
COMPARTIMOS CON NUESTROS LECTORES LA REVISTA IMPRESA Nº 24 – NOVIEMBRE DE 2025
Podrás leer las siguientes Notas:
LA SOBERANÍA HOY ES CONTINENTAL por Ramiro Caggiano Blanco.
ACERCA DE LA «REFORMA» LABORAL DEL GOBIERNO por Jorge Perlo.


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LA SOBERANÍA HOY ES CONTINENTAL por Ramiro Caggiano Blanco.
ACERCA DE LA «REFORMA» LABORAL DEL GOBIERNO por Jorge Perlo.


La Soberanía no es solo una palabra, es una lucha continua. En este programa, exponemos cómo #EE.UU., en un giro geopolítico, avanza sobre la soberanía de los países de Sudamérica para consolidar su dominio en el «PATIO TRASERO».
Frente a esto, evocamos la gesta de la Vuelta de Obligado, símbolo máximo de la defensa de la Soberanía en #Argentina, y la contrastamos con la realidad actual: la firma del acuerdo con EE.UU. promovido por #Milei que representa una claudicación de esa misma Soberanía que sufrirán las futuras generaciones.
Cerramos con un panorama completo de la Patria Grande: México, Brasil, las Elecciones en Chile y un resumen de lo más relevante de la semana.
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POR RAMIRO CAGGIANO BLANCO (*)
EL ECO DE LOS CAÑONES
La neblina matinal se levantaba lentamente sobre el Paraná, ese “Río Marrón” que serpentea el corazón de la Confederación. Era el amanecer del 20 de Noviembre de 1845. En un recodo angosto del río, cerca de la localidad de Obligado, el silencio era una tensa calma antes de la tormenta. Al mando del general Lucio Mansilla, soldados, milicianos y pueblos originarios esperaban. No era una batalla convencional: era una declaración de principios hecha con cadenas a buques de guerra y barcos mercantes cargados de mercancías que buscaban forzar el «Libre Comercio», imponiendo a cañonazos un dogma que ahogaría en la cuna cualquier atisbo de industria nacional.
Hoy, 180 años después, conmemoramos esa gesta como un feriado nacional. Resulta una paradoja fundacional que la piedra angular de nuestra soberanía sea una derrota táctica elevada a la categoría de triunfo estratégico. Pero la Vuelta de Obligado no fue un hecho aislado, un simple y heroico error militar. Fue el episodio más sangriento y simbólico de una larga Guerra Económica que se extendió por cinco años, donde la Confederación Argentina, gobernada por Juan Manuel de Rosas, le plantó cara a las dos potencias más formidables de su tiempo: Francia y el Imperio Británico.
El eco de aquellos cañones no se ha apagado. Solo ha cambiado de timbre. Los actores han mutado: el Imperio Británico cedió su lugar al Norteamericano; las escuadras de guerra se han transformado en fondos buitre y doctrinas del «Libre Mercado»; las cadenas que cruzaban el río son hoy las ataduras de una deuda externa asfixiante y tratados de inversión lesivos para los intereses nacionales. La batalla, sin embargo, es la misma: el control de los recursos, la definición de un proyecto de país y la autodeterminación de los pueblos. La lección que emerge, urgente e ineludible, es que la Soberanía ya no se defiende en el recodo de un río, sino en la Unidad Continental. La soberanía, hoy, es continental o no es.
PARTE I: LA BATALLA DEL PARANÁ. SOBERANÍA O LIBRE COMERCIO
EL CONTEXTO: LA CONFEDERACIÓN CONTRA EL MUNDO
A mediados del siglo XIX, Argentina no era un país unificado en los términos modernos. Era la Confederación Argentina, un conjunto de provincias que, bajo el liderazgo de Juan Manuel de Rosas –quien acumulaba el título de Gobernador de Buenos Aires y de las Relaciones Exteriores de la Confederación–, enfrentaba un aislamiento feroz. Las potencias europeas, Inglaterra y Francia, la bloqueaban, no reconocían su autoridad y financiaban activamente a sus enemigos internos: los unitarios exiliados en Montevideo, que soñaban con un puerto libre y un interior subordinado, convertido en simple productor de materias primas.
El proyecto rosista era, ante todo, un proyecto de soberanía nacional. No era un nacionalismo abstracto, sino concreto, territorial y económico. Se basaba en la defensa a ultranza de un espacio geográfico y de la capacidad de decidir qué entraba y qué salía de él. Frente a este proyecto, la oligarquía porteña, nacida del contrabando con los ingleses en la época colonial, ahora con el ropaje político de ocasión llamado “unitarismo”, proponía un modelo liberal y cosmopolita, que veía en la apertura indiscriminada al comercio exterior la llave del «progreso», un progreso que, invariablemente, beneficiaba a los puertos y a las metrópolis extranjeras, empobreciendo y desindustrializando el interior.
LA LEY DE ADUANAS DE 1835: EL VERDADERO CAMPO DE BATALLA
Para comprender la verdadera magnitud de la batalla de la Vuelta de Obligado, es necesario ir más allá de la épica de los cañones y adentrarse en la letra fría de una ley. La Ley de Aduanas de 1835, sancionada el 18 de Diciembre por el mismo Rosas, «el Restaurador de Leyes», es el auténtico núcleo del conflicto. Esta ley no era una mera tarifa; era un instrumento de política industrial y de planificación geopolítica.
Su objetivo era claro: proteger las incipientes industrias del interior. Establecía aranceles a la importación de productos como tejidos, vajillas, herramientas y alimentos que ya se producían en las provincias. De la Rioja, Catamarca y Salta veían crecer sus telares; Córdoba y Mendoza potenciaban sus industrias textil y vitivinícola. La ley era un dique de contención contra el aluvión de mercancías británicas y francesas, de mejor calidad y menor precio, que de ingresar libremente, habrían barrido del mapa cualquier intento de desarrollo autónomo.
