No solamente la generación Z se siente atraída por Milei. No seamos tan malos y le tiremos toda la mierda a una generación. Los viejos también tienen una buena cuota de culpas en los Procesos Económicos de Saqueos.
El otro día subo a un taxi y el tachero era un viejo de unos sesenta años. Cara de cómplice del sistema, ojos saltones, panza que llegaba al manubrio, palada en atajada de Federal C y voz de avispa picazona. El viejo mientras navegaba, con la panza que llegaba al lado de arriba del manubrio, iba dando su lección cotidiana de Cafeína Milenista. El viejo conducía despacio y cada tanto largaba su labia de Lunfardo Milenista: «muchacho los Kukas no vuelven más». Decidí llevarle la corriente: «Mi tío es es Militar». Al viejo dos lagrimones le corrieron por el rostro. Yo miraba el espejito y parecía un viejo en el primer polvo con una de 19. Y de repente el viejo empezó a cantar fuerte «tira piedras, Kuka tira piedras». Tenía euforia adolescente pero era un X tempranero.
Después el viejo entra en confianza: «me estoy cogiendo una abogada de 40 años». No entendí el por qué decía esa confesión. Y así hablamos unos minutos. Llegamos a destino y le pago con diez mil pesos. El viejo me da el cambio y me larga una frase de despedida: «no me alcanza más la guita, vos sabés lo mal que estamos con el taxi». Le largo una despedida de amigo: «tranquilo ya va a mejorar todo. Tenga fe y ore a Dios». No creo que haya leído la Biblia o el diccionario de Satanás
Los Viejos son hijos de putas, estamos rodeados de viejos pajeros. ¿Cómo no vamos a tener una generación Z tan acalambrada de polvos suaves si tenemos viejos pajeros que hicieron la Escuela durante la Dictadura? Generación X no sos tan inocente como crees. Me encuentro con un mileniuns de ojos de mirada alegre. Nunca entendí a los Mileniuns y su alegría de la vida. No leyeron a Kafka o lo leyeron muy mal. Los cazafantasmas son su cine de culto. Repisas del recuerdo. Tiene 40 años al pedo. Al pedo porque nunca pudo insertarse en el Sistema de Reparto Capitalista. Está casado con una de su edad. La Mary tiene cara de devoradora serial. Y tetas caídas sin operar por falta de recursos económicos. Hijos del rigor menemista de infancias de todo por dos pesos en calle Corrientes en la Rosario agotada por el desempleo menemista.
Mi amigo me confiesa que nunca la esposa le entregó el chiquito. O sea, no hay caca en su pajarito. Pero tiene un sorete atravesado en el cerebro. Votó a Milei porque quería cobrar en dólares.
Los Z son hijos de padres pajueranos, de viagras para levantar el pajarito. Padres almaceneros o repartidores de desodorante. La pobreza crece y el olor a chivo hay que taparlo.
En esta Argentina 2025 trato de comprender a los Mileniuns. La hija de un amigo me seduce. Quiere aparentar ser una intelectual. Es una intelectual de redes donde opina sobre nutrición. No le doy bola. La dejo desear el deseo.
Vuelvo a mi casa y tomo otro taxi. Esta vez maneja un flaco con cara de volteador de viejas casadas. Va escuchando cumbia y hay un tema muy bueno. Lo he visto en redes al video: se sube a un Uber un policía, un tipo de unos cuarenta años. Maneja un Z de unos veinticinco años. El conductor empieza a cantar: «Sos un botón, nunca vi un Cana tan botón». El cana se pone nervioso y le hace parar el auto y le pide los papeles.
Me gusta eso de «Cana Botón», porque los canas no tienen generaciones porque todos son botonazos y con cara de darte con el palo por la cabeza.
En el turbulento panorama geopolítico de 2025, la política exterior Brasileña bajo el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva se perfila como un ejercicio magistral de equilibrio pragmático, o lo que los analistas denominan «No Alineación Activa» que representa en realidad un cálculo estratégico de alta complejidad: cómo aprovechar la rivalidad entre Estados Unidos y China sin terminar aplastado por ella.
Lula, con su experiencia acumulada en mandatos previos, ha revitalizado esta aproximación, posicionando a Brasil como un actor puente en el Sur Global, capaz de dialogar con Occidente mientras fortalece lazos con naciones emergentes como las que conforman los BRICS. Sin embargo, este pragmatismo podría diluir la identidad estratégica de Brasil, convirtiéndolo en un oportunista reactivo en lugar de un líder proactivo. En un mundo donde la bipolaridad se intensifica, ¿puede Brasil realmente «jugar en ambos bandos» sin quemarse?
El Liderazgo Regional en Sudamérica constituye una pieza fundamental en este rompecabezas geopolítico. Críticos como los analistas de la Carnegie Endowment señalan que esta ambición podría ser ilusoria en un contexto de fragmentación regional, donde países como Argentina bajo Javier Milei adoptan un Neoliberalismo radical que choca frontalmente con el Progresismo Lulista. Aquí radica una vulnerabilidad clave: la victoria de Lula en 2022, y su consolidación en 2025, ha impulsado una diplomacia activa para reforzar este Liderazgo, pero la complejidad del tablero sudamericano —con un Mercosur al borde del colapso— introduce elementos de inestabilidad.
El giro pro-Estadounidense de Milei no se explica por afinidades ideológicas superficiales, como se ha caricaturizado en algunos medios, sino por necesidades geopolíticas precisas de Estados Unidos, que ven en Buenos Aires una «Puerta Trasera» para contrarrestar la influencia Brasileña. Esta dinámica convierte a Argentina en un Peón Cautivo, independientemente de su Gobierno, el país del tango se ha convertido en el Caballo de Troya que podría desbaratar años de construcción de autonomía regional.
De acuerdo con análisis de centros de pensamiento como el CEBRI y expertos en relaciones internacionales, los escenarios futuros para Brasil se delinean en al menos tres trayectorias posibles, cada una cargada de riesgos y oportunidades. En el escenario optimista de «cobertura exitosa«, Brasil logra explotar la competencia sino-estadounidense en su favor, atrayendo inversiones chinas en infraestructura mientras negocia acceso tecnológico con Washington, todo ello sin comprometer su soberanía.
Sin embargo, el pesimismo acecha en el escenario de «Alineación Forzada«, donde la escalada de tensiones globales —por ejemplo, aranceles trumpistas o desaceleraciones chinas— obliga a Brasil a inclinarse hacia uno de los polos, sacrificando su autonomía. Finalmente, el declive se materializa en el escenario de «Irrelevancia Regional«, donde el fracaso en cohesionar Sudamérica —evidenciado por la desintegración del Mercosur y acuerdos bilaterales independientes de otros países— relega a Brasil a un rol secundario, incapaz de influir en agendas globales o regionales.
Estos escenarios no son meras especulaciones, se basan en datos concretos, como el comercio bilateral con China, que superó los 160 mil millones de dólares en 2024, contrastado con las tarifas estadounidenses que amenazan con erosionar exportaciones clave. La combinación para evitar el peor desenlace reside en la cohesión interna y regional, pero en un contexto de polarización doméstica y vecinal esta tarea se antoja hercúlea.
