
MALVINAS ARGENTINAS

Desde 1988, un espacio de pluralidad e intercambio



POR SERGIO RUBEN ROSSI [*]
“LOS ARGENTINOS SOMOS DERECHOS Y HUMANOS” Y
“NO ESTA MUERTO NI VIVO… ESTA DESAPARECIDO”, SON MITICAS FRASES DE VIDELA.
Esta última frase contrasta con todo lo acontecido en el período 1976/83, porque aquellos compatriotas que fueron secuestrados, torturados, fusilados o arrojados drogados al agua y perecieron no tuvieron un Proceso Judicial Justo como lo han tenido las Juntas Militares y todos aquellos que cometieron los delitos de lesa humanidad, aprovechándose del aparato del Estado Argentino para ejecutarlos impunemente mediante la política del terror y la psicosis que inmovilizó a la sociedad argentina a partir del 24 de Marzo de 1976, y que perduró hasta los albores de la Recuperación Territorial de las Islas Malvinas el 2 de Abril de 1982, con algunas excepciones por parte del Movimiento Obrero organizado y el primer Paro General contra la Dictadura el 27 de Abril de 1979.
Aún hoy se siguen ventilando en los distintos Juicios que se llevan adelante por todo el país, los atropellos a los derechos humanos fundamentales que sufrieron no sólo 30.000 ciudadanos sino una cantidad de muertes mucho mayor, que pasaron encubiertas como violentas en circunstancias no investigadas ni aclaradas por las fuerzas de seguridad ni por la justicia.
Además del robo sistemático de bebés, supresión de la identidad de aquellos que nacieron en cautiverio en los Centros Ilegales de Detención que hasta el momento se calculan fueron 800 diseminados por todo el país.
La síntesis para justificar el horror y eliminar personas a través de los vuelos de la muerte, la tiene un Capellán Naval: «…Pregunté si habían visto a alguno de los Capellanes. Creían que el Padre Luis Manseñido estaba en la Capilla. Allí me dirigí. Lo encontré cuando cerraba la puerta para irse. Me preguntó qué necesitaba. Le dije: «AYER HICE UN VUELO». Me llevó a caminar. Él hablaba. Yo lo escuchaba. ME COMENTO SOBRE LA IMPORTANCIA DE ELIMINAR LA MALEZA. NOSOTROS DEBIAMOS HACERLO PARA PERMITIR QUE EL TRIGO CRECIERA. NO HABIA PECADO. TAMPOCO DEBIA ARREPENTIRME. SOLO HABIA CUMPLIDO CON LAS ORDENES DE MIS SUPERIORES QUE ERAN LAS «ORDENES DE DIOS…» -Ex Capitán Adolfo Francisco Scilingo-

[*] NOTA EDITORIAL DE LA REVISTA IMPRESA N° 5 – ABRIL DE 2024

POR JORGE RENDON VASQUEZ
Los primeras nociones de socialismo o de una sociedad socialista surgieron en el siglo XIX. Sus expositores iniciales: Fourier (los falansterios) y Cabet (las comunas), idearon una economía basada en la propiedad de los medios de producción por la sociedad y en el trabajo de todas las personas aptas. Fourier esperó en vano que alguna persona generosa financiara su proyecto, y Cabet, con su dinero, estableció una comunidad icariana en Estados Unidos que fracasó por las disenciones entre sus miembros quienes terminaron expulsándolo. Federico Engels, denominó genéricamente a esos modelos y a otros similares Socialismo Utópico y sobrepuso a ellos otro al que llamó Socialismo Científico que debía resultar de la evolución dialéctica de la sociedad capitalista. Expuso su tesis en su artículo Del socialismo utopico al socialismo científico, publicado en Londres, en abril de 1892.
EL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO DE ENGELS
En este artículo Engels sostuvo que la concentración del capital lleva a la formación de grandes empresas que se hacen cargo de la mayor parte de la producción y del mercado sin poder, no obstante, evitar las crisis de sobreproducción que se agigantan. En cierto momento, el Estado puede expropiar esas empresas, con una actividad ya socializada en la práctica, pero no el Estado capitalista, sino otro Estado asumido y dirigido por la clase obrera que con su trabajo en las empresas crea la riqueza social.
Cito sus afirmaciones en tal sentido:
“Algunos de estos medios de producción y de comunicación son ya de por sí tan gigantescos, que excluyen, como ocurre con los ferrocarriles, toda otra forma de explotación capitalista. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, ya no basta tampoco esta forma; los grandes productores nacionales de una rama industrial se unen para formar un trust, una agrupación encaminada a regular la producción; determinan la cantidad total a producirse, se la reparten entre ellos e imponen de este modo un precio de venta fijado de antemano. Pero, como estos trusts se desmoronan al sobrevenir la primera racha mala en los negocios, empujan con ello a una socialización todavía más concentrada; toda la rama industrial se convierte en una sola gran sociedad anónima, y la competencia interior cede el puesto al monopolio interior de esta única sociedad.”
[…]
“En los trusts, la libre concurrencia se trueca en monopolio y la producción sin plan de la sociedad capitalista capitula ante la producción planeada y organizada de la naciente sociedad socialista.”