Por eso, la «libre navegación de los ríos» que pregonaban las potencias no era un principio humanitario o liberal. Era la llave maestra para quebrar ese proteccionismo. Controlar el Paraná y el Uruguay significaba poder inundar el Litoral, el Norte y el Paraguay con sus productos, estrangulando en su cuna la industria local y reconvirtiendo a las provincias en meros exportadores de cueros y lana. La batalla no era por un principio, era por un modelo de país: una nación industrialmente autónoma versus un archipiélago de factorías agro-ganaderas dependientes.
LA VUELTA DE OBLIGADO: MÁS QUE UNA BATALLA, UNA CAMPAÑA
La Vuelta de Obligado fue, en términos militares, una derrota. Las cadenas fueron rotas por la superioridad tecnológica de la flota anglo-francesa. Sin embargo, reducirla a eso es una mirada miope, heredada de la historiografía mitrista que necesitaba minimizar el triunfo de Rosas. La batalla fue un mensaje enviado al mundo: el acceso al corazón de Sudamérica tendría un costo altísimo.
La gesta soberana no terminó en Obligado. Duró cinco años y tuvo capítulos victoriosos que la historia oficial suele olvidar: el Combate de la Vuelta del Quebracho, donde la flota invasora fue diezmada; el Ataque de San Lorenzo y el Combate de Tonelero, que demostraron la tenacidad de la resistencia. Fue este desgaste constante, esta guerra de costos que se prolongaba sin una victoria clara para los invasores, lo que terminó por doblegar la voluntad de Londres y París.
El resultado final no fue una derrota, sino una victoria diplomática resonante. En 1849, Inglaterra, y en 1850, Francia, firmaron sendos tratados en los que reconocían la soberanía argentina sobre los ríos interiores, retiraban su flota y saludaban a Rosas con honores. La Confederación había vencido. Había demostrado que un país periférico podía, con unidad y firmeza, enfrentar a los colosos de la época y defender su proyecto nacional. Esta es la victoria que el mitrismo, heredero ideológico de los unitarios derrotados, se encargó de ocultar tras la máscara de una «derrota heroica».
PARTE II: EL NUEVO TABLERO GEOPOLÍTICO: EL IMPERIO DEL SIGLO XXI
DE LONDRES A WASHINGTON: EL CAMBIO DE GUARDIA IMPERIAL
El imperialismo del siglo XXI ya no viste con casacas rojas ni despliega veleros de guerra en los ríos. Ha perfeccionado sus métodos. El centro de gravedad del poder global migró de Londres a Washington, y con él, la estrategia de dominación sobre América del Sur. El imperialismo comercial británico, ávido de mercados para sus manufacturas, fue reemplazado por un imperialismo de seguridad y recursos, liderado por Estados Unidos, ávido de bienes estratégicos para sostener su hegemonía tecnológica y militar.
La Doctrina Monroe, ese «América para los americanos» que en el siglo XIX fue un baldón contra las potencias europeas, se ha reciclado en el siglo XXI como un «América para los intereses norteamericanos». El Comando Sur, con sus bases militares dispersas por el continente, es el brazo ejecutor de esta política, que ya no busca solo mercados, sino el control directo de los recursos naturales que son el nuevo campo de batalla de la geopolítica global.
LA CONFESIÓN DE LA GENERALA: GEOPOLÍTICA DEL DESPOJO
Hace poco más de un año, la comandante del Comando Sur de EE.UU., la generala Laura Richardson, ofreció una de las declaraciones de política exterior más crudas y reveladoras de los últimos tiempos. Con una sinceridad descarnada, enumeró los recursos que su país ve en América del Sur: «el triángulo del litio» (Argentina, Bolivia, Chile), el oro, el cobre, el petróleo, el agua dulce (el Acuífero Guaraní) y las llamadas ‘tierras raras’, minerales esenciales para la fabricación de teléfonos inteligentes, baterías de vehículos eléctricos, armamento de alta tecnología y sistemas de guiado.
Esta no es la retórica diplomática de la «cooperación» o el «intercambio». Es el lenguaje frío del despojo. Richardson no habló de desarrollo conjunto o de transferencia tecnológica; habló de «acceso» y «seguridad de suministro». Para Washington, Sudamérica no es un conjunto de naciones soberanas, sino una gran reserva estratégica, un almacén de recursos que deben estar disponibles para su economía y su aparato militar, especialmente en un contexto de puja estratégica con China. La libre navegación del Paraná del siglo XIX es hoy el «libre acceso» a los commodities críticos del siglo XXI.
EL MOVIMIENTO DE PINZAS: ESTRATEGIA CONTINENTAL DE DOMINACIÓN
La ofensiva no es casual ni está desconectada. Es un movimiento de pinzas perfectamente orquestado para someter al continente, aprovechando sus puntos débiles y colocando piezas clave en el tablero.
Flanco Norte: Venezuela y Colombia soportan la presión bélica más directa con 50 asesinatos de supuestos narcotraficantes abatidos por misiles en el mar Caribe y en el océano Pacífico. Además, a Caracas se la asfixia con un bloqueo económico criminal, presentado como «sanciones», con el claro objetivo de un «cambio de régimen». Es la guerra híbrida en su máxima expresión, donde no se dispara un tiro, pero se socava la capacidad de un Estado para alimentar a su pueblo y mantener sus servicios básicos.
Flanco Sur: Aquí es donde la estrategia se vuelve más siniestra y efectiva, al operar a través de aliados locales que, por convicción o por interés, abren las puertas de la patria grande.
Argentina (Milei): No se trata de un mero alineamiento geopolítico. Es un entreguismo ideológico y fanático. El presidente se autoproclama «anarcocapitalista» y «negador de la patria», un analfabeto geopolítico que desarma activamente los instrumentos de soberanía: promueve la dolarización, la venta de empresas estratégicas, el desmantelamiento de la industria nacional y un alineamiento automático con la agenda exterior de Washington. Es la antítesis de Rosas: en lugar de un Restaurador, un Desmantelador.