Aunque los escenarios futuros permanecen inciertos, los incentivos subyacentes pintan un cuadro donde la aproximación con China y Asia emerge como la opción más prometedora para el desarrollo a largo plazo de Brasil, en contraposición a una relación tensa con Estados Unidos, marcada por escasos beneficios tangibles y una abundancia de amenazas. Esta asimetría no es accidental: mientras Pekín despliega «zanahorias» en forma de inversiones masivas, Washington recurre a «palos» coercitivos, asumiendo que la presión económica doblegará la voluntad brasileña.
Sin embargo, un análisis crítico revela que esta estrategia estadounidense podría ser miope, ignorando lecciones de casos como Rusia, cuya economía ha demostrado resiliencia ante sanciones similares mediante pivotes hacia aliados no occidentales. En Brasil, las amenazas de aranceles —que en Julio de 2025 alcanzaron el 50 % sobre bienes clave, solo para reducirse parcialmente en noviembre debido a presiones internas en EE.UU.— han generado costos inmediatos. Pero, paradójicamente, han fortalecido la narrativa antiimperialista de Lula, consolidando su base y acelerando el giro hacia China.
La ambigüedad de estos incentivos complica la estrategia de cobertura brasileña. Un examen exhaustivo confirma que la propuesta de desarrollo china es económicamente superior: inversiones que duplicaron a 4,2 mil millones de dólares en 2024, enfocadas en energía, petróleo y manufactura, han posicionado a Brasil como tercer destino preferido para capital chino. Estos flujos no solo crean empleo en agricultura y extracción, sino que fomentan una cooperación Sur-Sur que genera superávits comerciales sustanciales, amortiguando impactos externos.
Críticamente, China ofrece «Hechos Consumados«, infraestructura crítica como puertos en São Luís, ferrocarriles que conectan el interior agrario y líneas de transmisión eléctrica que transforman la geografía económica. Esto pavimenta el desarrollo del Centro-Oeste y Norte brasileño, regiones clave para el agronegocio, financiado por demanda predecible de commodities como soja y mineral de hierro.
En contraste, los incentivos estadounidenses son abstractos y condicionados: evitar sanciones, mantener acceso al Sistema Financiero Global vía SWIFT y nichos en tecnología de vanguardia, pero siempre con «Manuales Políticos» que exigen alineamiento irrestricta a Estados Unidos.
El acuerdo de reducción de tarifas con EE.UU., negociado bajo Lula, resulta marginal en un contexto de proteccionismo persistente en sectores como acero, etanol y agricultura. Los beneficios para la industria paulista, mediante oportunidades en tecnología y exportaciones, son limitados, eclipsados por barreras no arancelarias y la volatilidad trumpista. Más aún, la «bomba argentina» no requiere una «guerra abierta» orquestada por Washington; el debilitamiento del Mercosur bajo Milei ya representa un triunfo geopolítico, permitiendo a EE.UU. pivotear hacia Buenos Aires si Brasil se torna «problemático». Esta percepción de vulnerabilidad brasileña impulsa la preferencia estadounidense por la coerción: amenazas que generan costos inmediatos, disuadiendo el acercamiento hacia China sin invertir en incentivos a largo plazo. Ofrecer beneficios podría interpretarse como recompensa por deslealtad, como la neutralidad brasileña en conflictos globales.
Sin embargo, un elemento subyacente en esta extorsión revela motivaciones más profundas: el sistema PIX de pagos digitales instantáneos, operado por el Banco Central de Brasil, representa una amenaza existencial para la hegemonía financiera estadounidense. Adoptado por el 76% de la población, PIX ha desplazado efectivo y tarjetas con transacciones gratuitas e instantáneas, reduciendo comisiones para comercios y desafiando modelos como WhatsApp Pay. En la visión de Trump, esto erosiona el dominio del dólar y del SWIFT, sistemas que mantienen a Brasil —y al mundo— atado a la órbita occidental.
La estrategia de amenazas y sanciones podría resultar contraproducente para Washington. Brasil ha respondido con represalias y un giro acelerado hacia China, con inversiones que se duplicaron en 2024-2025 y superávits comerciales que amortiguan los impactos. Think Tanks, como el Council on Foreign Relations y Brookings Institution, advierten que la coerción genera resistencia y fortalece narrativas antiimperialistas, beneficiando políticamente al gobierno de Lula.
China, por su parte, despliega incentivos transformadores: no solo capital, sino integración a cadenas de valor asiáticas que, aunque extractivas, ofrecen un modelo de desarrollo con financiamiento concreto. Los beneficios sistémicos incluyen conexión infraestructural que amplía el crecimiento, con superávits que financian reformas internas. Sí, es un modelo extractivo-exportador, pero en un Brasil que lucha por Reindustrializarse, representa un progreso tangible frente a las vagas promesas estadounidenses.
El dilema central se da entre seguridad y desarrollo: optar por China/BRICS maximiza el beneficio económico, capital masivo, mercados crecientes, pero eleva riesgos de seguridad, como represalias estadounidenses. Elegir EE.UU./Occidente asegura integración al sistema global —estabilidad financiera, acceso institucional—, pero a costa de desarrollo estancado, con mercados menores y menos inversión.
¿Se reduce esto a intercambiar una dependencia por otra? La dependencia sino-brasileña es estructural y productiva, manifestada en industrias extractivas y reprimarización de exportaciones, donde Brasil exporta bienes primarios (95 % de sus envíos a China) e importa manufacturados, inhibiendo diversificación industrial. Estudios como el de Lucas Peixoto Pinheiro da Silva, doctorando en King’s College de Londres, evolucionan del optimismo Sur-Sur a críticas matizadas de esta asimetría, que perpetúa desigualdades y vulnerabilidades ambientales. A cambio, China ofrece mercado insaciable para materias primas y capital para infraestructura que Occidente demora o ignora. La «trampa» radica en consolidar a Brasil como proveedor primario, limitando avances tecnológicos.
Por otro lado, la dependencia estadounidense es sistémica y financiera: control de SWIFT y el dólar (88 % de las transacciones brasileñas) expone a volatilidades y sanciones, sin contrapartidas en desarrollo productivo. EE.UU. garantiza acceso y estabilidad —F.M.I., Banco Mundial— pero bajo amenaza de exclusión, un «incentivo negativo» más poderoso que positivo. La ausencia de inversión real es el precio de esta «seguridad», manteniendo a Brasil como rehén geopolítico.
El futuro no dependerá de una elección clara entre estas dependencias, sino de una caminata constante sobre la cuerda floja geopolítica. El objetivo principal de Brasil será evitar que Washington active sus palos mientras cosecha todas las zanahorias chinas posibles. La debilidad del Mercosur y el giro argentino hacia Washington solo hacen que este equilibrio sea más precario, convirtiendo cada paso en un cálculo cuidadoso entre el desarrollo prometido y la seguridad exigida. En este juego de alto riesgo, Brasil busca lo que ningún otro país en su posición ha logrado completamente: beneficiarse de ambas potencias sin quedar atrapado en los fuegos cruzados de su rivalidad creciente.
