son miembros permanentes del Consejo de Seguridad y tienen derecho de veto. Esto le permitió a Estados Unidos erigirse como “gendarme del mundo” y así, intervenir en distintos países donde ocurrieran actos de “agresión” u “hostilidad” que afectaran sus intereses políticos, económicos y geo estratégicos. Sin embargo, ese poderío hoy en día se ve afectado, ya que China y Rusia también son miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y, por lo tanto, obstaculizan todas las resoluciones que son de interés para Estados Unidos. 

China y Estados Unidos, han tenido una relación fluctuante. Estados Unidos intentó acercarse a China desde el alejamiento de Mao de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y luego, buscó mantener relaciones que hicieran prevalecer el interés a la cuestión ideológica. Durante la década del 70, en China se instalaron zonas económicas con condiciones favorables para capitales extranjeros, con la posibilidad de remitir las utilidades al exterior. Por otro lado, también ofrecía mano de obra barata organizada y educada para emprendimientos occidentales, y así, poder exportar estos productos. El progreso chino culminó en un proceso exitoso de industrialización y una mejora de la producción agrícola. Sin embargo, ese proceso de inversión extranjera se va a dar de la mano de una fuerte presencia estatal, ya que éste mantiene la propiedad de la tierra, los bancos y las grandes empresas. A su vez, el Estado chino impone ciertas exigencias a las empresas extranjeras, tales como la presencia estatal en la dirección de empresas y la presencia de dirigentes del partido comunista chino. Pero lo fundamental, es que, en este proceso, China va a absorber el know- how de las empresas occidentales, adquiriendo experiencia a través de procesos de transferencia tecnológica. El accionar de China hizo prevalecer el crecimiento por sobre los principios fundacionales del partido comunista chino. Sin embargo, la particularidad de este modelo que supo conciliar el Estado con el capital, trajo muchos beneficios, entre ellos, una mejora ostensible de los sueldos y calidad de vida de los trabajadores chinos. 

El proceso de crecimiento chino ha puesto en alerta a los Estados Unidos, y por lo tanto, busca condicionar y limitar el crecimiento de chino, por temor a que le dispute el monopolio de la globalización. La guerra entre ambas potencias se da en diversos ámbitos: económico, político y cultural. En lo económico, según Estados Unidos, China se apropia indebidamente de su know-how sin respetar ni pagar por los derechos de propiedad intelectual. Por otro lado, también le preocupa el avance chino en materia de ciencia y tecnología, ya que China busca consolidarse en áreas estratégicas como el aeroespacio, biotecnologías, robótica e inteligencia artificial. Debido a esto, el actual presidente estadounidense impuso barreras a la inversión china en empresas norteamericanas, a la vez, que bloquea las exportaciones norteamericanas de alta tecnología dirigidas a China. Para eso, Trump decidió imponer aranceles adicionales a productos de origen chino del 145%. Como respuesta a esto, China decidió aplicar aranceles del 125% a productos norteamericanos. Sin embargo, ambos países llegaron a un acuerdo para reducir dichos aranceles al 30% y 10%. La verdadera preocupación de Estados Unidos es su enorme déficit comercial respecto a China, el cuál aumentó durante el último año. En lo político, la guerra se dirime en la puja por erigirse como la potencia hegemónica en el proceso de globalización, es decir, en instalarse como la única potencia de un mundo unipolar. Desde lo ideológico, Xi Xing Ping, actual presidente de china es crítico del sistema de las democracias liberales de occidente, que encuentran su fundamento en el neoliberalismo conduciendo a la desigualdad de los habitantes de sus países con políticas y consecuencias devastadoras. Por último, también se da una pelea en lo cultural, ya que Trump ha instalado la idea de que socialismo chino” es el encargado de llevar adelante la agenda 2023, contraria a los intereses “occidentales y cristianos” y su modo de vida sustentado en el “sueño americano”.