Paraguay (Santiago Peña): Sigue siendo la base operativa más estable y confiable para los intereses estadounidenses en el Cono Sur, permitiendo la instalación tácita y explícita de presencia militar.
Bolivia (Leandro Paz): El caso más delicado. Tras años de un proceso de cambio que nacionalizó los hidrocarburos y avanzó en la industrialización del litio, la llegada de Paz representa la «seducción» del poder blando. Se presenta un discurso de moderación y diálogo, mientras en los hechos se evalúa revertir las nacionalizaciones y entregar el litio, estratégico para la transición energética global, a corporaciones extranjeras.
Chile (José Antonio Kast): La amenaza potencial. Un eventual triunfo de la ultraderecha en Chile completaría el cerco, aislando a los países que aún mantienen proyectos de relativa autonomía, como Brasil, y cerrando el movimiento de pinzas sobre el continente.
PARTE III: LA PATRIA DIVIDIDA Y LA DESMOVILIZACIÓN POPULAR
LA CASA ROSADA SIN RESTAURADOR: EL ANALFABETO GEOPOLÍTICO
El contraste no podría ser más brutal. Hace 180 años, la Casa Rosada era ocupada por un hombre que había forjado su liderazgo en la frontera, que conocía el valor de la tierra, el peso de la ley y la crudeza del poder internacional. Rosas era un soberanista práctico, no un teórico. Sabía que la soberanía se defiende con fusiles, con leyes aduaneras y con una diplomacia astuta y firme.
Hoy, el Palacio es habitado por un personaje que se jacta de su ignorancia histórica y geopolítica. Su visión del mundo es un maniqueísmo infantil: «libertad» (encarnada por EE.UU. y el capital financiero) vs. «comunismo» (un cajón de sastre donde mete a todo opositor). Esta lógica binaria le impide comprender las dinámicas reales del poder global. No ve un imperio que busca sus recursos; ve un aliado en una «cruzada» abstracta. Su fanatismo lo convierte en el peor enemigo de los intereses nacionales, porque cree estar sirviendo a un ideal mientras entrega, con fervor mesiánico, las llaves del reino.
LA TRAGEDIA DEL CAMPO NACIONAL Y POPULAR: LA INTERNA FRATICIDA
Frente a esta ofensiva perfecta, la respuesta del campo que históricamente encarnó la defensa de la soberanía es, cuando menos, trágica. Quienes deberían estar dando la batalla cultural e ideológica, uniendo al pueblo en un frente común, se encuentran enfrascados en una interna fratricida y desmovilizadora.
Las luchas por el poder, los personalismos, las rencillas históricas y la incapacidad de construir un proyecto plural y convocante han dejado al pueblo huérfano de liderazgos claros y de un relato esperanzador. Mientras el gobierno avanza con su agenda de desguace, la oposición se despedaza en disputas menores, perdiendo el foco en el enemigo principal. Esta desunión es el caldo de cultivo perfecto para el avance imperial. Un pueblo sin brújula y una dirigencia en guerra consigo misma no pueden oponer la resistencia organizada que el momento histórico exige.
PARTE IV: HACIA UNA SOBERANÍA CONTINENTAL
LECCIONES DE OBLIGADO: UNIDAD, FIRMEZA Y PROYECTO PROPIO
La epopeya de la Vuelta de Obligado nos deja tres lecciones fundamentales para el presente. Primero, la unidad de mando y acción. Rosas, con todos los matices que se le quieran dar, unificó el poder interno para enfrentar una amenaza externa. Segundo, la firmeza inquebrantable. La disposición a luchar, a imponer costos, a demostrar que la soberanía no es negociable. Y tercero, y más importante, la defensa de un proyecto económico nacional propio. Sin la Ley de Aduanas de 1835, la batalla en el Paraná no habría tenido sentido. Se defendía un modelo de desarrollo.
SOBERANÍA DEL SIGLO XXI: MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS NACIONALES
En un mundo interdependiente y globalizado, la defensa de la soberanía ya no puede ser un acto solitario. Un país aislado, por más firme que sea, está condenado a la asfixia. La única respuesta viable a la ofensiva imperial del Siglo XXI es la INTEGRACIÓN CONTINENTAL SOBERANA. No se trata de revivir retóricas vacías, sino de construir una integración pragmática y estratégica, basada en intereses comunes concretos:
Cadena de valor del litio sudamericano: Crear una organización de países productores (Argentina, Bolivia, Chile) que fije precios, controle la extracción y avance en la manufactura de baterías, evitando ser meros exportadores de materia prima barata.
Seguridad alimentaria y energética común: Planificar la producción de alimentos y energía como un bloque, garantizando el abastecimiento interno y ejerciendo poder de negociación en los mercados globales.
Moneda común para el comercio intrarregional:** Desdolarizar el comercio entre nosotros, creando un instrumento de pago propio que nos libere de la volatilidad y la presión financiera externa.
Consejo de Seguridad Sudamericano: Una fuerza de paz regional que disuada y prevenga conflictos, reemplazando la injerencia del Comando Sur y garantizando nuestra propia estabilidad.
CONCLUSIÓN: EL NUEVO LLAMADO A OBLIGADO
A 180 años de aquella mañana en el Paraná, el llamado a la Defensa de la Soberanía resuena con una urgencia renovada. Las cadenas que Mansilla hizo tender de costa a costa eran un símbolo de resistencia física, de la determinación de un pueblo de defender su territorio. La Nueva Vuelta de Obligado no se libra con cadenas de hierro, sino forjando LAS CADENAS DE LA UNIÓN SUDAMERICANA.