Más de 150 trabajadores de la carne del Frigorífico Euro de Villa Gobernador Gálvez se encuentran tomando tomando las instalaciones de la empresa desde el día 10 de noviembre a la noche.
Esta acción se inscribe en un extenso conflicto que, desde enero de este año, implicó despidos de decenas de Compañeros, atrasos en los pagos de sueldos y finalmente la retirada de los empresarios del negocio.
Para poder continuar con la toma y otras medidas de fuerza, los Trabajadores necesitan de la Solidaridad y Apoyo del conjunto. En este momento, están solicitando Donaciones de Alimentos, ya que los 150 Obreros y sus Familias comen todos los días en la toma.
Hasta el día Martes 2 de Diciembre incluido, estaremos recibiendo en la Sede Gremial de COAD (Tucuman Nº 2254) alimentos que luego haremos llegar a los Trabajadores en conflicto.
Los horarios para acercar las donaciones son los habituales de apertura de la Sede Gremial: de Lunes a Viernes entre las 8 y las 20:00 hs. y el Sábado de 9 a 13 hs.
FACHADA DEL TRIBUNAL SUPREMO, A 12 DE NOVIEMBRE DE 2025, EN MADRID (ESPAÑA). GARCIA ORTIZ ESTÁ ACUSADO DE UN PRESUNTO DELITO DE REVELACIÓN DE SECRETOS CONTRA ALBERTO GONZÁLEZ AMADOR, PAREJA DE LA PRESIDENTA DE LA COMUNIDAD DE MADRID. -FOTOGRAFIA ALBERTO ORTEGA/EUROPA PRESS-
POR JORGE RENDÓN VÁSQUEZ
Una de las peores desgracias que pueden ocurrirle a una sociedad y a su Estado es la politización de la Justicia. La función del Poder Judicial determinada por la sociedad y el pacto social es resolver los conflictos jurídicos con imparcialidad, es decir aplicando estrictamente la letra de la ley, y con celeridad a las personas participantes de esos conflictos, cualesquiera que sean su edad, sexo, educación, profesión, ideológía, preferencia política, cultura, religión y otras creencias.
Lamentablemente, este no es el caso del Estado peruano ahora cuando el Ministerio Público y el Poder Judicial están dando muestras de una politización que descalifica a sus protagonistas, imbuidos de su poder y de la soberbia que este suscita en los espíritus deficitarios de moral.
La intervención política en la administración de la justicia, emitiendo órdenes de acusación o presionando a ciertos fiscales y jueces que se prestan a ese juego, resucita las lettres de cachet del antiguo régimen en Francia, emitidas por algunos altos funcionarios por un precio con las cuales se podía encarcelar a las personas sin expresión de causa. La presunción de inocencia, propuesta por el joven Cesare Beccaria, surgió contra esas iniquidades y fue, por eso, incorporada en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 (art. 9º) y, luego en casi todas las otras constituciones del mundo.
La inclinación de ciertos grupos políticos a infringir los derechos humanos no es privativa del Perú. Por su contagio y frecuencia pareciera un huracán que corre por encima de las fronteras. Felizmente, hay en todas partes gente proba que le advierte al pueblo que debe reaccionar. La pregunta que viene a continuación es si el pueblo reaccionará o si tiene los elementos conceptuales para reaccionar.
EL ARTÍCULO SIGUIENTE ES UNA CONTRIBUCIÓN LÚCIDA Y NECESARIA CONTRA LA POLITIZACIÓN DE LA JUSTICIA:
LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA, LA CARGA DE LA PRUEBA Y EL FISCAL GENERAL DEL ESTADO
Escribe Ramón Soriano -Catedrático Emérito de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla- Publicado en el Periódico PÚBLICO, 18/11/2925, por Internet.
El Proceso incoado al Fiscal General del Estado (FGE) es de extraordinaria importancia de cara a la historia y conquista de los derechos humanos, pues se refiere a un derecho fundamental, la presunción de inocencia, que forma parte de los primeros y más sustanciales derechos fundamentales, los denominados derechos fundamentales jurisdiccionales, que ya entran en el ordenamiento jurídico de algunos países, como Inglaterra, incluso antes de la época liberal de la segunda mitad del Siglo XVIII, cuando ya pasan a ser reconocidos en las constituciones liberales de América septentrional -los nuevos Estados Unidos Liberales en los que se convierten las Colonias Inglesas Americanas- y en Francia tras la Revolución de 1789.
La presunción de inocencia no se incorpora a estos ordenamientos jurídicos sola, sino acompañada de otras garantías jurisdiccionales, que hacen de antesala y complemento de la misma; una sucesión y culminación de garantías anteriores que desembocan en el derecho a la presunción de inocencia. El ejemplo más destacado es el de otra garantía, el principio jurídico in dubio pro reo: en caso de duda se favorece al reo. Es una garantía menor e incompleta, porque se refiere a la duda y cuando aún la carga de la prueba de la inocencia recaía en manos del inculpado. Éste aportaba las pruebas de su inocencia y en el caso de duda -obviamente estimada por los Jueces del caso- ésta podría jugar en favor de la absolución del procesado. La garantía procesal in dubio pro reo adquirirá con el tiempo mayor fortaleza e integridad y pasará a transformarse en el derecho a la presunción de inocencia, que significa que una persona es siempre inocente excepto si se demuestra -lo demuestra otro, el acusador- que es culpable. He ahí el recorrido que nos conduce a uno de los más relevantes derechos fundamentales, que sostiene y protege la Libertad de la Persona.
Podríamos seguir con otras garantías procesales confluyentes en este derecho y explicar su proceso histórico de reconocimiento jurídico, pero me pasaría de las 1300 palabras límite de este artículo. Una de ellas al mismo nivel que la presunción de inocencia es el derecho de habeas corpus contra las detenciones arbitrarias, consistente en que el detenido tiene que ser puesto a disposición del juez en un plazo de tiempo corto (en nuestra Constitución en 72 horas exigidas por el art. 17.2)
Permítanme una anécdota. Envié a mi colega Gregorio Peces Barba, ponente constitucional por el PSOE, encargado como de los derechos fundamentales del proyecto de Constitución el texto con una extensa fundamentación de un posible artículo constitucional sobre el habeas corpus, rara figura inexistente en el sistema jurídico continental europeo (sí en el anglosajón), que fue una propuesta de Peces Barba, experto como catedrático de Filosofía del Derecho, mi especialidad, en derechos fundamentales. Mi texto ya en poder del ponente pasó sin pena ni gloria como he referido en un episodio de mis Memorias de un ciudadano de a pie por las instancias sucesivas de los debates constitucionales y hoy da contenido y forma al art. 17. 4 de la Constitución. Los constituyentes poco sabían de la figura procesal de habeas corpus. El profesor Peces Barba me agradeció mi colaboración editando en el Servicio de Publicaciones del Congreso de los Diputados, del que fue presidente, mi monografía El derecho de habeas corpus.