[…]
“Para esto ya no hay más que un camino: que la sociedad abiertamente y sin rodeos tome posesión de esas fuerzas productivas, que ya no admite otra dirección que la suya.”
[…]
“El modo capitalista de producción, al convertir más y más en proletarios a la inmensa mayoría de los individuos de cada país, crea la fuerza, que si no quiere perecer, está obligada a hacer esa revolución. Y, al forzar cada vez más la conversión en propiedad del Estado de los grandes medios socializados de producción, señala ya por sí mismo el camino por el que esa revolución ha de producirse. El proletariado toma en sus manos el poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado.”
COMO HA EVOLUCIONADO REALMENTE LA SOCIEDAD
Esta visión de Engels de la sociedad de su tiempo, en los países capitalistas con mayor desarrollo capitalista, no se basaba en un análisis exhaustivo de la realidad social, en lo concerniente a las relaciones de producción y a las fuerzas productivas, ni estaba respaldada con datos estadísticos.
Si bien, la acumulación y la concentración del capital había llevado a fines del siglo XIX a la formación de grandes consorcios en los países capitalistas más desarrollados –trusts, cartels– esta concentración no abarcaba a la mayor parte de la actividad económica. A fines del siglo XIX, las medianas y pequeñas empresas y numerosas empresas grandes que mantenían su independencia seguían produciendo mucho más de la mitad del P.B.I. Esa concentración había dado lugar a la formación de oligopolios, pero no de monopolios. Sin embargo, por la influencia de las ideas del socialismo socialdemócrata y por la conveniencia de una parte del capitalismo, crecía la tendencia a entregar al Estado los servicios de transporte ferroviario y algunas empresas productoras de armamentos y otros bienes.
En cuanto a la clase obrera las expectativas de que esta se moviera por una revolución a la toma del poder quedaban condicionadas a su crecimiento y a que adoptara mayoritariamente ese propósito. Pero no se dieron ambas condiciones.
Durante el siglo XX, la clase obrera industrial cesó de crecer al ritmo del desarrollo capitalista. Al distribuirse la producción de los bienes y servicios en los sectores primario, secundario y terciario, la clase obrera tradicional industrial, que constituía el sector secundario, fue reduciéndose numéricamente hasta menos del 30% de la masa laboral empleada. Los trabajadores del sector terciario, dedicado a la producción de servicios pasaron a ser más del 60%, repartidos en varias clases de actividades a cargo sobre todo de medianas, pequeñas y microempresas; y los del sector primario, ocupado en la agricultura y la ganadería, descendieron a menos del 10%.
Tampoco la clase obrera se adhirió mayoritariamente a la ideología socialista revolucionaria. Hacia fines del siglo XIX, una parte de ella apoyó al socialismo reformista que participaba en las elecciones para la formación de los poderes Legislativo y Ejecutivo y propugnaba la obtención legal de ciertos derechos sociales; otra parte, la mayor, se mantuvo entre la indiferencia y una espera pasiva de lo que el gobierno o los sindicatos pudieran darles, y sólo una minoría integró los grupos comunistas.
La idea de un cambio revolucionario fue asumida, en su mayor parte, por intelectuales, profesionales y estudiantes universitarios, los que se entregaron a la militancia política con entereza y sinceridad, pensando en contribuir a la construcción de una nueva sociedad sin explotación, a pesar de las dificultades en su vida personal y la persecución emprendida contra ellos por los gobiernos del feudalismo y el capitalismo. ¿Por qué no llegaron a convencer a la mayor parte de las clases trabajadoras? Un factor importante fue el hecho de que la mente de los obreros estaba casi totalmente aplicada al trabajo y le era difícil asimilar una ideología liberadora cuya creación había requerido muchos años de trabajo intelectual intenso. Cuando cierto número de obreros se plegó al marxismo sus compañeros de trabajo advirtieron que podían confiar en ellos y los colocaron en la dirección de sus incipientes organizaciones sindicales. La dirección ideológica no procedía, sin embargo, de ellos, sino de los grupos dirigentes de los partidos o grupos que tenían el marxismo como ideología, casi todos intelectuales o profesionales.
EL ABANDONO DE LA VIA REVOLUCIONARIA
Al terminar la Primera Guerra Mundial, el movimiento socialista, ya dividido entre la Socialdemocracia que participaba en la mecánica electoral y el partido Bolchevique de Lenin que rechazaba esa participación y se manifestaba por una revolución, avanzó por estas vías predeterminadas.
La Socialdemocracia alemana, luego de la revolución de 1919, prefirió entenderse con una parte del capitalismo y con ella hizo aprobar una Constitución reformista en la Asamblea de Weimar.
En cambio, Lenin y el partido Bolchevique tomaron el poder en Rusia por una revolución, en noviembre de 1917. Este país había sido hasta ese momento un enorme imperio autocrático con un capitalismo que empezaba recién a desarrollarse y una población agraria de más de las dos terceras partes del total sometida en su mayor parte a explotación feudal. Lenin y su partido, al que denominaron vanguardia de la clase obrera, implantaron allí el socialismo, estatizando la producción industrial y de servicios. Pero, ante el descalabro de la economía por la falta de dirigentes empresariales y la guerra que emprendieron contra este gobierno las potencias capitalistas, Lenin y su gobierno tuvieron que reinstalar el capitalismo en 1922. Fue la Nueva Política Económica. Recién a partir del Plan Quinquenal de 1929 se socializó allí de nuevo toda la economía.