El enemigo es el mismo, con distinto nombre. La disputa es la misma: el control de nuestro destino. Ya no basta con mirar hacia adentro de las fronteras heredadas de la Colonia. La Patria, hoy, es el Continente. La Batalla es Cultural, Económica, Diplomática y, sobre todo, Integracionista. O entendemos que la Soberanía en el Siglo XXI es un Proyecto Colectivo de los Pueblos de Nuestra América, o seremos, una vez más, testigos del despojo sistemático de nuestra riqueza y de la claudicación de nuestro futuro. La Soberanía, hoy más que nunca, es Continental o No Es.
(*) NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA N° 24 – NOVIEMBRE DE 2025

POR GUSTAVO BATTISTONI
10 DE NOVIEMBRE: DÍA DE LA TRADICIÓN
José Hernández fue una figura política extraordinaria, expresión de un liberalismo nacional alejado de las ideas liberticidas hoy en boga. En el periódico Río de la Plata, fue el primer periodista de nuestro país que habló desde el punto de vista social de los oprimidos, y en su inmortal poema, fue el primero que caviló sobre la proletarización de los gauchos. Se proletarizaron, dice Martín Fierro, adelantándose en decenios a lo que afirmarán los reformistas de nuestro país. Debe el gaucho tener casa, escuela, iglesia y derechos, cantó claro para que lo entiendan bien.
Dentro de las notables páginas de su abundante obra, resalta su denuncia por el vil asesinato de uno de los hombres más consecuentes de nuestra historia. Al escribir la Vida del Chacho sobre Ángel Vicente Peñaloza, no solo se propuso redactar una biografía, sino llevar a cabo un acto de justicia. Sus ideas giran en torno a reivindicar la figura del caudillo riojano, contrastando la verdad de su carácter noble, con las calumnias difundidas por sus enemigos.
Publicado en El Argentino, de Paraná, y luego impreso como folleto en 1865, bajo el título de Vida del Chacho, este trabajo es un proceso acusatorio contra la oligarquía bonaerense que no elude la responsabilidad de Urquiza en el hecho: “Los Salvajes Unitarios están de fiesta. Celebran en estos momentos la muerte de uno de los caudillos más prestigiosos, más generosos y valientes que ha tenido la República Argentina. El Partido Federal tiene un nuevo mártir. El Partido Unitario tiene un crimen más que escribir en la página de sus horrendos crímenes. El General Peñaloza ha sido degollado. El hombre ennoblecido por su inagotable patriotismo, fuerte por la santidad de su causa, el Viriato argentino, ante cuyo prestigio se estrellaban las huestes conquistadoras, acaba de ser cosido a puñaladas en su propio lecho, y su cabeza ha sido conducida como prueba del buen asesino, al bárbaro Sarmiento. El partido que invoca la ilustración, la decencia, el progreso, acaba con sus enemigos cosiéndolos a puñaladas”. Domingo Faustino Sarmiento consideraba su libro El Chacho, último caudillo de la Montonera de los Llanos, como una continuación del Facundo, elogiando como se había aniquilado a la última montonera mediante una Guerra de Policía. Los hechos son incontrastables.
Hernández asumió la tarea de dar a conocer la historia de este Patriota Infortunado impulsado únicamente por el sentimiento de justicia. Sabía que su esfuerzo le acarrearía el insulto y la calumnia de los enemigos de Peñaloza. A pesar de esto, afirma que su deber de justicia está por encima de cualquier consideración odiosa. El folleto de José Hernández es la contrapartida del Facundo de Sarmiento, en la que nos muestra la verdadera fisonomía de Peñaloza. Mientras sus enemigos lo pintaron como el “tipo de la ferocidad y la encarnación del crimen”, el notable Vate nos afirma que era “menos brillante que muchos, pero más humano que todos”.
Era un héroe sencillo y modesto. Un alma inspirada “solo en el bien de los demás”, con un corazón que “no conocen jamás el odio, el rencor, la venganza ni el miedo”. Lamentaba el autor del Martín Fierro que si sus adversarios hubieran tenido “un átomo siquiera de los generosos sentimientos que él atesoraba en su alma, no habrían sido jamás tan injustos y tan crueles con él”.
Con gran sentido histórico, el gran poeta identifica el golpe de Lavalle en Buenos Aires en 1828, que resultó en la caída y fusilamiento del Gobernador Dorrego, como el tronco genealógico de todas las desgracias, que afligieron a la patria. Peñaloza, cuya muerte se considera la última de esa nueva era de guerra civil, es visto como una víctima final de ese ciclo sangriento.
Señala que la muerte de Peñaloza fue alevosa, y que el apodo Chacho será la eterna pesadilla de aquellos que cargaron con la odiosa responsabilidad de su asesinato. Una idea fundamental que Hernández desarrolla para glorificar a Peñaloza es el contraste entre su conducta pacifica y la crueldad de sus enemigos, especialmente al final de su vida.
El caudillo era conocido por su arrojo e intrepidez. Su valor le valió ascensos, como el de Teniente Coronel en el mismo campo de batalla de La Ciudadela, tras una hazaña heroica con su lazo y un cañón enemigo. La idea de la injusticia se sella con el relato de la muerte de Peñaloza: fue pasado por las armas y su cabeza fue puesta sobre un palo. Su esposa, quien demostró valentía salvándolo en la batalla de Manantiales, fue encarcelada en San Juan, “engrillada y obligada á salir con sus cadenas, mezclada con otros presos a barrer las plazas públicas”.
José Hernández, verdadero federalista, enemigo de Juan Manuel de Rosas y de Domingo Faustino Sarmiento, utilizó su biografía sobre el Chacho no solo para narrar los cuarenta años de guerra civil, sino también para erigir un monumento moral a Ángel Vicente Peñaloza, presentándolo como el Ideal del Caudillo Federal: valiente, honorable y profundamente humano, en contraste directo con la crueldad política y la barbarie militar de sus verdugos.