Hasta el reconocimiento de la presunción de inocencia la carga de la prueba era del inculpado, que tenía que demostrar que era inocente. Después en ordenamientos jurídicos pioneros y sobre todo en los liberales se invierte la carga de la prueba. Es el acusador quien tiene que demostrar que el inculpado no es inocente; a él le corresponde la práctica de la prueba; al inculpado, el silencio, si lo desea. Hay un proceso de maduración y protección de la inocencia del inculpado mediante las exigencias cada vez más onerosas de la carga de la prueba, que se ve con claridad siguiendo la reforma y racionalización de la prueba inculpatoria en las sucesivas leyes penales y de enjuiciamiento criminal, que van apareciendo a partir de la constitución en Europa del Estado de Derecho, el primer y rudimentario modelo de Estado de Derecho, que desde el siglo XVIII va transformándose en un Estado de Derecho democrático y social. Es la fórmula de Estado de Derecho de la Constitución española, reconocido en el art. 1. 1.: «España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo políticos». Estos valores jurídicos se concretan y determinan en los derechos fundamentales, figurando entre ellos, destacado, el derecho a la presunción de inocencia. Así se expresa el art. 24. 2 de la Constitución: «Todos tienen derecho a la presunción de inocencia».
Vayamos ahora al grano. ¿Cómo es esa presunción de inocencia de nuestro ordenamiento jurídico?. Siempre la legislación se queda corta, porque no puede prever la extraordinaria riqueza y versatilidad de los casos de la realidad, para los que hay que desvelar la solución justa de acuerdo con las leyes. El legislador no puede crear normas jurídicas, que contengan todos los casos de la realidad contemplados en ellas. Es imposible. Necesita la ayuda de la jurisprudencia complementaria y conformadora de la legislación. El legislador necesita del juez siempre actuante en el marco brindado por el legislador. Pues bien, desde la instauración de la democracia en España la presunción de inocencia ha ido alcanzando unas características en favor del procesado y gravosas para el acusador por obra de la jurisprudencia, insistiendo en los requisitos necesarios que deben acompañar a la prueba de cargo, para que ésta pueda determinar la condena del procesado. En reiteradas sentencias el Tribunal Supremo ha exigido que la prueba se traduzca en «auténticos actos de prueba» y a tal efecto ha ido señalando los requisitos que conforman la autenticidad. Veamos:
REQUISITOS MATERIALES DE LA PRUEBA
-El primero y principal consiste en que la carga de la prueba corresponde al acusador; el inculpado no tiene la obligación de declarar. -La prueba demostrada por el acusador tiene que ser suficiente. No bastan las conjeturas ni la duda razonable. -La prueba tiene que referirse a hechos concretos. No valen intenciones, suposiciones, manifestaciones de voluntad, etc. -La prueba tiene que ser completa mediante, primero, la evidencia del hecho delictivo y, segundo, la constatación indubitada de la participación en él del acusado
REQUISITOS FORMALES DE LA PRUEBA
-La prueba tiene que practicarse con sujeción al respeto de los derechos fundamentales del acusado; de lo contrario sería nula de pleno derecho. -La prueba tiene que demostrarse en el juicio oral exclusivamente con publicidad y ante el órgano juzgador.
Concluyendo, en el Proceso incoado al FGE no se ha producido ni una sola prueba inculpatoria con los caracteres indicados. Nunca debió de celebrarse este juicio sin el apoyo inicial de prueba alguna y referido a una alta institución del Estado. Espero la absolución del FGE. Durísimo golpe para los juristas, si así no fuera, y para la sociedad española, que ya tiene demasiado perdida la confianza en las instituciones del país, debido a la confluencia de muchos meteoritos contra la frágil democracia española. Si el FGE no fuera absuelto sería el caso más clamoroso de la aplicación del Derecho al revés. Y generaría la sospecha de revanchismo en el seno de los poderes estatales. De los tres magistrados causantes de la celebración de este juicio, uno fue fiscal general propuesto por el PP, otro se opuso a la condena del PP a título lucrativo en el caso Gürtel y el tercero tiene familiares directos (esposa e hijo) Militantes del PP. Y la UCO de la guardia civil, la tan admirada benemérita, manipulando declaraciones y cruzándose de brazos sin investigar a nadie más que al FGE. Así nos va.
La generación Z es una generación de descarte, partamos de ahí. Es la generación que nace entre 1995 y 2010. Es la generación hija de padres X (1965/1980) y mileniuns (1981/1994). Es una generación la Z que nace durante el Menemismo y los años de bienestar Kirchneristas.
Hijos de padres con empleos o que lograron insertarse en el Sistema de Reparto Capitalista. Los nacidos entre 1995 y 2002 son diferentes a los nacidos posteriormente; atravesados los primeros por la crisis de fines del Siglo XX y la crisis de 2001, los cuales vivieron la primera niñez viendo a padres caer en el desempleo y angustiados por el corralito. Dirán que los mileniuns de principios de los ’90 nacieron viendo a padres derrumbados y fracasados, sí. Pero es diferente todo. Los mileniuns nacidos en los ochenta son hijos de los baby boomers al igual que los X y los primeros X son hijos de la generación silenciosa que atraviesa el Proceso Capitalista de los años treinta y cuarenta. Pero no nos vayamos tan lejos, acá lo que interesa es ver a la generación Z.
La generación Z es el soporte de las redes sociales que desprecia la TV y la lectura de libros en papel. Si bien los mileniuns se criaron frente a la pantalla de TV y ven el proceso de la internet en sus primeros años, la Z tiene su infancia con la internet ya desarrollada como medio masivo de comunicación.
La generación Z llega a su adolescencia con las redes sociales en su mayor esplendor. Es la generación de lo «rápido», de la imagen al instante que pasa de pantalla a pantalla y no se detiene a analizar nada. Es la generación del chiste conservador con erotismo pacato. La generación Z no se ríe del chiste porno como la generación X. Es una generación la Z que en apariencia integra y tiene «Libertades» sexuales. Digo en apariencia porque no las tiene, es conservadora, vive una falsa integración y sufre el desempleo.
¿Por qué digo al principio la generación del descarte? Porque esta generación es la generación del empleo precario: Uber, delivery, empleos de muchas horas, empleos sin futuro a la vista. Trabaja un mes y es despedida. Es la generación que menos bienestar y dinero ha manejado en la historia.
La generación Z es la generación hija del rigor capitalista. Si el capitalismo nace como explotación del obrero y se lucha por su bienestar: jubilaciones, 8 horas, descanso, aguinaldo; la Z retrocede y de ocho horas pasa a 12 horas y al no pago de aguinaldos. Por eso vemos a jóvenes defendiendo con rigor de militantes a la Reforma Laboral, porque la Reforma con sus 12 horas y esa explotación es lo que los va a insertar en la explotación capitalista.