Contradictoriamente, de allí en adelante, la postulación de una revolución –el leninismo– fue casi abandonada por los partidos comunistas de otros países, los que trataron de adaptarse a la mecánica electoral votando por algún “burgués progresista” o algún otro si no habían llegado a inscribirse en el padrón electoral por la prohibición de hacerlo o por su insuficiencia numérica, excepto en China por las particulares condiciones de este país.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, los partidos comunistas de Francia e Italia, los más numerosos del mundo capitalista, renunciaron definitivamente a la revolución y se insertaron en los regímenes democráticos de sus países con renovación electoral periódica de la dirección del Estado. En los demás países capitalistas sucedió otro tanto en el marco de la Guerra Fría y el maccarthismo.
Una excepción a esta tendencia fueron algunos movimientos guerrilleros animados por grupos marxistas que no concitaron, empero, el apoyo de la mayor parte de trabajadores y otros sectores de la población y fueron derrotados o controlados, salvo en Indochina donde su propósito fue alcanzar la independencia nacional.
En las décadas del ochenta y noventa del siglo XX, los gobiernos comunistas de los países del Este europeo fueron erradicados por otros grupos políticos favorables al capitalismo con el apoyo de una parte de la población. Con la desaparición de la Unión Soviética terminó también el financiamiento de numerosos partidos comunistas de los países capitalistas que solo podían mantener sus burocracias dirigentes con esa ayuda.
Al terminar el siglo XX, los partidos comunistas se habían convertido en grupos muy pequeños, sin influencia en la mayor parte de las clases trabajadoras. Correlativamente, casi todas las organizaciones sindicales que habían formado parte de la Federación Sindical Mundial, una organización inspirada por el movimiento comunista, se desafiliaron de esta y se inscribieron en una central internacional afín al sistema capitalista.
Ahora, a la clase obrera, integralmente considerada, le es extraña la noción de una revolución social y no le interesa tenerla. Políticamente, los obreros distribuyen sus votos, como muchos otros votantes, inducidos por la alienación, entre partidos políticos emanados de otras clases sociales e incluso de aventureros. Tampoco, la mayor parte de la clase obrera tiende a afiliarse en sindicatos, a pesar de que estos podrían reportarle algunas mejoras. Prefiere esperar que otros las obtengan y beneficiarse luego con ellas.
Apartados de esta realidad social, los partidos y otros grupos comunistas residuales han seguido guiándose, no obstante, por ciertos eslóganes propios del siglo XIX y de la Unión Soviética con celo ortodoxo y calificando de réprobos y fraccionalistas a sus oponentes. De haber tenido lugar esas discusiones en la Unión Soviética, los disidentes de la línea oficial habrían terminado sus días fusilados o en una mazmorra. Tal militancia y sus debates y acciones no pasan de ser un desperdicio de energía y tiempo sin ninguna incidencia económica o social.
EVOLUCION DEL CAPITALISMO
Desde el siglo XIX, la sociedad capitalista ha continuado su evolución dialéctica, como una lucha permanente de contrarios, como Marx había descubierto, si bien hasta ahora solo como una acumulación de cambios cuantitativos y sin llegar aún a la formación de una nueva estructura económica. Junto a la clase obrera han surgido otros grupos laborales, de los cuales el más importante es la clase profesional a cargo de la dirección de las empresas y de la burocracia estatal.
A pesar de su magnitud creciente, las crisis económicas periódicas no han llegado a abatir al capitalismo el que ha aprendido a sobreponerse a ellas. Por el contrario, el enorme desarrollo de las fuerzas productivas, basado en invenciones y descubrimientos, en la educación del pueblo, en la creciente formación profesional de los trabajadores y en la acumulación de grandes masas de plusvalía, ha seguido acrecentando la producción y el consumo de bienes y servicios. Una parte de la plusvalía ha incrementado los derechos sociales y los servicios públicos administrados por el Estado.
El capitalismo novecentista, libre de la intervención estatal y sin derechos sociales, solo subsiste como producción y comercialización informales, sobre todo en los países en vías de desarrollo.
LA ESTRUCTURA CAPITALISTA AHORA
Es ya imposible negar el descubrimiento de Marx de que la plusvalía o el valor agregado procede del trabajo, si bien no solo del trabajo de los obreros, sino de todo trabajo comprometido en la producción y la circulación.
Estamos así ante una estructura capitalista modelada por la evolución social, en la cual los cambios cuantitativos se traducen principalmente en derechos de los trabajadores y de la sociedad en conjunto, cambios logrados en su mayor parte por la acción directa e indirecta de los grupos de inspiración marxista.