AUSPICIA E INVITA


POR ALEJANDRO MARCÓ DEL PONT
En 1982, el primer Forbes 400 estadounidense coronaba a Daniel Ludwig, un magnate del transporte marítimo que había amasado 2.000 millones de dólares moviendo petróleo y madera por el mundo. Le seguían herederos del petróleo y minoristas como Sam Walton de Walmart. Eran ricos de carne y hueso. La economía de posguerra necesitaba fábricas, puertos y miles de trabajadores.
Los primeros retratados por Forbes eran capitalistas de la era industrial, cuyos activos estaban anclados al suelo, a la geografía, por tanto, a la jurisdicción fiscal de una Nación. El fisco podía contar las máquinas, pesar los contenedores y gravar las nóminas. Cuatro décadas después, este paisaje se ha evaporado. El podio lo ocupan ahora nombres como Elon Musk, Larry Ellison, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, cuyas fortunas colectivas, que se miden en Centenares de Miles de Millones, no residen en cosas, sino en espejismos digitales, fondos de inversión que se mueven a la velocidad de la luz, nubes de datos etéreas y algoritmos que predicen y moldean el deseo antes de que este emerja en la conciencia del consumidor.
Este tránsito de lo tangible a lo intangible no es una mera curiosidad estadística o un cambio de sectores económicos; es la gran mutación silenciosa que ha corroído los cimientos de los sistemas fiscales occidentales, transformando la naturaleza misma de la riqueza y, con ella, la capacidad del Estado para cumplir sus funciones más esenciales. En el Capitalismo Neoliberal Occidental, la financiarización ha creado una clase de superricos que son, de facto, inmunes a los mecanismos tributarios tradicionales, obligando a los Estados a financiar sus funciones esenciales mediante impuestos regresivos que castigan a la mayoría.
El cambio en la fuente de la riqueza está directamente ligado al problema central de la degradación de la tributación en los Estados neoliberales occidentales. Los sistemas tributarios de esta parte del planeta están diseñados para gravar el ingreso (salarios, beneficios) y el consumo, no la riqueza (el stock de activos) o las ganancias de capital no realizadas. A medida que las ganancias de capital y las rentas corporativas son eludidas por la élite y las multinacionales, los Estados se enfrentan a un déficit de financiación. La respuesta sistémica ha sido el traslado de la carga fiscal hacia los sectores menos móviles y con menor capacidad de maniobra.
No es que los ricos sean más listos; es que el sistema fiscal fue escrito para ellos. Por ejemplo los préstamos contra acciones: Musk tiene 200.000 Millones prestados al 2 % Anual sin vender una sola acción de Tesla. No hay ganancia realizada, si las acciones no se venden, no se pagan impuestos. Apple guarda 250.000 Millones en Bermudas; Google canaliza 100.000 Millones Anuales por Irlanda y Singapur, en guaridas fiscales. Los Walton (Walmart) han transferido 100.000 Millones a fideicomisos que nunca pagarán herencia.
El resultado es devastador: entre 1980 y 2024, la tasa efectiva que pagan las grandes corporaciones estadounidenses cayó del 33% al 11,3 %, según el Economic Policy Institute. Mientras tanto, la carga fiscal se desplazó hacia el consumo: el IVA, los impuestos al salario y los gravámenes al combustible representan hoy el 82 % de la recaudación en América Latina y el 65 % en Europa. Elon Musk paga 0 % por los 44.000 millones de ganancia no realizada que sumó Tesla en 2024.
En 2023, los 400 estadounidenses más ricos pagaron una tasa efectiva del 8,2 %, menos que una Maestra de Kansas (11,6 %). ProPublica lo llamó “LA MAYOR ESTAFA FISCAL DE LA HISTORIA” y tiene razón. Cuando los ricos no pagan, alguien lo hace. Entre 1980 y 2025, la inversión pública en infraestructura cayó un 40 % en los países de la OCDE. En América Latina, el déficit de infraestructura alcanza los 2,5 Billones de Dólares, según el Banco Interamericano de Desarrollo (B.I.D.). Las escuelas se caen a pedazos, los trenes no llegan y a los hospitales le falta lo esencial. Mientras, el 1 % más rico de la región Multiplicó por siete su patrimonio desde 2002.
A 15.000 kilómetros, Pekín aplica la lógica inversa. En agosto de 2021, Xi Jinping lanzó la “prosperidad común” con una frase que congeló la sangre de los multimillonarios chinos: “La riqueza excesiva es inaceptable”. Dos meses después, Alibaba recibió una multa de 2.800 Millones de Dólares, Tencent donó 15.000 Millones a fondos rurales, Pinduoduo aportó 10.000 Millones para agricultura y así sucesivamente.
La tasa corporativa china es del 25 %, idéntica a la francesa. La diferencia es que nadie evade. Las empresas estatales entregan el 40 % de sus beneficios directamente al Tesoro. Las privadas tecnológicas deben crear “comités del Partido” que aprueban inversiones mayores a 100 Millones de Dólares. Desde 2022, cualquier Oferta Pública Inicial (IPO) en el extranjero necesita luz verde del regulador bursátil chino, que exige “contribución a la prosperidad común”.
El contraste con China subraya que la solución a la degradación fiscal no es solo técnica (como un impuesto global mínimo corporativo o un impuesto a la salida o exit tax), sino profundamente política. Requiere que los Estados recuperen la capacidad de gravar el stock de riqueza (por ejemplo, a través de impuestos a la riqueza o a las ganancias de capital no realizadas) y limitar la movilidad parasitaria del capital financiero.
El resultado, el coeficiente de Gini chino cayó de 0,43 en 2010 a 0,37 en 2024, según el Banco Mundial. En EE.UU. subió a 0,41. En América Latina se estancó en 0,48. Pekín recauda 18% del PBI en impuestos; Washington, 16,5%; Buenos Aires, 11%.