El Capitalismo Moderno no funciona con el látigo y el fusilamiento. Estamos en otro Capitalismo, donde la Ley viene a reemplazar al látigo. La generación Z consumidora de redes y participe de ese medio comunicacional cree que su vida va a pegar un salto. Al no ver futuro en el trabajo como lo veían sus padres la Z apuesta al futuro de la motosierra. Milei con su ejército de militantes de redes los va captando y así obtiene muchos votos.
La Z se dice apolítica, es una generación que bordea la política y le da su voto a los candidatos de Milei pero no sabe lo que están dando. . La generación Z no lectora de libros, con poco talento intelectual y con mucha memoria visual rápida no se detiene a reflexionar qué es la política para ellos. Sus padres no les enseñaron quizás a diferenciar entre explotadores y explotados. La generación Z es el soporte perfecto para que los liberales puedan aplicar sus planes económicos a su antojo.
Estamos ante el Dilema Capitalista de que ser «Apolítico» es votar a políticos que ajustan y hacen tratos con los Poderes Capitalistas Mundiales.
Mientras los Z se divierten «jugando» a ser «libres» desde la política institucional libertaria les van quitando libertades e insertándolos en la explotación sin derechos laborales.
Estimo que el grave -aunque más que previsible- episodio de la condena a Cristina Kirchner debe dimensionarse correctamente, para lo cual es necesario llamar la atención en especial en algunos aspectos.
1) La escena de la Cámara de Casación no es de un teatro de la calle Corrientes, sino de Hollywood. No nos confundamos: no es de política chica, sino de Política Internacional, es decir, de la “Verdadera Política”, como decía Perón. La criminalización de líderes populares (Castillo, Correa, Evo, Lula, Cristina y otros), llámese “Lawfare” o como se quiera, se ocupa de demoler las magistraturas de nuestros países, para paralizar toda resistencia nacionalista o de defensa de nuestras soberanías contra la depredación del actual colonialismo financiero transnacional.
2) Si alguna duda queda, basta con verificar la reiteración –o plagio- del mismo modelo de Sentencia típico: cientos de hojas, relatos interminables, amontonamiento de adverbios (“obviamente”, “claramente”, “indudablemente”, “incuestionablemente”) que “dan por probada” con “total certeza” la Responsabilidad Penal. El ejemplo más acabado de esta apariencia de Sentencia es el “caso Sobornos” de los Jueces “Interinos” nombrados por el delincuente Lenin Moreno en Ecuador, donde incluso también hubo un “Cuaderno” memorioso.
3) Perderse en consideraciones jurídicas y de política local es peligroso, porque se minimiza el caso, se le hace perder su verdadera dimensión. Lo mismo sucede cuando se habla de “derecha” o de “izquierda”. La Demolición Institucional que sufrimos no es una cuestión de cómo se sentaron los Revolucionarios Franceses en el norte en el Siglo XVIII, mientras se transportaban Miles de Esclavos a América y a ninguno de ellos les importaba, sino de opción entre Soberanía Nacional o Dependencia Colonialista. El juego no es de “campanario”, sino de geopolítica mundial y regional.
4) No debe perderse la dimensión real del fenómeno, puesto que, al poner de manifiesto el Caos Institucional y la enorme pérdida de confianza pública en la Magistratura, arroja dudas nada menos que acerca de la viabilidad del Republicanismo, de la Democracia y del Liberalismo Político (no “económico” ¡Dios nos guarde!), en el actual momento mundial y regional de financiarización económica y consiguiente Colonialismo Financiero. Sabemos que estos valores no son perfectos, pero los debemos defender porque hasta el momento no conocemos otros mejores.
5) La “Ley de Ficha Limpia” es otra iniciativa inconstitucional y también plagiada, no es original. Se la hicieron promulgar a Lula y después se la aplicaron para meterlo preso. De respetarse nuestra Constitución y el Derecho Internacional, nadie puede ser considerado culpable hasta que lo declare una Sentencia Firme, es decir, no susceptible de ser sometida a otra instancia interna.
6) La privación de pensiones, si corresponde o no, es una Decisión Judicial y que nunca puede afectar derechos adquiridos, pero en modo alguno la puede decidir la Administración. El problema también excede en mucho la privación de la pensión a Cristina: el Ejecutivo, desde que asumió, está Legislando por vía de Decretos y Vetos, sin que eso sea motivo de Escándalo, sino de Asados. No puede extrañar que asuma ahora funciones judiciales: quizá merezca un Cocktail.
7) La sentencia contra Cristina pone de manifiesto que carecemos de un verdadero Poder Judicial: ningún ciudadano o habitante de la Nación está a salvo de que se le aplique una ley inconstitucional o que se le someta a cualquier sanción porque a un juez se le ocurra interpretar en forma disparatada una ley.
8) Todos los habitantes de la Nación estamos sometidos al riesgo de cualquier arbitrariedad: si esto se le hace a la cabeza del partido opositor, ¿qué no se le podrá hacer al vecino de la esquina? ¿Hay en el mundo algún Poder Judicial que no garantice la supremacía constitucional ni unifique interpretaciones? Sí, el nuestro y, por eso, es una Magistratura, pero no un Poder Judicial.
9) Nuestra Magistratura cuenta con muchísimos Jueces que nada tienen que ver con estas manipulaciones en función de condicionamientos geopolíticos, pero cuando quienes están en las posiciones claves decisivas se avienen a ellos, la situación institucional puede graficarse como un partido de fútbol sin referí ni juez de línea: el resultado no puede ser otro que varias piernas fracturadas.
10) La Sentencia contra Cristina nos recuerda a todos que en el actual CAOS INSTITUCIONAL se nos puede privar de cualquiera derecho, porque no tenemos a quién reclamarle su eficacia, su vigencia, su respeto. Los Derechos declarados en la Constitución y en las Leyes, cuando no hay a quién reclamarle su eficacia, SON MEROS PAPELES IMPRESOS.
HACE DOS DÉCADAS, EN MAR DEL PLATA, SE GRITABA «ALCA, ALCA… AL CARAJO».
Ese «No» histórico al Área de Libre Comercio de las Américas, impulsada por Washington, marcó un punto de inflexión. HOY, A 20 AÑOS DE ESA GESTA, Estados Unidos vuelve a acechar a la región con una Estrategia Multidimensional para asegurar lo que su élite política y militar aún llama su «PATIO TRASERO».
Las señales son múltiples y concurrentes: la amenaza bélica contra Venezuela (que extiende su sombra sobre Colombia), el alineamiento económico de la Argentina de Milei, la seducción al Ecuador de Daniel Noboa, la guerra híbrida contra el México de Claudia Sheinbaum —con ataques de narcotraficantes a las autoridades seguidas por manifestaciones destituyentes de la autoproclamada “generación z”), — y el sempiterno bloqueo a Cuba junto al hostigamiento a Nicaragua. No son hechos aislados. Son iniciativas de una misma política geopolítica cuyo fin fue explicitado por la entonces jefa del Comando Sur, la general Laura Richardson: asegurar el acceso a los insumos críticos de la región y mantener un mercado para sus productos, en el marco de su disputa hegemónica con China.