Por último, China se ha convertido en un aliado estratégico de América Latina. Sin dudas, esto es muy positivo debido a que sirve para ampliar mercados y lograr mejores negociaciones. La historia de nuestra región se caracterizó por relaciones de dominación con los Estados unidos, al punto de ser este país el responsable de nuestra inestabilidad económica y política. China es un país en constante desarrollo que necesita gran cantidad de materias primas. Por otro lado, China ofrece condiciones de crédito mucho más beneficiosas que el FMI y proyectos de inversión en diversas áreas, mientras que Estados Unidos simplemente se limita a bloquear nuestra economía y proceso de crecimiento, a través de sanciones comerciales y sin garantizar ningún tipo de inversión. Es por eso, que nuestra región tiene el desafío de pensar su propio camino de crecimiento. Prebisch dividió a los países de la “periferia” de los del “centro”. La diferencia entre ambos radicaba en los bienes que exportaban, es decir que los países de la periferia exportaban productos primarios, mientras que los del centro exportaban productos más elaborados y sofisticados. Sabemos que nuestra región tiene un problema de déficit comercial en la balanza de pagos, por lo tanto, su única salida es a través del desarrollo derivado de un proceso de industrialización. Por otro lado, la teoría de la dependencia introduce el término “estrangulamiento externo”, el cual sería el responsable de nuestros límites a la hora de crecer. Este hace referencia a la dependencia de nuestros países hacia los del centro y las repercusiones de las complicaciones económicas de estos países en Latinoamérica. Por último, también son fundamentales comprender las ideas de Fajnzylber, quien expresó la necesidad de incorporar nuevo equipamiento tecnológico y productos, para reforzar la competitividad internacional 

Por otro lado, debemos tener cuidado en no quedarnos en un simple rol de proveedor de bienes primarios y priorizar nuestro desarrollo, para garantizar la industrialización que aporte al progreso técnico, y a la vez, genere capacitación, empleo; y, por lo tanto, una sociedad más pujante y con equidad, para lograr el crecimiento económico. Esto se puede dar mediante estas vías: distribución de la propiedad, creación de pequeñas empresas, calificación de mano de obra y capacitación de la misma, las cuales crearán puestos de trabajo. Eso conllevará la elevación de la productividad y de las remuneraciones. Además, se necesita educar a la sociedad y más que nada, a los empresarios locales en apostar a generar utilidades en el país, que a su vez generen condiciones propicias para el desarrollo.  Pero por sobre todas las cosas, se debe difundir la lógica industrial tanto por vías formales como informales para que la población pueda absorber el progreso técnico. El fruto de ese progreso, hará una sociedad más justa y equitativa. Además, al haber crecimiento se facilita la distribución y esta situación se hace más fácilmente soportable que en situaciones donde hay estancamiento. Por otro lado, necesitamos fortalecer los vínculos regionales a través de la organización de bloques políticos y económicos como el MERCOSUR para poder ser competitivos a nivel mundial desde lo económico y a la vez, ampliar de forma conjunta los vínculos comerciales con otros países que no sean Estados Unidos, tales como China, Rusia y los demás países miembros de los BRICS. Es vital saber “vivir con lo nuestro”, aprender de las experiencias industriales que nos antecedieron y ampliar las alianzas comerciales más allá del monopolio comercial impuesto por Estados Unidos. 

BIBLIOGRAFIA

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  • DOMENACH, JEAN- LUC (2006): “¿Recuperar la grandeza? y Un coloso con pies de barro”, en ¿Adónde va China?, Editorial Paidós, España.
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  • WORLD ECONOMIC FORUM (2017). “¿Cómo cambió la relación de Estados Unidos con China bajo la presidencia de Obama?, 

Artículos web:

BBC News Mundo, “EE.UU. y China llegan a un acuerdo para reducir los aranceles del 145 al 30%”, fecha: 12-05-2025, disponible en:

EL PUEBLO FUE ESQUIVO A LAS URNAS

EL PORCENTAJE QUE ACUDIÓ A LAS URNAS FUE INCLUSIVE INFERIOR A LOS GUARISMOS DE LA ELECCIÓN LEGISLATIVA QUE SE REALIZÓ EN EL AÑO 2021 DURANTE LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS.

Según las primeras informaciones sobre el total nacional, con el cierre de las Mesas a las 18:00 Horas, sólo acudió a emitir su voto el 66% del Padrón Electoral.