Las clases sociales integrantes de esta estructura cumplen funciones que se complementan para existir: 1°) los Capitalistas de todos los niveles detectan, precisan y crean las necesidades de la sociedad, acopian los recursos, técnicos, financieros y organizativos para satisfacerlas y lanzan al mercado la producción de los bienes y servicios correspondientes que los consumidores y usuarios pueden elegir y adquirir de inmediato; 2°) los Trabajadores, de dirección y ejecución, aportan su fuerza de trabajo sin la cual sería imposible la producción y la circulación. Se trata, en realidad, de dos funciones establecidas por la evolución social para satisfacer las necesidades de la sociedad. En esta asociación de facto, cuya unidad es la Empresa, cada grupo queda obligado a ejecutar las tareas que le corresponden con eficiencia, mejorando sus resultados y sin causar daños, lo que, se diría, quiere la sociedad como usuaria y consumidora de los bienes y servicios producidos. Las condiciones de la participación de la fuerza de trabajo dimanan de su capacidad creadora del valor y dan lugar a las remuneraciones y otros derechos complementarios laborales y de Seguridad Social, a la estabilidad en el trabajo y a percibir las ayudas de desempleo, derechos que, por su importancia estructural, tienen la calidad de irrenunciables e indisponibles. Sobre ambos grupos se hierge el Estado como un poder de regulación, control y participación en el producto.
A este modelo se le ha denominado Economía Social de Mercado y es general ahora, con diversos grados de extensión de los derechos sociales. Se mantiene por la conciencia y voluntad de las mayorías sociales de que así debe ser, frente a las tentativas de algunos grupos capitalistas de reducir (ellos dicen Flexibilizar) los Derechos Sociales para aumentar la parte de Plusvalía con la que se quedan.
UNA NOCION DE SOCIALISMO PERIMIDA
La noción de Socialismo como una Economía Estatizada ha quedado obsoleta.
La experiencia histórica ha demostrado que la burocracia estatal, tanto en los países socialistas como en los capitalistas, no es apta para cumplir la función indicada a cargo del capitalismo.
Recluidos en su apego a los reglamentos y sus rutinas y algunos dominados por la propensión a la arbitrariedad y la corrupción, a los burócratas le son extraños, incómodos o perjudiciales a su posición la iniciativa y el poder de la voluntad necesarios para identificar y satisfacer las necesidades de la sociedad que las empresas privadas pueden efectuar con eficacia y oportunidad.
Por esta causa, las empresas estatales sólo alcanzan la eficiencia si se les administra con técnicas de competitividad y, por lo general, en la producción de bienes y servicios de gran importancia estratégica o social.
EL FUTURO INMEDIATO
Se podría decir, como conclusión, que por conveniencia y consciencia quienes viven de su trabajo deben cuidar su status legal e impedir los retrocesos que implican casi siempre la pérdida de ciertos derechos adquiridos y, al contrario, lograr nuevos derechos sociales para todos, cubiertos con una parte creciente de la plusvalía, mas sin afectar la capacidad de crecimiento de la producción, en tanto la sociedad avanza hacia un cambio cualitativo cuyos caracteres aún no se vislumbran.
Es pertinente recordar aquí la conclusión a la que Marx llegara luego de estudiar la Evolución Dialéctica de la Sociedad: “Una Sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productivas que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no la sustituyen jamás antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad.”


Mientras en Brasil el Gobierno de Lula da Silva va consiguiendo reordenar las instituciones y recuperar la economía, después de 6 años de Caos Gubernamental por las políticas de Temer y Bolsonaro, Argentina va a paso acelerado hacia la Destrucción del Estado, la Desintegración Social y la entrega de la Soberanía a los Monopolios y Potencias Internacionales.
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ESTE DOMINGO A LAS 12:00 HORAS ESCUCHA «LA MATERIA IMPERTINENTE» POR LA F.M. 103.3 MHz radiounr
Malvinas Argentinas Especial del Taller Literario a 42 años de la Guerra de Malvinas con lectura de los Pichiciegos, de Rodolfo Fogwill. También conversamos con Jimena Chávez, Directora de Matria una película con las madres de cuatro muchachos que fueron a la Guerra de Malvinas y no volvieron.
Sobra mes a fin de sueldo. Entrevistamos a Lavih Abraham, Licenciado en Economía, docente universitario e integrante del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE). En este diálogo comparte su mirada sobre la política de ingresos del gobierno nacional y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. Analizamos en particular la situación de lxs docentes de las Universidades Nacionales utilizando como parámetro el Salario Mínimo, Vital y Móvil de la docencia universitaria calculado por MATE.
Plan Motosierra. Conversamos con Marianela Scocco, Doctora en Historia y docente de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, investigadora asistente e integrante de la Asamblea de Trabajadores CONICET Rosario. ¿En qué perjudica al «ciudadano de a pié» los despidos en el Estado? ¿Cómo puede impactar el desfinanciamiento de la ciencia nacional? ¿Qué podemos hacer para defender a lxs trabajadorxs y las prestaciones del Estado nacional?
Además, la mejor selección para acompañar el fin de semana largo.



ENTREVISTA A FEDERICO, BAJISTA DE LA BANDA INDIE ROCK
De puño y letra: ¿Qué es el género de música Indie Rock?
Federico Andrés Rossi: El Indie Rock es un subgénero de Rock Alternativo que se originó a finales de los años ’80, que se caracteriza por la libertad creativa y sonora de sus composiciones.
DPL: ¿Cuándo se formo la Banda?
FAR: Se formó a mediados del año 2021 en el ocaso de la Pandemia de Covid-19. A un ritmo lento pero seguro, el proyecto fue tomando forma con la llegada de nuevos integrantes.