Entre estos escenarios, la amenaza militar a Venezuela destaca por su crudeza. Dejando de lado las consabidas y sesgadas interpretaciones que hacen los analista del establishment pro-occidental y sus usina mediáticas internacionales, las lecturas sobre sus causas se agrupan en tres posturas principales:
1. La tesis del petróleo: EE.UU. busca apoderarse de las mayores reservas petroleras del mundo, ante el eventual agotamiento de sus propias en algunas décadas.
2. La tesis de la presión negociadora: Donald Trump buscaría forzar concesiones petroleras a Nicolás Maduro, recurriendo a la amenaza de un «cambio de régimen» si no lo logra.
3. La tesis del «farol»: La retórica bélica sería una puesta en escena para complacer a la base electoral anticastrista de Florida y al complejo militar-industrial.
Estas tres visiones, más que excluyentes, son capas de una misma realidad compleja. Sin embargo, al centrarse casi exclusivamente en el petróleo, suelen pasar por alto otro objetivo estratégico de igual peso: EL ORO. En un contexto donde el dólar pierde confianza como reserva de valor global, el control de las vastas reservas auríferas de Venezuela y los países amazónicos (Colombia, Ecuador, Brasil y Perú) se vuelve una obsesión geopolítica.
Incluso en el plano estrictamente petrolero, la conquista militar de Venezuela sería contraproducente para EE.UU. Inundar el mercado con más crudo desplomaría los precios internacionales, haciendo inviable su propia producción de fracking, que requiere valores superiores a los 60 dólares por barril para ser rentable. O sea que ya no sólo no podría exportar sus excedentes a Europa, como prometido a la luz del conflicto Ucrania-Rusia, sino que todas las ingentes inversiones realizadas en las décadas anteriores irían a la ruina creando un caos en la economía norteamericana. O sea que ya no sólo no podría exportar sus excedentes a Europa, como prometido a la luz del conflicto Ucrania-Rusia, sino que todas las ingentes inversiones realizadas en las décadas anteriores irían a la ruina creando un caos en la economía norteamericana.
La clave, entonces, no está en una sola commodity. Para entenderla, debemos ampliar el foco hacia la disputa global. Estados Unidos no se resigna a un segundo lugar frente a China y ha decidido disputarle la primacía en todos los terrenos y en todos los territorios. El objetivo real en América Latina es el disciplinamiento.
¿CÓMO SE CONCRETA?
En lo político: Debilitando organismos de integración regional como la CELAC y apoyando a gobiernos de derecha afines.
En lo económico: Disuadiendo a los países de comerciar con China y presionándolos para que se asocien «libremente» con Washington en sus términos.
En lo estratégico: Disuadiendo cualquier iniciativa soberanista en materia comercial, militar o diplomática.
La restauración neoliberal de la última década, liderada por el Grupo de Lima, ya mostró este manual: se dinamitó la UNASUR y se aisló al llamado «EJE DEL MALl»: Venezuela, Nicaragua y Cuba.
A veinte años exactos del «No al ALCA», la estrategia es la misma, pero con métodos adaptados: mucho palo y poca zanahoria. Parafraseando la célebre consigna de campaña de Bill Clinton, en América Latina hoy el mensaje es claro:
NO ES SÓLO EL PETRÓLEO, «¡ES LA GEOPOLÍTICA, ESTÚPIDO!».
TEJER UNA RED DE ESTADOS CLIENTELARES EN LA ERA DEL INTERVENCIONISMO ILIBERAL
En el panorama de la política internacional de 2025, la administración Trump ha marcado un quiebre radical con las alineaciones ideológicas tradicionales, optando por un enfoque que privilegia transacciones oportunistas y cálculos geoestratégicos por encima de principios éticos o alianzas históricas. Este viraje, que podría denominarse «intervencionismo iliberal«, fusiona la intervención estatal —donde el gobierno arbitra activamente en la economía y la sociedad para moldear resultados— con el iliberalismo, caracterizado por regímenes que mantienen la fachada electoral mientras vacían metódicamente las libertades civiles y debilitan la separación de poderes.
El núcleo de esta estrategia radica en dos pilares: el enfoque transaccional y el geoestratégico. El primero se basa en negociaciones directas y recíprocas, un «quid pro quo» donde se ofrecen incentivos o se amenazan con penalizaciones para extraer concesiones inmediatas. Lejos de la diplomacia multilateral basada en normas compartidas, este método trata las relaciones internacionales como un mercado de trueques, donde el valor se mide en beneficios tangibles como acceso a recursos, votos en foros globales o contención de rivales.
Complementando esto, el enfoque geoestratégico enfatiza factores geográficos —ubicación territorial, rutas comerciales, recursos naturales y dinámicas regionales— para potenciar la seguridad y la influencia nacional. Inspirado en teóricos como Halford Mackinder, con su teoría sobre el control del «corazón euroasiático”, este prisma analiza cómo el dominio de espacios clave, como estrechos marítimos o regiones ricas en energía, redefine el equilibrio de poder. En un mundo multipolar, donde China y Rusia desafían la hegemonía estadounidense, esta estrategia implica alianzas tácticas para contrarrestar amenazas, asegurar suministros críticos y explotar vulnerabilidades geográficas de adversarios. Críticamente, este enfoque puede justificar intervenciones que bordean el cinismo: por ejemplo, respaldar regímenes opresivos si sirven como baluartes contra rivales mayores, sacrificando ideales democráticos en aras de ventajas posicionales.
La fusión de estos enfoques en la política de Trump en 2025 genera un pragmatismo que, aunque efectivo en lo inmediato, socava los relatos oficiales de principios fundamentales. Prioriza tratos oportunistas para ganancias geográficas —como el control de flujos energéticos o la contención de potencias como Rusia, China e Irán— a expensas de la coherencia moral o las alianzas tradicionales. Este «pragmatismo al costo de los principios» se manifiesta en el apoyo a actores disruptivos en regiones clave: Hungría en Europa Central, Argentina en América Latina y, sorprendentemente, figuras controvertidas en Siria como Ahmed al-Sharaa.
Estos no son meros rescates financieros; son inversiones geoestratégicas con un gran componente de negocios, donde las necesidades de financiamiento de estos países se convierten en condicionalidades para alinearlos con agendas estadounidenses. El objetivo subyacente: forjar un «Cinturón de Estados No Alineados» en Eurasia y América Latina, debilitar la unidad europea, asegurar corredores energéticos, contener la expansión china, monopolizar minerales críticos y reconfigurar prioridades en Medio Oriente. Todo ello, mediante transacciones que convierten la geopolítica en un mercado de influencias.