China no inventó la justicia fiscal. Jack Ma, de Alibaba Group, desapareció tres meses en 2020 después de criticar a los reguladores. Regresó con 20.000 millones menos y una fundación educativa en zonas rurales. Nadie lo llama dictadura cuando dona. Occidente, en cambio, convirtió la evasión en arte. Bernard Arnault, dueño de Louis Vuitton, trasladó su residencia fiscal a Bélgica en 2023 para evitar el impuesto a las grandes fortunas francés. Nadie lo detuvo. En Argentina, los 50 mayores contribuyentes declaran domicilios en Uruguay o Miami mientras facturan 40.000 millones de dólares locales.
En 1982, los 400 estadounidenses más ricos tenían el 1,5 % del PBI, hoy tienen el 4,5 %. En China, los 400 más ricos tienen el 2,1 % y bajando. Mientras Occidente discute si gravar a los ricos es “envidia”, Pekín ya los puso a trabajar para el Estado.
La historia no miente: todo imperio que permitió que su élite se desconectara del pacto fiscal terminó mal. Roma gravó a los latifundistas en el siglo III y los eximió en el IV. Ya sabemos cómo terminó. El capitalismo neoliberal no es eterno; es una fase. China nos está mostrando la siguiente, quizás para algunos no es bonita, pero al menos reparte la cuenta.
Los pañales de Walmart costaban 3 dólares el paquete y pagaban impuestos. Los algoritmos de Elon Musk valen 500.000 millones y no pagan nada. Algún día, alguien tendrá que explicarles a nuestros hijos por qué sus escuelas no tienen calefacción mientras un hombre dispara naves al espacio con dinero que nunca tributó.
Ese día, quizá recordemos que la prosperidad común no es una Utopía Comunista: es la condición mínima para que cualquier sociedad sobreviva a sus propios multimillonarios.

Bajo el título «LA UNIVERSIDAD Y LAS ENTIDADES DE LA ECONOMIA SOCIAL» (Cooperativas, Mutuales, Cooperadoras Escolares y Clubes), el Taller tuvo como destinatarios a trabajadores de la Economía Social, en sus diversas manifestaciones.
El comienzo de las exposiciones estuvo a cargo del Dr. Gustavo Alberto Sosa, quién es Director del Centro de Estudios de la Economía Social de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE TRES DE FEBRERO.
Luego el Dr. Andrés Selliez, Presidente de la FESMAP explicó la importancia que tiene este tipo de organizaciones de ayuda mutua en la Provincia de Santa Fe, además de destacar que la ciudad de Rosario es la Capital Nacional del Mutualismo.
El Doctor en Ciencias Económicas, Jorge Bragulat analizó el origen y la función de las Cooperadoras Escolares y el nexo que éstas deben tener con las instituciones escolares destacando que deben ser un ejemplo de colaboración, responsabilidad y compromiso desde las bases de la comunidad.
Por último el Arquitecto Pablo Abbatangelo comenzó su disertación sobre los Clubes y la importancia del Patrimonio Social y Cultural que esta experiencia a lo largo y ancho de la República Argentina tienen, comenzando por la historia de su barrio y club, La Boca en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
COMPARTIMOS CON NUESTROS LECTORES LOS REPORTAJES REALIZADOS EN DICHA JORNADA A LOS SIGUIENTES EXPOSITORES: ANDRES SELLIEZ, GUSTAVO ALBERTO SOSA Y PABLO ABBATANGELO.
EN PRIMER LUGAR PUBLICAMOS EL REALIZADO CON EL DR. ANDRÉS SELLIEZ (PARTE DE SU CONTENIDO PODÉS LEER A CONTINUACIÓN)
«Nosotros somos una Federación de Mutuales de Ayuda Económica con jurisdicción en toda la Provincia de Santa Fe. Es una Federación que está conformada por 42 Mutuales del norte, del centro y del sur de la Provincia de Santa Fe.
Tenemos una Junta Ejecutiva formada por Mutuales de la ciudad de Rosario, de Rafaela, de Calchaquí, de La Creolla, de Roldán y de Oliveros.
Es una Federación que, como te decía anteriormente, tiene 51 años de historia y hoy nos encontramos acá en la sede social del Centro Social y Mutual del Personal de Yockey Club de Rosario, entidad que este año cumplió 100 años y que es entidad fundadora de la Federación Santafesina de Mutuales de Ahorro y Préstamo, que tengo el honor de presidir, y de la otra Federación que está ubicada en la ciudad de Rosario».
«Cuando me convocó la Mutual AMFA para esta Jornada de Capacitación que estamos viviendo el día de hoy, casualmente era lo que vos decías anteriormente, pero enfocada en el servicio de ayuda económica, es decir, en el ahorro y en el préstamo».
«Y hoy el objetivo de la exposición que tuve el honor de llevar adelante, estuvo enfocada en lo que vos decías, en la integración con distintos actores de la sociedad, pero sobre todo lo que queríamos bajar como mensaje que nos inspire, que nos ayude a a fortalecernos y a crecer y a reflexionar también no es solamente la importancia del servicio de ayuda económica, la diferenciación con los bancos, la presencia que tenemos en lugares donde el Estado o los Bancos no pueden llegar, sino también hoy quería incorporar conceptos nuevos, desafío que hoy tiene la dirigencia en crear cosas nuevas, en hacer cosas distintas e incorporar jóvenes dirigentes, pero más enfocado en el servicio de ayuda económica, quería destacar la importancia de la educación financiera y el sentido de pertenencia que tenemos los socios hacia nuestras instituciones para generar confianza y solidez institucional.».




Extendemos la invitación a los legisladores,provinciales y locales. Tambien a Abogados. y organizaciones No Gubernamentales y de Movimientos Sociales, politicos y a toda la sociedad.
AUSPICIA:
CENTRO DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES EN DERECHOS HUMANOS U.N.R.