DPL: ¿Quiénes integran Tour Nocturno en la actualidad?
FAR: Actualmente la integran, Inti (Voz), Leo, Manuel y Lucano en Guitarras, Agustín en Batería y en el Bajo estoy yo.
DPL: ¿Tienen material disponible para poder escucharlos en algunas de las actuales plataformas de streaming?
FAR: En este momento estamos terminando de editar nuestro primer material discográfico, así que estén atentos!
DPL: ¿De que tratan las letras de sus canciones?
FAR: Tratan de salud mental, encuentros y desencuentros, compromiso político y social e introspección y amor propio.
DPL: ¿Cuándo el público de Rosario y alrededores, podrá presenciar una actuación en vivo de la Banda?
FAR: En estos momentos estamos terminando de editar el material discográfico y proximamente les avisaremos por las redes sociales la fecha de la presentación en vivo.
DPL: ¿En que redes sociales se los puede encontrar?
FAR: Por ahora estamos en Instagram como @tour.nocturno
https://www.instagram.com/tour.nocturno
Hasta aquí la Entrevista, los invitamos a estar atentos a futuras novedades sobre la actuación en vivo de la Banda.


WALTHER NEIL BÜLER
«GANARAS EL PAN CON EL SUDOR DE TU FRENTE»
El conocido precepto bíblico nos recuerda que en la antigüedad el trabajo era considerado como un castigo.
Es por ello que el origen etimológico de las palabras que en los distintos idiomas identifican al trabajo, generalmente tienen significados vinculados con situaciones penosas. Así nuestro vocablo castellano: «Trabajo», (del mismo origen del italiano, «Trabaglio»; del portugués «Trabalho» y del francés «Travail»), significa etimológicamente: obstaculizar, trabar.
Algunos filólogos lo vinculan con el «Tripalium» latino, que era una especie de yugo y también elemento de tortura.
Hoy, sin embargo, se ha revalorizado la función del trabajo.
Se sostiene que «es un bien escaso», que tiene contenidos económicos, espirituales y sociales, porque posibilita, no sólo el acceso a los bienes y la creación de nuevos bienes sino que promueve el desarrollo integral del individuo y de la comunidad.
En nuestra época el castigo de la divinidad consiste en la privación del trabajo, con su secuela de miseria, desarraigo, pérdida de identidad y valoración del individuo, aislamiento familiar y social, etc.
Por algo Lord William Beveridge calificó al desempleo como uno de los «Jinetes del Apocalipsis». Guillermo Cabanellas dice que «puede entenderse por trabajo el esfuerzo humano, sea físico, intelectual o mixto, aplicado a la producción u obtención de la riqueza». Preferimos la simple, pero fascinante, definición que trae la Ley de Contrato de Trabajo en su Artículo N° 4 cuando expresa:
“El contrato de trabajo tiene como principal objeto la actividad productiva y creadora del hombre en sí. Sólo después ha de entenderse que media entre las partes una relación de intercambio y un fin económico…»
Dice Juan Carlos Fernández Madrid que esta es una norma rectora que da primacía a la persona humana y a su realización.
Probablemente -según nuestro criterio- esta sea la norma legal más importante establecida en el derecho laboral argentino; implica, sencillamente, el triunfo de la dignidad humana sobre las cosas, sobre los meros aspectos económicos.
EL TRABAJO COMO DERECHO Y DEBER SOCIAL
Según señala Guillermo Cabanellas (*), el dogmatismo liberal de la Revolución Francesa condujo en un aspecto más, de la libertad absoluta reconocida al hombre, a que el trabajo fuera un derecho individual, tanto en su aspecto positivo (dedicación de la actividad personal a la profesión elegida) como en el negativo de no desempeñar ocupación alguna.
Con distinta motivación, apoyándose unos en el Derecho Natural y basándose otros en la forzosa cooperación que la vida social impone, se establece que el trabajo es también, y ante todo, una obligación socialmente exigible.
Así, el trabajo deja de constituir el medio natural y optativo para ganar el sustento diario o para mejorar la posición de cada cual, y se convierte en obligatorio hasta para los poseedores de medios de fortuna bastantes importantes como para no preocuparse por el pan de cada día; y esto, por el deber de contribuir a la mayor riqueza y bienestar general.
En este sentido se declara que, si el trabajo es precepto impuesto al hombre por la naturaleza, su cumplimiento será exigible en justicia, porque la voz del deber requiere desenvolver las facultades físicas y espirituales conforme a la estructura orgánica y al ser moral.
Aún sin alcanzar el grado de coerción que torna ineludible el trabajo por movilización bélica, imperativos de la economía nacional, prestaciones estatales o municipales con carácter de impuesto o penas que se traducen en trabajos, forzosos o forzados, el trabajo se ha erigido genéricamente en obligación de carácter social para todos los habitantes del país en condiciones físicas de prestar servicios útiles.