CAPITALISMO LÍQUIDO VS. CAPITALISMO SÓLIDO

AUTOMOVILES FABRICADOS POR LA EMPRESA DE ALTA TECNOLOGIA CHINA BYD

POR ALEJANDRO MARCÓ DEL PONT

ESTA ES LA NUEVA GUERRA INTERNA DEL CAPITALISMO OCCIDENTAL

No fue una simple visita de negocios. Fue una revelación, una sacudida para la psique corporativa occidental. Jim Farley, Director ejecutivo de Ford Motor Company, una institución que encarna más de un siglo de hegemonía industrial Estadounidense, recorrió las fábricas chinas y regresó a casa usando un adjetivo poco común en el léxico autocomplaciente de los consejos de administración: «aterrado». Lo que vio no era simplemente una mano de obra más barata o una eficiencia incremental. Era un ecosistema tecnológico de otro mundo, una velocidad de iteración que parecía desafiar las leyes de la física económica occidental. Vehículos eléctricos con software de conducción autónoma y sistemas de reconocimiento facial tan avanzados como asequibles, fabricados con una calidad que, en sus propias palabras, hacía palidecer lo producido en Occidente.

Este estupor no es anecdótico; es sintomático. Es la punta del iceberg de una convulsión estructural que está reconfigurando el orden global. Por un lado, el capitalismo financiarizado de Occidente, obsesionado con la extracción de valor y los rendimientos espectaculares a corto plazo. Por el otro, el capitalismo productivo-estatal de China, enfocado en la creación de capacidad material y la dominación tecnológica a largo plazo.

No se trata meramente de una competencia geopolítica entre naciones, sino del choque de dos futuros capitalistas radicalmente distintos, donde el futuro del empleo, la soberanía tecnológica y el propio estatus civilizatorio de Occidente están en juego. Esta es la crónica de un ocaso hegemónico anunciado por los patrones de la historia y acelerado por la miopía de unas élites que confundieron la ingeniería financiera con el progreso.

El capitalismo occidental, particularmente en su encarnación anglosajona, ha experimentado una mutación fundamental desde la década de 1980. Abandonó progresivamente su alma productiva para abrazar las finanzas. Este modelo, que podríamos denominar «capitalismo de casino», se caracteriza por la primacía absoluta del valor para el accionista sobre cualquier otra consideración, ya sea productiva, social o estratégica. Este dogma se traduce en un conjunto de prácticas extractivas que han vaciado la capacidad industrial de Occidente:

  • La tiranía de la recompra: en lugar de invertir capital en investigación y desarrollo, en la modernización de plantas obsoletas o en la capacitación de una fuerza laboral de alta calidad, las corporaciones destinan sumas astronómicas a recomprar sus propias acciones en el mercado abierto. Este artificio contable, legalizado en 1982, no crea ni un solo bien tangible, ni un nuevo proceso productivo.
  • El cortoplacismo como doctrina: la presión por generar rendimientos trimestrales cada vez más altos ha instaurado una tiranía del presente. Esto ha llevado a una desinversión sistemática en la economía real. Las áreas productivas son desmanteladas, no por ser inherentemente inviables, sino por no ser suficientemente rentables en el horizonte miope de Wall Street.
  • La quimera del crecimiento por adquisición: en este ecosistema, es más racional —y más rápido— crecer comprando competidores o empresas de sectores adyacentes que mediante la ardua y lenta expansión orgánica de la capacidad productiva interna. Las fusiones y adquisiciones se convierten en el mecanismo preferido de crecimiento, creando conglomerados financieros gigantescos pero frágiles, cuyo valor reside más en su poder de mercado y en sus sinergias contables que en su capacidad innovadora o manufacturera.

El resultado de esta mutación financiera es lo que los economistas heterodoxos denominan una «huelga de capital silenciosa». El capital, en su forma líquida y especulativa, se niega a ser invertido en la economía productiva. ¿Para qué arriesgarse en la construcción de una fábrica, con sus largos períodos de amortización, cuando se pueden obtener rendimientos superiores y más rápidos especulando con derivados, divisas o recomprando acciones? El sector financiero, que en su origen tenía la función social de canalizar el ahorro hacia la inversión productiva, ha dejado de ser un servidor para convertirse en un parásito de la economía real.

Frente a este modelo, China ha construido, con una disciplina espartana, un capitalismo de Estado orientado a la producción. Su sistema no niega el mercado, pero lo subordina de manera incuestionable a los objetivos estratégicos de la Nación. Aquí, la lógica no es la maximización del valor para el accionista, sino la maximización de la capacidad productiva nacional como pilar del poder geopolítico.