«JUAN CARLOS GARDELLA»

ESCRIBE ALEJANDRO MARCÓ DEL PONT
América Latina se debate en una paradoja estructural que define su tragedia contemporánea: la coexistencia de dos dispositivos sociales profundamente incompatibles, pero funcionalmente entrelazados. Por un lado, unas élites que han resignado cualquier pretensión de constituir una burguesía moderna, orientada a la inversión productiva de largo plazo y al fortalecimiento del Estado-Nación como proyecto colectivo.
En su lugar, se han consolidado como una aristocracia rentista, una clase parasitaria que prioriza la preservación de privilegios feudales a expensas del bien común, perfeccionando el arte de capturar los recursos del Estado para beneficio de una minoría cada vez más reducida y más rica. Frente a esta Oligarquía Extractiva, se erige su creación más perversa y efectiva: la Clase Baja Reaccionaria, el «POBRE DE DERECHA».
Este fenómeno sociológico representa la culminación de una ingeniería social deliberada: los excluidos del sistema, intoxicados por un resentimiento comprensible pero canalizado en direcciones catastróficas, encuentran en el discurso de la derecha más recalcitrante un «PODER SIMBÓLICO» que les ofrece una dosis de dignidad moral y una compensación psicológica basada en la denigración de «los otros» la izquierda, las minorías, los vagos, todos aquellos que pueden ser señalados como inferiores en una jerarquía imaginaria de merecimiento.
El objetivo fundamental de las élites sudamericanas no es la construcción nacional, sino la preservación y ampliación del patrimonio familiar y grupal en un entorno de alta volatilidad política y económica. La lógica de poder de estas aristocracias es inherentemente extractiva y defensiva, centrada en la captura sistemática de recursos estatales y la neutralización metódica de cualquier amenaza redistributiva. No aspiran a fortalecer el Estado-Nación como un actor global con soberanía real, sino a utilizarlo como un instrumento maleable para sus intereses privados, un patrón que las hermana con las élites globales analizadas en el artículo “La captura estatal en la batalla fiscal de los multimillonarios”.
Dentro de este panorama general, es posible identificar al menos tres proyectos o trayectorias divergentes que delinean el mapa del poder en la región. La élite globalizada o «desacoplada» constituida por grandes conglomerados familiares que han logrado diversificar sus activos a nivel global, cuyo objetivo primordial es insertarse de manera subordinada en las cadenas de valor mundial como exportadores especializados de commodities de alta calidad, desvinculando su destino del devenir de sus países de origen.
La élite Nacional-Rentista o «del atraso» abarca sectores industriales protegidos, constructoras que subsisten de la obra pública, grupos mediáticos con una influencia política desmesurada y segmentos del sector financiero; su riqueza depende directamente de una relación simbiótica y parasitaria con el Estado, es profundamente antipopular y su discurso público suele adoptar un tono moralista y autoritario para enmascarar su voracidad extractiva.
Finalmente, la élite criminal transnacional —carteles de la droga, minería y tala ilegal, redes de contrabando— representa la forma más pura y violenta de acumulación de capital, un poder que se está fusionando peligrosamente con partes de las élites tradicionales a través del blanqueo de capitales y la cooptación de políticos, desafiando el monopolio estatal de la violencia y constituyendo una amenaza existencial para cualquier proyecto de desarrollo soberano.
El proyecto hegemónico que parece imponerse en la región es una alianza pragmática y a menudo incómoda entre la Elite Globalizada y sectores de la Elite Nacional-Rentista, articulada bajo un discurso de «modernización conservadora» que promete eficiencia mientras consolida privilegios. Sin embargo, para comprender las trayectorias divergentes de los dos gigantes sudamericanos, es esencial diseccionar las diferencias fundamentales entre las élites brasileña y argentina. Aunque ambas comparten un origen colonial y lógicas rentistas profundamente arraigadas, han evolucionado de forma distinta, forjando destinos nacionales igualmente disímiles.
La élite brasileña cimentó su riqueza en el latifundio esclavista —durante los ciclos del azúcar y el café— y luego en la extracción minera a gran escala. Esta historia generó una estructura profundamente patrimonialista, donde la línea que separa la fortuna familiar del interés estatal siempre fue difusa, porosa y corruptora. Históricamente, utilizó el Estado no para aniquilar al capital nacional, sino para crearlo y protegerlo, dando forma a un modelo de «Capitalismo de Estado» y sustitución de importaciones que creó conglomerados privados-nacionales gigantescos —Vale, Odebrecht, Friboi/JBS, Embraer— que funcionan como campeones nacionales.
La fusión entre lo público y lo privado es tan profunda que resulta difícil discernir dónde termina uno y comienza el otro, con instrumentos como el BNDES financiando la internacionalización de estas empresas. Esta élite se siente cómoda con un estado grande y poderoso, siempre y cuando pueda influenciarlo y dirigirlo desde dentro. Su poder está distribuido entre élites regionales fuertes —paulista, mineira, gaúcha, nordestina— que negocian constantemente su participación en el poder central, creando un sistema de poder más «federalizado» y complejo. La élite brasileña, especialmente su sector industrial-financiero, alimenta una visión de Brasil como potencia global, lo que implica defender una política exterior con pretensiones de soberanía, un desarrollo militar autónomo y un liderazgo regional incuestionable. Aspira a ser un proveedor global de commodities, pero también un exportador de manufacturas y servicios complejos, desde la aviación hasta la tecnología del petróleo.
Esta ambición se refleja nítidamente en su relación con China, que ha evolucionado de un vínculo puramente comercial a una asociación estratégica de primer orden. Siendo China el principal socio comercial de Brasil desde 2009, en 2024 el 30% de las exportaciones brasileñas tuvieron como destino el país asiático, y de los 26 estados brasileños, 16 tienen a China como su principal socio comercial. Los BRICS actúan como el marco institucional que afianza esta cuña geopolítica que Brasilia introduce frente a la histórica hegemonía de Washington. El flujo de inversiones es abrumador: China invirtió US$379 millones en participaciones accionarias brasileñas en 2024, superando todos los totales anuales previos, con una presencia avasalladora en sectores clave como la energía —donde controla redes eléctricas vitales—, la minería —con la compra estratégica de activos en litio y níquel para la industria de baterías— y la infraestructura crítica —puertos, ferrocarriles—.