LA DIGNIDAD DEL TRABAJO
Siguiendo al mismo autor (Cabanellas) recordamos que el trabajo fue denigrado en la sociedad antigua y medieval, habiéndose reducido su apreciación al enfoque económico de una mercancía. Fue la Doctrina Social de la Iglesia, iniciada por León XIII en 1891 (aunque es consecuencia de antiguas tradiciones cristianas) la que revalorizó el trabajo señalando en su Encíclica Rerum Novarum que:
“El trabajo común según el testimonio de la razón y de la filosofía cristiana, lejos de ser un motivo de vergüenza hace honor al hombre, porque le proporciona un medio noble de sustentar su vida”
En los tiempos modernos se alza un coro de alabanzas al trabajo, entre las voces más notorias preciso es recordar a Juan Bautista Alberdi (considerado un visionario del Derecho del Trabajo, al punto de que la Universidad de Tucumán ha puesto su nombre al Instituto de Derecho Laboral) quien decía
“La tierra es la madre; el hombre es el padre de la riqueza. En la maternidad de la riqueza no hay generación espontánea. No hay producción de riqueza si la tierra no es fecundada por el hombre. Trabajar es fecundar. El trabajo es la vida, es el goce, es la felicidad del hombre. No es un castigo… Trabajar es crear, producir, multiplicarse en las obras de su hechura: nada puede haber más plácido y lisonjero para una naturaleza elevada”.
¡Qué contraste de estas expresiones con las del filósofo inglés John Locke quien decía
“Cuando la mano se emplea para manejar el arado y la azada, la cabeza raramente se eleva a ideas sublimes…” (The reasobleness of Christianity).
DOCTRINAS POLITICAS
El análisis de las ideologías que han dominado (y dominan) al mundo nunca ha sido desapasionado. Aún aquellos que han anunciado «la muerte de las ideologías» (Francis Fukuyama: “The End of History and the Last Man”), revelaron con tal anuncio su propia ideología y reavivaron las llamas de quienes sienten que el hombre debe alimentar el fuego de los grandes ideales.
Creemos que negar las ideologías es como desconocer la existencia del amor: no lo podemos palpar, pero existe.
Pero las ideologías, como toda obra humana, no son perfectas, debemos rescatar de ellas sus aspectos positivos y desechar sus lacras.
Todas las ideologías han sido utilizadas por seres despreciables: dictadores (comunismo, socialismo), genocidas (corporativismo), terroristas (anarquismo), corruptos e insensibles (liberalismo); pero ello no debe cegarnos en advertir que todas ellas, han tenido algún aspecto beneficioso para la humanidad y que han sido inspiradas por hombres que pretendían un mundo mejor.
LIBERALISMO
No hay duda que la Revolución Francesa, al margen de la gravitación del pensamiento de la Ilustración fue la respuesta coherente a una suerte de tensión que la sociedad europea venía experimentando desde el ocaso del absolutismo monárquico que no se resignaba a compartir el poder ni a hacer prudentes concesiones a las ascendentes clases burguesas.
Coincide la Revolución Francesa, cronológicamente, con el nacimiento de la Revolución Industrial, de allí su profunda repercusión en el ámbito de las relaciones laborales.
El liberalismo surgido a consecuencia del triunfo de la Revolución Francesa, implanta el principio fundamental de la libertad de trabajo, garantizando la autonomía de la voluntad de los contratantes en la celebración del contrato de trabajo.
Las consecuencias del liberalismo en materia social son harto conocidas.
Privados los trabajadores de una legislación protectora y proscripto el derecho de Asociación Profesional por la Ley Le Chapelier, los trabajadores se vieron sometidos a condiciones inhumanas de trabajo, porque a causa del abstencionismo estatal, quedaron librados a sus propias fuerzas para contratar condiciones dignas de trabajo.
El Estado, influido por el liberalismo de la Revolución Francesa, organizado para proteger los intereses de la burguesía capitalista, se «abstenía» de intervenir en las relaciones de patrones y obreros, dejando que se las arreglaran de acuerdo al libre juego de sus conveniencias recíprocas.
El liberalismo económico asimiló el trabajo humano a una mercancía y, por consiguiente el precio de ésta quedó sometido a los vaivenes de la conocida ley de la oferta y la demanda.
Consecuentemente, en la práctica, la aplicación de la explotación del hombre por el hombre, con todas sus nefastas consecuencias sociales.
SOCIALISMO
Según señalaba La Tour du Pin (Hacia un orden social Cristiano)
“El Liberalismo ha engendrado al Socialismo como consecuencia ineludible de sus doctrinas y reacción obligada de sus prácticas”.
El Socialismo ha atravesado distintas etapas, iniciándose con la fase Utópica de Tomas Moro y Campanella, siguiendo un período romántico con Saint Simon, Fourier y Proudhon, avanzando con la científica de Marx y Engels para culminar con la etapa revisionista o parlamentaria de Bernstein, Lasalle y Mac Donald.
En su esencia la ideología socialista postula para la solución de los problemas sociales, la abolición de la propiedad privada, la socialización de los medios de producción capitalista y el trabajo obligatorio para todos.
COMUNISMO
En una noción amplia se entiende por comunismo la doctrina social y política basada en la comunidad general de bienes y el movimiento de masas que propugna la abolición de la propiedad privada y la instauración de la «dictadura del proletariado».
En los hechos el comunismo accedió al poder con la Revolución Rusa de Octubre de 1917, (años más tarde en China) la que para consolidarse desestimó el ejercicio de la democracia instaurándose una burocracia que aterrorizó a la mayor parte de la población.