Mientras Wall Street se especializaba en crear productos financieros cada vez más esotéricos, Pekín se especializaba en crear la infraestructura productiva del siglo XXI: fábricas gigantescas, puertos de ultramar, redes de ferrocarril de alta velocidad y una cadena de suministro de energías renovables que domina el mundo. Esta es la base material del desafío chino, y es lo que la lógica financiera de Occidente no puede comprender, y mucho menos replicar.

La narrativa de que la financiarización es una fase «superadora» o «más evolucionada» del capitalismo es una ilusión peligrosa. La obra del historiador económico Giovanni Arrighi, en su magistral libro «El largo siglo XX«, proporciona el marco teórico para entender este fenómeno no como una innovación, sino como un patrón recurrente que señala el ocaso de una potencia hegemónica.

Arrighi identifica una serie de ciclos sistémicos de acumulación, cada uno liderado por un poder sucesivo (Génova, Gran Bretaña y Estados Unidos). Cada ciclo atraviesa dos fases distintivas.

Por un lado, la de expansión productiva. El nuevo hegemón emerge con un modelo superior de organización productiva y comercial. Génova controló las finanzas. Gran Bretaña impulsó la Revolución Industrial y se convirtió en el «taller del mundo».  EE.UU. dominó la producción en masa fordista y la línea de montaje. En esta fase, el capital se invierte principalmente en la esfera real de la producción: infraestructura, fábricas, comercio, tecnología. El crecimiento es tangible y se basa en una ventaja productiva clara.

La segunda fasela expansión financiera, por otra parte,se da cuando llega un punto de saturación en la producción. La competencia aumenta, los beneficios de la producción real disminuyen y la hegemonía empieza a ser desafiada. En este momento, el hegemón en declive experimenta una «mutación»: el capital, al encontrar menores oportunidades de lucro en la producción, migra hacia la esfera financiera. La economía se financiariza. El centro del sistema deja de ser la producción de bienes para convertirse en la acumulación de dinero a través de instrumentos financieros cada vez más complejos y especulativos.

El patrón descrito por Arrighi se ajusta de manera casi perfecta a la trayectoria de EE.UU. Fase productiva (1945-1970s): dominio absoluto de la manufactura global, patrón oro-dólar, Estado de Bienestar y la era del «arsenal de la democracia» y la fábrica del mundo. Punto de inflexión (década de 1970): crisis del petróleo, fin de Bretton Woods, resurgimiento de competidores (Alemania, Japón). La rentabilidad industrial comenzó a caer. Fase financiera (1980-presente): con Reagan y Thatcher, se desata la financiarización. El capital abandona la costosa y competitiva producción nacional y busca rendimientos en Wall Street: relocalización, recompras de acciones, derivados, titulizaciones, mercados de deuda. El «largo siglo XX» estadounidense está mostrando los mismos síntomas terminales que sus predecesores.

La paradoja y el conflicto geopolítico quedan expuesto por Arrighi al señalar que, durante esta transición, el dominador en declive (financiero) y el aspirante (productivo) se vuelven interdependientes y antagónicos al mismo tiempo. La interdependencia, el capital excedentario de la fase financiera de EE.UU. fluyó hacia China para financiar su boom productivo, buscando los altos rendimientos que ya no encontraba en casa. Esto alimentó la máquina china.

El antagonismo llega cuando el poder financiero se da cuenta de que está alimentando a su propio verdugo. La dependencia se vuelve estratégicamente insostenible. De ahí las intervenciones temporalmente (expropiación encubierta) mediante una ley de emergencia, de los Países Bajos, por ejemplo, a la empresa china Nexperia, filial a su vez de la compañía del ‘gigante asiático’ Wingtech Technology de chips: son los intentos del viejo orden (Occidente financiarizado) por protegerse del ascenso del nuevo orden (China productiva), rompiendo la misma simbiosis que lo enriqueció.