Empresas Chinas como BYD y Huawei expanden su dominio en tecnología y autos eléctricos, mientras el yuan domina el 40% del comercio bilateral en 2025, erosionando la hegemonía del dólar y facilitando transacciones directas sin la intermediación del sistema financiero estadounidense.
Este pragmatismo geoeconómico contrasta violentamente con la trayectoria de la élite argentina, cuya herencia se forjó en el modelo agro-exportador y la ganadería extensiva de la Pampa Húmeda. Al basarse en una mano de obra mayoritariamente asalariada o inmigrante, y no esclava, generó una élite más cosmopolita y europeizante que soñaba con ser el «Granero del Mundo», pero cuyo conflicto social fue primordialmente de clase y distribución del ingreso, creando una dinámica distinta y una élite con mayor capacidad de integración simbólica, pero también más temerosa y traumatizada por la movilización popular urbana, resumida en el peronismo.
La relación de la élite argentina con el Estado es esquizofrénica y permanentemente conflictiva. Por un lado, lo denigra como un obstáculo para sus ganancias — impuestos y regulaciones— y, por el otro, lo anhela como la principal fuente de renta —a través de subsidios, obra pública y protección arancelaria—. A diferencia de Brasil, carece de megacorporaciones industriales nacionales con vocación global, predominando en su lugar grupos económicos flexibles, holdings diversificados y el poderosísimo sector agroexportador trasnacionalizado. Esta élite está más ideologizada, esgrimiendo un discurso liberal antiestatal cuando está en la oposición, pero practicando un rentismo voraz cuando accede al poder.
El mecanismo de dominación más efectivo de estas élites no reside, sin embargo, en su poder económico bruto, sino en su capacidad para cooptar a los propios sectores populares que victimizan, creando una base reaccionaria que vota consistentemente contra sus propios intereses económicos materiales. El sociólogo brasileño Jessé Souza, en su libro “Los pobres de derecha; la venganza de los bastardos”, desentraña este fenómeno no como una simple «alienación» o ignorancia, sino como una respuesta psicológica comprensible a humillaciones sistemáticas.
En Brasil, el neopentecostalismo integra este dispositivo a la perfección: sus iglesias prometen prosperidad espiritual y material, alineándose con el bolsonarismo para crear una identidad donde los pobres se sienten «elegidos» en una guerra santa contra los «corruptos» de izquierda. En Argentina, Milei utiliza las redes sociales y los medios afines para canalizar la rabia popular contra «la casta», un enemigo abstracto del cual él y sus aliados forman parte estructural, desviando así la atención mientras implementa políticas que protegen y amplían los privilegios de las élites económicas. El resultado es un triunfo perverso de la ingeniería social: los pobres defienden con fervor políticas que profundizan su propia miseria material, creyendo en la fantasía de un ascenso individual que el sistema estructuralmente les niega.
Souza enfatiza que este fenómeno es, en esencia, la «venganza de los bastardos»: un resentimiento acumulado por la exclusión social y la falta de reconocimiento, que genera una adhesión visceral a la extrema derecha, la cual ofrece una «igualdad» puramente simbólica —la posibilidad de sentirse «duro» y superior frente a otros grupos aún más vulnerables— sin tocar para nada la distribución real de la riqueza. Esto explica sociológicamente fenómenos como el apoyo masivo de sectores evangélicos pobres a Bolsonaro en Brasil, o el voto popular antiperonista que llevó a Milei al poder en Argentina.
La clave de la dominación en el Siglo XXI Sudamericano está en esta disputa por el reconocimiento social dentro de la propia base de la pirámide. La élite, en alianza con una clase media temerosa, promueve incansablemente una narrativa que culpabiliza al pobre por su propia condición. Según este relato, el pobre es pobre porque es «flojo», «inmoral» o «inculto». El «pobre de derecha» internaliza esta narrativa venenosa y, al apoyar a políticos y discursos que atacan a los más pobres que él, está realizando un acto performativo de distinción: «Yo no soy como esos vagos; yo soy trabajador, soy decente, soy parte de la gente de bien«.
La gran hazaña, la obra maestra de las élites sudamericanas, fue crear un mecanismo de dominación casi perfecto, donde una parte significativa de las víctimas del sistema defiende con pasión a sus propios victimarios, porque ha internalizado la lógica moral que justifica la desigualdad como un orden natural.

Charlamos con Féliz García Colombi, Periodista de «Aire Libre», acerca de la victoria de un migrante en Nueva York y la situación de los inmigrantes en Argentina tras la llegada de #LaMilei al poder.
También analizamos el regreso de la Doctrina Monroe pero con herramientas del siglo XXI. Desentrañamos la ofensiva estratégica de EE.UU. para reafirmar su hegemonía en el Continente y el asedio multidimensional al que está siendo sometida América Latina.
ANALIZAMOS LAS PIEZAS CLAVE DE ESTE TABLERO GEOPOLÍTICO:
México en la mira: La guerra híbrida como instrumento de desestabilización. El pivote militar: El verdadero objetivo de las bases de EE.UU. en Ecuador y su impacto continental. La etiqueta del «Narcoterrorismo»: ¿El pretexto perfecto para una intervención directa?
La batalla por los recursos: El nuevo presidente de Bolivia, Leandro Paz, y la prometida revisión de los contratos de litio con China y Rusia. ¿Soberanía o Geopolítica?
Los aliados incondicionales: El alineamiento de Milei en Argentina y [Nombre del presidente peruano] en Perú con la agenda de Washington.
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