Los comunistas nunca pudieron explicar las bondades de su «paraíso» frente al muro de Berlín. Sin embargo, la caída del muro no debe verse sólo como el fracaso del comunismo, sino también como fruto de la convergencia de los sistemas ya que el Capitalismo evidentemente se humanizó y se «socializó» en el curso de este siglo.
ANARQUISMO
El Anarquismo coincide con el Comunismo en la idea de la supresión de la propiedad privada, pero se diferencian en que el anarquismo propone también las supresión violenta del Estado, propugnando un régimen libre donde no haya leyes ni autoridades.
El nuevo régimen sería comunista-libertario, no autoritario como el soviético.
El anarquismo tuvo como representantes más destacados a dos nobles rusos: el príncipe Kropotkine («rebelaos contra todas las leyes») y Bakunin («la libertad es el fin supremo de todo desarrollo humano»), ambos hombres de ciencia.
El anarquismo tuvo una influencia poderosa en el movimiento obrero entre 1870 y 1930, luego comenzó a declinar hasta su práctica desaparición en la actualidad.
CORPORATIVISMO
Dice Deveali que es interesante señalar los elementos tan dispares que coexisten en el fascismo; su doctrina política es de negación de la democracia, de exaltado nacionalismo, y su dictadura representa una forma de Estado totalitario y autoritario, sin embargo su doctrina social a través del derecho corporativo permitía a los trabajadores por medio de sus organizaciones sindicales una amplia participación en la política económica y social.
Incluso el régimen de Mussolini estableció en abril de 1927 la «Carta del Lavoro» (Carta del Trabajo) que establecía una amplia gama de derechos en favor de los trabajadores.
El fascismo instituyó una organización del trabajo basada en la existencia de sindicatos únicos por profesión, sometidos a un estricto control del Estado, al punto de ser consideradas entidades de derecho público.
El sindicato no sólo perseguía fines económicos sino culturales y patrióticos. Los sindicatos se agrupaban en 4 confederaciones que abarcaban todas las actividades económico-sociales del país, que integraban organismos mixtos con otras 4 confederaciones empresarias.
Esta conjunción daba lugar a las corporaciones, cuyo consejo nacional era algo así como el estado mayor de la economía italiana.
El nazismo adoptó varias de las ideas del corporativismo pero se diferenció fundamentalmente por su pensamiento anticristiano y racista.
Ambos regímenes cayeron estrepitosamente con su derrota en la Segunda Guerra Mundial, aunque varios países imitaron tanto la estructura laboral como el sistema dictatorial (Portugal de Antonio Salazar, España del «Generalísimo» Franco).
Cabe acotar que Juan Domingo Perón también se manifestó simpatizante del fascismo, y de hecho el “modelo sindical argentino” es –indudablemente- tributario de esa ideología.
NEO-LIBERALISMO
Como directa consecuencia de la crisis energética que en la década de los «70” afecta seriamente las economías de los países industrializados, resurgen las ideologías que culpan a la intervención del Estado como causante de todos los males al “alterar morbosamente las leyes del mercado”.
Esas ideologías tienen su correlato en el ámbito laboral en las ideas de «flexibilización» que más adelante analizaremos.
En 1962 la Universidad de Chicago publicó la obra «Capitalismo y Libertad» que junto con «Libertad de Elegir» conforman un poco la «Biblia» de este nuevo dogma. Su autor Milton Friedman, en colaboración con su esposa Rose, fue galardonado, en 1976, con el Premio Nobel en Materia Económica.
Friedman formula una reivindicación expresa de Adam Smith y una encendida crítica al Estado de Bienestar propulsado por el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt.
En el ámbito de las relaciones laborales Friedman sostiene que el secreto del crecimiento de la clase obrera en Estos Unidos obedece a la vigencia del mercado libre, formulando una encendida crítica a las asociaciones sindicales (en especial a las que nuclean a los médico).
Con una especie de efecto «dominó» los distintos países han ido abandonando distintas funciones del Estado en el entendimiento de que la mayoría de ellas resultarán más eficientemente administrada en manos privadas.
Este es indudablemente un tema polémico, sobre el que -a la luz de la experiencia argentina- cada uno debe tener su comprometida opinión.
NEO-CORPORATIVISMO
En algún viaje al extranjero nos sorprendieron los profesores italianos que hacían referencia constante y no peyorativa al «Neo-Corporativismo».
Luego de hacerles notar nuestra sorpresa entendimos que para ellos tal palabra no contiene una carga emotiva o peyorativa como en Latinoamérica.
En una oportunidad el Profesor Gino Giugni (ex Ministro de Trabajo de Italia y ex Senador por el Socialismo) nos explicó que con el término Neo-Corporativismo sólo se hace referencia a los mecanismos tripartitos de negociación y participación entre el Estado y las organizaciones obreras y empresarias.
La principal diferencia es que estas organizaciones son independientes del Estado.
A diferencia del liberalismo o del neo-liberalismo, el Neo-Corporativismo propugna la participación de los actores sociales y la concertación para la elaboración de las políticas del Estado.
Ello ha dado lugar en la mayoría de los países de Europa a la celebración de «Pactos Sociales» y a la creación permanente de organismos de concertación como el «Consejo Económico-Social».