En el contexto de la Unión Europea (U.E.), esta estrategia erosiona la unidad transatlántica mediante acuerdos bilaterales que anteponen intereses estadounidenses a la cohesión del bloque. Trump ha impuesto tarifas del 20% a importaciones europeas, lo que obliga a Europa a «prepararse para el impacto» en ámbitos como el comercio, la defensa y el apoyo a Ucrania, donde la dependencia de la OTAN se ve amenazada por un repliegue estadounidense. Geoestratégicamente, explota divisiones internas —como los vetos húngaros— para minimizar compromisos militares en el continente, promoviendo un bilateralismo intimidante que socava el multilateralismo. El resultado es una U.E. forzada a buscar mayor autonomía estratégica, pero con riesgos de fragmentación si no responde de manera unificada.
Hungría emerge como un caso paradigmático de esta dinámica. Bajo Viktor Orbán, el país ha evolucionado hacia un iliberalismo que desafía los valores europeos. El 1º de enero de 2025, al concluir su presidencia rotatoria del Consejo de la U.E., Hungría enfrentó un deterioro abrupto: la Comisión Europea tomo la decisión de retener Mil Millones de Dólares en ayuda por violaciones al estado de derecho, invocando el Artículo 7 del Tratado de Lisboa. Este mecanismo, diseñado para suspender derechos como el voto en el Consejo ante infracciones graves a principios, como la democracia y los derechos humanos, ha sido un arma de Bruselas contra Budapest desde 2018. El veto por unanimidad en la U.E. otorga a Hungría un poder para muchos desproporcionado: ha bloqueado sanciones contra Rusia, especialmente en energía, citando su dependencia del petróleo ruso; ha obstaculizado el Fondo Europeo para la Paz, que reembolsa ayuda militar a Ucrania, y ha diluido paquetes financieros como la modificación del presupuesto plurianual o la emisión de eurobonos para la recuperación NextGenerationEU.
Desde Bruselas, una Hungría sin voto sería ideal para desbloquear estas obstrucciones, pero Orbán ha contraatacado con astucia. Bajo amenaza, viajó a Washington para reunirse con Trump, regresando con promesas de un «escudo financiero» estadounidense. «Ciertos instrumentos de Bruselas que podían utilizarse contra Hungría ahora pueden considerarse ineficaces», declaró Orbán, aludiendo a que la economía de su país ya no podría ser «estrangulada» financieramente. El acuerdo, opaco como un velo diplomático, podría involucrar swaps, préstamos o acuerdos de recompra de euros, posiblemente recurriendo al F.M.I. si el Banco Central Europeo (B.C.E.) se resiste. La oposición húngara ignora los detalles, pero la contrapartida es clara: a cambio de exenciones en sanciones al petróleo ruso por un año, inversiones en reactores nucleares y 700 Millones de Dólares en defensa, Hungría se posiciona como un «caballo de Troya» en la U.E., debilitando su unidad desde dentro.
Este quid pro quo ejemplifica el enfoque transaccional: EE.UU. ofrece alivio económico a Orbán, legitimando su régimen y proporcionando acceso a tecnología y protección financiera frente a presiones europeas. A cambio, Hungría otorga preferencias a empresas estadounidenses en energía y defensa, excluye a rivales chinos, como Huawei, de proyectos críticos y alinea su diplomacia en foros como la O.N.U. Geoestratégicamente, Hungría sirve como cabeza de puente en Europa Central, influyendo en los Balcanes y contrarrestando la influencia rusa y china. Su ubicación geográfica —en el corazón de rutas energéticas como el gasoducto TurkStream— la convierte en un nodo rotador para diversificar suministros europeos y reducir dependencia de Moscú. Económicamente, la retención de fondos europeos —una herramienta para disciplinar— se debilita si Hungría demuestra resiliencia mediante patrocinadores externos, forzando concesiones de Bruselas y erosionando la coherencia unionista. El objetivo húngaro es lograr que el costo de su aislamiento dentro de la U.E. sea prohibitivamente alto para Bruselas.
En tal sentido, emergen paralelismos con Argentina, donde la administración Milei enfrenta crisis económicas agudas, deudas abrumadoras y necesidad de financiamiento. El acuerdo con Trump, igualmente turbio, implica rescates financieros —posiblemente préstamos del Tesoro o garantías para bonos— a cambio de alineamientos geopolíticos. Argentina, rica en litio y recursos energéticos en Vaca Muerta, se convierte en un baluarte contra la influencia china en América Latina, donde Pekín ha invertido masivamente en infraestructuras. Transaccionalmente, EE.UU. ofrece alivio de deuda para que Buenos Aires excluya a Huawei de redes 5G, priorice exportaciones de minerales críticos a Occidente y apoye posturas anti-izquierdistas en foros como la OEA.
Geoestratégicamente, esto fortalece un «Cinturón de Estados No Alineados» en el hemisferio sur, conteniendo la expansión china y asegurando cadenas de suministro para baterías y energías renovables. Este enfoque ignora las vulnerabilidades internas de Argentina: reformas liberales extremas podrían exacerbar desigualdades, generando inestabilidad social que socave la alianza a largo plazo. Además, al priorizar transacciones bilaterales, Trump debilita instituciones como el Mercosur o multilaterales, como el F.M.I., donde Argentina ha dependido de rescates condicionados, optando por un clientelismo que recuerda a una Doctrina Monroe actualizada.
El caso más controvertido involucra a Siria y Ahmed al-Sharaa, un ex militante vinculado a Al Qaeda, apodado «decapitador» por su pasado violento. En 2025, Trump lo recibe en el Despacho Oval, un gesto de reconocimiento político que legitima a una figura repudiada internacionalmente. El objetivo geoestratégico: contener la influencia iraní en Medio Oriente, donde Teherán respalda milicias chiíes. En lugar de combatir uniformemente a extremistas, EE.UU. negocia con facciones suníes para que ataquen proxies iraníes, aplicando el principio cínico de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo». Transaccionalmente, se ofrece inteligencia, recursos encubiertos y control de territorios petroleros a cambio de presiones militares contra Irán. Esto podría desbloquear sanciones Caesar —bloqueadas por el Congreso— para permitir reconstrucción posbélica financiada por países del Golfo y occidentales, integrando Siria a economías aliadas.
Sin embargo, los costos son elevados: en cuanto a reputación, perturba a aliados como Egipto y Emiratos Árabes Unidos, escépticos del islamismo de al-Sharaa; en términos morales sacrifica principios al negociar con un asesino, erosionando la credibilidad estadounidense en los derechos humanos. Desde una perspectiva económica, persisten barreras para inversiones masivas, y el riesgo de inestabilidad —si al-Sharaa revierte alianzas— podría escalar conflictos regionales, afectando precios globales del petróleo. Geoestratégicamente, afianza a Israel al reducir amenazas iraníes, y fomenta un Medio Oriente fragmentado.