Esta es la gran paradoja: Occidente, tras desmantelar deliberadamente su propia capacidad productiva en nombre de la eficiencia financiera, ahora se ve obligado a recurrir a la intervención estatal —subsidios masivos, como la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) en EE.UU., la Ley de Chips europea, bloqueos— para intentar resucitar industrias que su propio modelo de negocio hizo morir. Es una carrera contra reloj, y la lógica financiera cortoplacista sigue siendo un lastre formidable. ¿Invertirán las empresas los subsidios estatales en I+D a largo plazo o los utilizarán para nuevas rondas de recompras que inflen sus cotizaciones?

La intervención estatal, tan denostada durante el auge del neoliberalismo, ya no es una opción ideológica, sino una necesidad de supervivencia nacional. El capitalismo financiarizado es estructuralmente incapaz de autorreformarse a la velocidad que la crisis exige, porque toda su arquitectura de incentivos premia el cortoplacismo y castiga la inversión productiva a largo plazo.

La pregunta central, por tanto, no es si China superará a Estados Unidos. La pregunta más profunda y angustiante es: ¿puede el capitalismo occidental, en su forma financiarizada actual, superar su propia lógica suicida? ¿Puede reanimar su agotada fase productiva antes de que el centro de gravedad del capitalismo mundial se mude definitivamente a Asia?

La advertencia de Jim Farley, cargada de un terror visceral, es el reconocimiento de este cambio de era. No es el miedo a un competidor, sino el pánico a haberse convertido en el espectador de su propia irrelevancia. La historia, como bien lo previó Arrighi, está en movimiento. Y el sonido que escuchamos no es el de las cadenas de montaje chinas, sino el de los ciclos hegemónicos girando una vez más, mientras Occidente, hipnotizado por los números verdes en una pantalla, se pregunta qué salió mal. La respuesta, incómoda y crítica, es que confundió la riqueza con el dinero, y en ese error, olvidó cómo se crea la primera.

SE PRESENTÓ EN ROSARIO LA FUNDACIÓN «SIN DIFERENCIAS»

El Martes 21 de Octubre se desarrolló una Jornada sobre Discapacidad en el Teatro de la Asociación de Empleados de Comercio. Durante el transcurso de la misma, fue presentada la Fundación Sin Diferencias.

Se hizo presente la Concejal María Fernanda Rey, quién luego de unas palabras dirigidas a la Audiencia, entregó una copia del Decreto de Declaración de Interés Municipal a la Jornada.

La Fundación Sin Diferencias está integrada por los siguientes miembros:
Presidente: Roberto Santoro.
Vicepresidenta: Daniela Manzur.
Secretaria: Vanesa Miranda.
Tesorero: Joan Manuel Pompa.
Representante Legal: Diego Sosa.
Vocal: Valentina Lanza.
2doVocal : Profesor Daniel Pompa.

«En la Fundación ‘Sin Diferencias’, trabajamos por la inclusión de las personas con discapacidad y de los adultos mayores. Hoy estuvieron presentes acompañándonos durante la Jornada, la Concejal de Rosario María Fernanda Rey, el Compañero Santiago Arrieta del Frente de Jubilados y Compañeros del Sindicato de Trabajadores Municipales de Rosario».

«Después de una larga lucha, hemos logrado llegar a tener una Fundación, para poder ayudar a quien lo necesita. Para eso estamos y vamos a seguir en la lucha ahora y siempre, para las personas con discapacidad y los adultos mayores».

Compartimos con Nuestros Lectores, el Reportaje realizado al Presidente de la Fundación, Roberto Santoro:

PATRIA SÍ, COLONIA NO

HACIENDO CLIK EN LA FOTO PRESENCIAS EN VIVO EL PROGRAMA A TRAVES DE YouTube

Encuentro con Comunicadorxs del campo Nacional y Popular para hablar de la disyuntiva que enfrenta la Patria el Domingo 26: «#Milei o Colonia”.

Participan, entre otros, Alejandro Marco del Pont (Economista); Raquel Pina (EE.UU.); Conrado Ugarte (Rosario); Norberto Crovetto (Economista); Belén Salvati (Santiago del Estero); Sebastián Forelli (Córdoba); Gustavo Cano (Buenos Aires); Elizabeth Vera Gron (C.A.B.A.); Martín Álvarez Pereyra (C.A.B.A.); Delia Sciascia (Rosario); Sergio Rossi (Rosario); Pablo Rizi (C.A.B.A.); Macella Camerano (Suiza).

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