POR FABIAN ARIEL GEMELOTTI
Cuando le preguntaron a Sarmiento en 1880 qué escribía, les respondió que él escribia sobre su vida. Eso es literatura autobiográfica. En Argentina la generación de oro «conservadora» escribía sobre sus cosas, hacían autobiografía. Juvenilia de Cané y el Facundo son autobiográficos. En Juvenilia Cané escribe con su estilo descuidado y rápido su adolescencia como estudiante en el Nacional de Buenos Aires. Es un libro grandioso Juvenilia, pero más grandioso es Facundo de Sarmiento; «es el libro que debería ser el libro nacional» (decía siempre José Pablo Feinman ).
Con el Facundo nace la literatura argentina y Amalia de Mármol queda sometida a los mandatos del Facundo ( si entendemos a la literatura como formas y estilo no es descabellado decir que nace con Sarmiento ). Si el Martin Fierro nos habla del gaucho y su tierra y hace un culto de esa cultura gauchesca, Sarmiento nos dice «el gaucho es sucio y violento». ¿Era racista Sarmiento y era «sucio y violento el gaucho»? Leerlo a Sarmiento desde lo «ideológico» no sirve, porque el estilo de Sarmiento es salvaje y su obra refleja ese salvajismo del hombre duro y sin filtros. Ahí está el valor de su literatura. Sarmiento hizo de la autobiografía literatura.
Solía decir Cané que la obra literaria debe sudar por los poros. En Sarmiento suda y suda sangre. Los destructores de Sarmiento ven un Sarmiento «racista y provocador del gaucho». Sarmiento era un provocador del establisnment y el establishment es la representación de la razón. Sarmiento escribía con la sangre, fue un discípulo de la tradición salvaje de Cervantes y Quevedo.
En el Siglo XX Florencio Sánchez y Arlt siguen con esa tradición autobiográfica. Arlt lleva a la ficción toda esa vida «sufrida» de la clase media iriyonista (los radicales siempre fueron los payasos del país salvaje). Y Florencio Sánchez construye con el inmigrante un personaje literario.
Literatura y autobiografía van de la mano. Todos los escritores son autobiográficos. Borges lo fue en sus ficciones cargadas de simbolismos y de mundos de fantasías. Cortázar también en su Rayuela nos retrotrae a lo autobiográfico. Y Puig nos carga la vida loca de un homosexual en su Beso de la mujer araña. Puig es lo más autobiográfico que se pueda leer en la ficción. Pero tenemos autores autobiográficos como Lamborghini y Dalmiro Saez que fueron «malditos» de nuestras letras. Lamborghini sí fue un «maldito», Dalmiro se acerca y pega en los palos. A Sarmiento también se lo puede llamar «escritor maldito», estaba en los bordes de la locura literaria. Y sin locura no hay literatura. «La literatura la construyen los locos no los cuerdos de la razón pura», solía decir Fante.
El lector común tiene esa idea errónea que literatura está asociada a lo académico. Cuando cursaba Historia era el debate «obligatorio» qué es la historia; los «límites» entre ficción y realidad. Mi novia que era estudiante de Letras y de una cultura arrolladora me decía: «la Historia es ficción y estilo». También el sexo es ficción y estilo, la impronta personal hace del sexo literatura. Entonces viene un tipo como Bolaño y su falsa perspectiva de lo literario y el lector compra esa «tendencia». El lector desprecia lo autobiográfico sin darse cuenta que todo es autobiografía. Por eso es importante Sarmiento en nuestras letras, porque escribía sobre su vida en una Argentina que nace como ficción y toma forma de país en esa disputa entre «civilizados» y «gauchos». En definitiva el gaucho fue el sin tierra y el cabeza del Siglo XIX. Si sentimos compasión por el gaucho en el Martin Fierro vamos a sentir asco por un Sarmiento provocador y autobiográfico en su Facundo. Pero si vemos al Facundo como obra literaria autobiográfica vamos a sentir deseos de sus textos, porque Sarmiento nos muestra al gaucho y al caudillo de una forma cruda que no lo muestra el Martin Fierro cargado de romanticismo.
Iba a citar a más autores, pero me molesta esa cosa de citar por citar.
Pero citemos un libro más, «La vida salvaje de dos amantes». Es un libro anónimo argentino de los setenta. Un hombre de unos cuarenta años se enamora de una adolescente y viven un idilio de pasiones. Hay sexo explícito y crudeza represiva de un país dictatorial. El libro circulaba en los ambientes burgueses en plena dictadura. Mi abuela tenía un ejemplar y antes de morir me dijo «este libro es tuyo», y ahora está en mi biblioteca. Para muchos fue un libro de ficción, pero se encontró una carta hace un tiempo que desvela a su autor. El autor del libro fue una adolescente que lo publica en forma anónima porque ese amor fue su pasión hacia el mejor amigo de su padre.
En definitiva los lectores no están preparados para comprender que la literatura es autobiografía y aunque leamos sobre amor pasional en forma de ficción los textos se cargan de cosas personales porque toda ficción surge de pasiones individuales.
Quien quiera entender que entienda y el que no entiende que no pregunte pavadas.