En síntesis, estos rescates no son filantropía; son herramientas de una política exterior transaccional que fortalece geopolíticamente a EE.UU. mediante alianzas con personajes disruptivos, debilitando bloques rivales y asegurando recursos. Críticamente, esta estrategia es miope: fomenta autoritarismo global, erosiona normas internacionales y no genera reacción de una U.E. que debería ser más autónoma. En un mundo interconectado, priorizar tratos sobre principios podría aislar a EE.UU., recordando las lecciones de realistas como Henry Kissinger: EL PODER SIN LEGITIMIDAD ES EFÍMERO. Trump, en 2025, apuesta por el corto plazo, pero el tablero geopolítico podría volverse en su contra si las transacciones fallan.
La Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Santa Fe hace saber que, en el marco de las políticas de modernización y acceso a la información, se ha dispuesto la puesta en funcionamiento de la nueva “Plataforma de Atención Digital Asistida – JUSTINA”.
Esta herramienta, desarrollada en el ámbito del Poder Judicial, establece un canal de atención automatizada, accesible tanto desde el sitio web institucional como a través de la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp.
La Plataforma Justina incorpora un sistema de chatbot basado en flujos de conversación predefinidos, que guía al usuario en la obtención de información que brinda el sistema de manera automatizada y canaliza sus consultas, derivándolas a responsables humanos en caso de ser necesario.
La trazabilidad de las conversaciones permite al usuario de “Justina” transitar de manera ágil e intuitiva el árbol de información definido. Así, el flujo de conversaciones que se establecen permite acceder en fracción de segundos a toda la información con que cuenta la plataforma.
Este sistema facilita el acceso ágil y eficiente a los servicios judiciales, optimizando la comunicación externa y favoreciendo la autogestión de profesionales y ciudadanos, al tiempo que reduce la dependencia de los canales tradicionales de atención.
BENEFICIOS CIUDADANOS:
Acceso rápido y sencillo: Los ciudadanos podrán obtener información relevante y realizar consultas de manera inmediata, sin necesidad de desplazarse físicamente ni esperar en líneas telefónicas. Disponibilidad permanente: El sistema estará disponible las 24 horas, permitiendo realizar gestiones en cualquier momento, adaptándose a las necesidades de cada usuario. Mayor transparencia: La plataforma facilita el acceso directo a datos y publicaciones oficiales, promoviendo la transparencia en la gestión judicial. Derivación eficiente: En caso de que la consulta no pueda ser resuelta por el sistema, será derivada automáticamente a un responsable humano, garantizando una respuesta adecuada. Autonomía en la gestión: Los ciudadanos podrán autogestionar trámites y consultas, reduciendo tiempos y simplificando procesos. Implementación gradual y escalonada
La implementación de esta plataforma se realizará en una primera etapa, abarcando temas de interés general, con el objetivo de evaluar su desempeño y, posteriormente, ampliar sus funcionalidades conforme a las necesidades y requerimientos de los usuarios.
ACCESO EXCLUSIVO JUDICIALES
Próximamente, el personal del Poder Judicial contará con una sección específica para la gestión de trámites internos y solicitudes de soporte técnico. La Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Santa Fe reafirma así su compromiso con la innovación, la transparencia y el acceso a la justicia.
La ficción, siempre la ficción fue el condimento para vivir en la plenitud. Foucault solía decir que la realidad es una ficción y que la ficción se nutre de la realidad. Hay una novela que siempre me impactó desde la primera vez que la leí (creo que la leí 32 veces a lo largo de mi vida): El Desierto de los Tártaros, de Dino Buzzati. La novela no tiene un país definido ni una época definida, pero podríamos decir que se desarrolla en el Siglo XIX por la ambientación histórica.
El Desierto de los Tártaros fue publicado por primera vez en 1940; época del fascismo en Italia y de la Alemania nazi. Y de la vorágine capitalista de Estados Unidos y de Inglaterra en el mundo. Pero Buzzati no escribe una novela para despacharse sobre el fascismo, aunque la novela tiene vericuetos interesantes sobre actitudes fascistas en sus protagonistas; pero la novela no habla del fascismo en forma lineal. Tampoco es una novela existencialista donde se plantee la existencia como condición de la vida. La novela es una ficción muy lograda sobre una fortaleza en un desierto incierto donde se espera una invasión de los tártaros; una invasión que todos esperan, los viejos y los jóvenes.
El teniente Giovanni Drogo al salir de la academia militar es destinado a cumplir su primer destino en esa fortaleza militar cuyo nombre es Fortaleza Bastiani. El teniente va con su caballo y su capa de recién salido de la escuela militar. Es un joven altivo, un militar de vocación, un romántico podríamos decir. En el camino se pierde yendo por las montañas y ve un caballo a lo lejos con un militar ahí montado con uniforme de alta jerarquía. El joven llega a su encuentro y el militar, rostro cansado, de apatía y desilusión lo mira con ternura y le indica el camino a la fortaleza.
El joven llega a su destino y se presenta al General a cargo de la fortaleza. Le destinan un cuarto, muy chico con un armario y unos estantes para poner libros. Quiere leer, es muy lector y muy culto. Pero el ruido de una canilla que gotea no lo deja concentrar. El joven al otro día pregunta por esa gotera y nadie le da importancia. Trata de llegar a un jerarca y le dice que esa gotera es parte de la fortaleza y deberá convivir con ella.
El joven quiere irse de la fortaleza. Habla con muchos, nadie lo escucha. Va al médico de la fortaleza y finge una enfermedad y le dicen que le van a dar un certificado para que se vaya a la ciudad. El certificado tarda meses. Le dicen que lo debe firmar un general. El joven se va a la ciudad y habla con el general y el general le habla de lealtades y éticas y de su futuro militar y le promete que va a enviar firmado el certificado y su traslado. Pasan así los años, Drogo va ascendiendo y vive en esa fortaleza. Cambia de pieza y escucha ruidos de martillos y desea volver al ruido de la gotera. Todo ahí es apático, a nadie le interesa nada. Los diálogos son superficiales. Su vida se va apagando en el aburrimiento.
Dino Buzzati fue un escritor que escribíó novelas cortas de 120 páginas o 150. Tiene un libro de cuentos también muy bueno donde incluye el cuento del extraterrestre que llega a la tierra y se encuentra con dos hombres que miran televisión tirados en una cama. Vuelve a la nave y dice que en la Tierra la gente se la pasa mirando un aparato con personas adentro.
¿Qué quiero decir en este escrito? Buzzati fue el Kafka italiano; el escritor del sin sentido de las cosas. No es existencialismo que trata de explicar todo. A veces las cosas no tienen sentido, no tienen una razón de ser. A Buzzati le molestaba que lo compararan con Kafka, él se decía que tenía un estilo diferente.
Pero no es malo (uso la palabra malo en un sentido literario) las comparaciones porque todos escribimos teniendo como espejo a otros escritores. De eso se trata la escritura, o como decía Lacan que escribir es volver a decir lo que ya se dijo pero de otra forma. O sea, no se dice nada nuevo, se dice de otra forma.
Quizás el presente, la Argentina tan vulgar y tan falta de dignidad en la que hemos caído tenga mucho que ver con la obra de Buzzati. O quizás no. Pero yo me veo en el espejo de mi país y el espejo de Buzzati para tratar de comprender el presente.